Las Fraternidades hoy: Una vida abierta al futuro

 

VALVERDE DEL FRESNO

Pilar de Valverde

 

         Nuestra fraternidad está situada en la Sierra de Gata, al norte de Cáceres (Extremadura), en un ambiente rural de monocultivo: la aceituna. Esta es su mayor fuente de ingresos, aparte del trabajo en la construcción y agrícola en otras zonas. La  aceituna manzanilla cacereña y el aceite denominado “Xalima” son muy apreciados.

Juana, Mari Conchi y yo somos los miembros actuales de la fraternidad de Valverde. Compartimos la vida en el pueblo durante seis meses y el resto del año salimos a realizar dos campañas de trabajo temporero. En primavera, la de los espárragos, en la misma provincia de Cáceres, lindando con Toledo, y, en verano, la campaña de la fruta, en la provincia de Lleida.

Cada año que pasa va creciendo el número de trabajadores inmigrantes en los trabajos temporeros, hasta el punto que éstos son ya la mayoría de nuestros compañeros; el personal local va decreciendo imparablemente.

En la campaña del espárrago, encontramos casi siempre a los mismos compañeros y a las mismas familias, casi todos de origen magrebí. Esto nos permite continuar y profundizar las relaciones empezadas. Algunos llevan viniendo varios años,  muchos viven establemente aquí con sus familias. Los niños van al colegio, iniciando su proceso de integración. Integración e identidad, dialéctica bien complicada de la que somos testigos, junto con la lucha por alcanzar la igualdad de derechos y deberes; un desafío de convivencia enriquecedora para todos, si sabemos aprovecharla.

En la campaña de la fruta nos encontramos también con compañeros inmigrantes, en su mayoría hombres jóvenes de América Latina. Vienen contratados desde su país de origen, con un contrato específico y cerrado de seis meses para el trabajo agrícola. Estos compañeros vuelven a su país al finalizar las campañas. Su estancia entre nosotros tiene una perspectiva distinta de la de las familias que se instalan de una forma más definitiva, quizás irreversible, entre nosotros.

Cada uno lleva su historia personal, además de la soledad que comporta vivir alejado de su mujer y de sus hijos durante un período tan largo.

Apostar por esta relación codo a codo, tejida de respeto, franqueza, tolerancia, acogida..., es un camino y un proceso para nosotras, al estilo de Jesús de Nazaret, que fue amigo de todos, contagiador de vida. En este camino descubrimos que estamos todos habitados por “el Amor” y que nuestra vocación de hijos muy amados no es otra que la de crear lazos de fraternidad y poder decir en verdad a nuestro Dios “Padre”.  

Países pobres, países ricos, reparto de las riquezas..., una gran cuestión, una gran injusticia. La tierra nos ha sido dada para todos, y cómo tratamos a nuestro planeta. ¿Seremos capaces de construir cauces de más igualdad y más humanidad?.

¡Cómo se me hace vivo el grito de Hta. Magdeleine “sed humanas antes de ser religiosas y cristianas”! Agradecidas y herederas de su pasión relacional sin fronteras, y de su tenacidad en “manos a la obra” a favor de un mundo de relaciones de igualdad, de amistad, de inclusión y, ojalá, nunca más de exclusión.

                                                                       

 

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