Francia

Cuando hace años llegamos a un barrio multirracial de Estrasburgo, sentimos que no iba a ser fácil que nos acogieran nuestros nuevos vecinos. Al lado de nuestro timbre habíamos escrito “Fraternidad”. Nos preguntaron: “¿Qué quiere decir esto?” Entonces explicamos lo que era “vivir en fraternidad” y también que queríamos vivirla con los vecinos del bloque.

Había un señor musulmán que no quería subir en el ascensor cuando nos veía. Poco a poco, empezó por contestar a nuestro saludo, después ya tomaba el ascensor aunque se volvía de espaldas. Como estaba enfermo, fuimos alguna vez a visitarle al hospital. Tuvieron un niño y fuimos también a verles. Son estos pequeños pasos los que han permitido que hoy tengamos una buena relación, hasta el punto que una hermanita va a pasar largos ratos con él, que ahora no puede moverse de la cama y se queda a menudo sólo en su casa. Hablan mucho, a veces  profundamente.

 Al querer compartir el destino de nuestros vecinos musulmanes, nuestra  mirada es importante: la atención a la vida que se manifiesta en los acontecimientos (nacimientos, bodas, muertes), a esta vida que se expresa de manera tan distinta a través de las diferentes culturas.

Hemos aprovechado las pequeñas oportunidades para encontrar a las personas, saliendo en el momento en que las madres van a llevar a los niños al colegio, o a la hora en que pasa el cartero. Hemos dedicado mucho tiempo al encuentro en la calle. Todos estos medios sencillos nos han permitido vivir este “domesticar”, del que habla el hermano Carlos. Sentimos que nuestra manera de estar tiene que ser muy delicada. No podemos imponernos. Muchas relaciones verdaderas nacen en la vida sencilla y ordinaria.

 Estamos aquí también para la intercesión y la adoración. Los musulmanes hablan a menudo de su fe, y en el momento de la guerra en Irak tuvimos la ocasión de decirnos que rezábamos los unos por los otros. El señor de quien he hablado al principio se sentía incómodo cuando nos encontraba, después de que mataron a los monjes de Tibherine; posteriormente pudo decir una palabra: “Mira, esto no es el Islam, sentimos vergüenza y sufrimos, y en la mezquita hemos rezado por vosotros”. Entonces yo le dije: “Nosotros también hemos rezado por vosotros, y también por los que han cometido este acto”.

Las autoridades de la ciudad han pedido a algunos cristianos, musulmanes y judíos que se encuentren para buscar juntos de donde viene la violencia y qué es lo que nuestras comunidades pueden intentar hacer para convivir mejor. Como continuación de ese encuentro, en nuestro barrio, los trabajadores del centro sociocultural, los miembros de las asociaciones, los pastores y el párroco se reunieron para ver cómo actuar. Ahora se encuentran todos los meses y han invitado a otros habitantes del barrio a entrar en el grupo. Cada uno lleva algo de su país, porque nuestros vecinos saben vivir los valores de la convivencia y del compartir. 

Thérèse Béatrice

 

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