Afganistán

Afganistán, situado en el centro de Asia, fue atravesado por múltiples invasores en el curso de los siglos, y él mismo invadió varias veces a los países vecinos. Se sucedieron en este país religiones diversas: los griegos, los budistas, los cristianos y por último los musulmanes. Actualmente el 99% del país es musulmán, y está compuesto por distintas etnias.

Es importante recordar que en 1978 se instauró un régimen comunista y el Ejército Rojo invadió el país al año siguiente. Esto provocó una rebelión, acciones de guerrilla, combates muy violentos y, como consecuencia, casi tres millones de refugiados abandonaron el país y llegaron a los países vecinos. A la caída del comunismo, los resistentes se disputaron el poder y reinó  un gran desorden y mucha violencia durante cuatro años. El 60% de la ciudad de  Kabul fue destruido. Después llegó el régimen de los talibanes y, a partir del 11 de septiembre de 2001, la intervención americana. El país recupera ahora un poco de calma y de libertad, pero hasta hoy (2003) todo es aún muy frágil e incierto.

La Fraternidad se estableció en Kabul en 1955, después de un viaje de Hta. Magdeleine, nuestra fundadora, el año anterior. Teniendo en cuenta nuestra consagración especial al Islam, la atraía mucho el hecho de que el país fuera casi enteramente musulmán y bastante cerrado a las influencias exteriores. Había entonces un solo sacerdote en Afganistán, encargado de los cristianos extranjeros que habían venido a trabajar en diversos organismos y, por supuesto,  no había religiosas.

Las mujeres llevaban velos muy estrictos fuera de sus casas, y las pocas enfermeras afganas que había no podían trabajar en hospitales de hombres. Así es que necesitaban personal extranjero, por lo que  dos de nosotras fuimos contratadas como enfermeras. Hasta hoy continuamos en este trabajo. Desde el principio, fuimos recibidas con una gran hospitalidad, que no ha sido desmentida jamás durante todos los dramas que se han sucedido en estos tiempos. Como no habían estado en contacto con la “gente del libro” más que en las clases de religión, los compañeros de trabajo y las personas que encontrábamos no tenían prejuicios, sino más bien simpatía hacia los cristianos. En los años siguientes, el país se abrió mucho y el velo dejó de ser obligatorio para las mujeres. Sin embargo, las costumbres y tradiciones permanecían muy vivas. Por ejemplo, el ayuno del Ramadán era respetado por todos. Siempre nos impresionó la fe profunda que anima toda la vida, y el abandono en Dios, a pesar de todas las dificultades, fue muchas veces una lección para nosotras.

El hecho de compartir la vida y las dificultades de todos creó lazos de amistad, reforzados por las pruebas y peligros que todo el mundo ha atravesado. Como la mayoría de nuestros amigos tuvimos que cambiar de casa varias veces, según las zonas en que los combates eran más fuertes. Huimos en varias ocasiones e incluso pasamos un año y medio en otra ciudad, DJELLALABAD, trabajando en un campo de refugiados. Después de nuestra partida precipitada a Djellalabad una parte de nuestras pertenencias fue robada. Nuestro propietario, que era un amigo, sospechando lo que había pasado, fue a la casa y se llevó todo lo que encontró. Varios meses después, a nuestro regreso, nos lo devolvió todo, empezando por lo que había encontrado en la capilla y, en primer lugar, con un gran respeto, nos presentó la Biblia.

Cuando los combates entre “modjahedin” eran muy violentos en Kabul, nuestros compañeros de trabajo en el hospital nos enseñaron a pedirnos perdón mutuamente, cuando nos despedíamos después del trabajo, porque no se sabía nunca si nos volveríamos a encontrar al día siguiente. Empezamos entonces a hacer lo mismo entre nosotras al separarnos por la mañana para ir al trabajo, ya que trabajábamos en dos hospitales distintos.

Nos impresionó mucho ver cómo la gente se ayudaba en la desgracia. Así, en el hospital de los niños, una madre, que acompañaba a su hijita herida y  a quien habían matado a otros dos hijos esa misma mañana, consolaba a una mujer muy joven que estaba junto a ella, deshecha al lado de su bebé también herido.

En todas las familias ha habido muertos, desaparecidos, presos, inválidos. A menudo hemos sido testigos de la fuerza de la fe y de la confianza en Dios de nuestros amigos, que les han permitido sobrevivir.

Ahora el país ha recobrado la libertad y, más o menos, la calma, pero hay mucha inseguridad, sobre todo fuera de la capital. Además, hay que decir que aparecen nuevos problemas: el comercio y la liberalización se desenvuelven. Y aunque la vida resurge,  particularmente la alegría de los niños por ir de nuevo a la escuela, hay también motivos de inquietud: aparecen la sed de ganancia, las técnicas modernas y la televisión, y no siempre para lo mejor.  Además, todavía hay graves problemas no resueltos: la crisis de la vivienda, debida al regreso de refugiados, la falta de trabajo, el desorden, la desorganización general...  23 años de guerra es mucho tiempo. Pero, como dicen muchas veces nuestros amigos: “Dios es bueno”. ¡Y continuará protegiendo a los afganos! 

Chantal

Catarina, una hermanita japonesa, con una familia amiga.

 

¿Quiénes somos?   -   Contacte con nosotros   -   Mapa del sitio   -    Aviso legal 

Logotipo de la Familia Carlos de Foucauld