Irak

Las hermanitas de Irak han sufrido y sufren la guerra como todo su pueblo, formado de cristianos y de  musulmanes, y con todo su pueblo resisten lo mejor que pueden y luchan por la vida. Las últimas notas escritas que tenemos de ellas son ya antiguas (mayo 2003). Sin embargo, nos ha parecido que podían ser de gran interés en este número del Boletín. Nos escriben Martine, francesa, que está en Irak desde hace muchísimos años, y algunas hermanitas jóvenes iraquíes.

 

“Quiero compartir un poco sobre la guerra, sobre todo lo que hemos vivido y sentido nosotras, ya que lo demás lo habéis podido seguir por los medios de comunicación.

La guerra psicológica que hubo antes nos cansó y nos puso tensas. No podíamos hacer ningún proyecto y si los hacíamos, el rumor de que la guerra iba a estallar podía ser tan fuerte que se paraba todo... Y después no pasaba nada. Esto duró casi seis meses. En el ámbito material, tuvimos tiempo de prepararnos: petróleo en previsión de la falta de gas y de luz, pilas para la radio, alimentos, medicamentos, etc.

Cuando la guerra empezó, nada fue como lo habíamos previsto, no sucedió nada de lo que habíamos hablado entre vecinos y que habíamos temido, sobre todo la utilización de armas químicas o nucleares, o la posible guerra civil entre cristianos y musulmanes.

La mayor parte de la gente se fue de Bagdad, si podía. Los musulmanes se dirigían al  Sur o hacia la frontera de Irán, y los cristianos al Norte, a Mosul o a los pueblos caldeos de sus alrededores. Los refugiados fueron recibidos de manera extraordinaria. Todos compartían lo que tenían. En Mosul  y en cada pueblo había un comité para los refugiados que trabajaba con Caritas y con el Consejo Ecuménico de las Iglesias de Oriente Medio. Algunas familias se habían ido llevándose provisiones, otras se fueron sin nada. Fue un ejemplo muy hermoso de caridad y solidaridad cristianas.

¿Cómo hemos vivido esta guerra desde dentro? He ahí algunos puntos expresados por varias hermanitas:

-          Descubrimiento de que la violencia que engendra la guerra la llevamos también dentro. La actitud de explotación recíproca entre las personas engendra la violencia. Esto hace que de alguna manera participemos todos en la guerra.

-          La guerra ha sido la ocasión de vivir plenamente, el día a día, en un abandono total a Dios, sin saber lo que sería el día siguiente.

-          Ha sido también la ocasión de tomar conciencia y gustar de todas las gracias que Dios nos da, de descubrir de nuevo toda la densidad y la fuerza de la oración y de la Eucaristía.

-          Nos han admirado y conmovido mucho las manifestaciones que ha habido en el mundo entero contra la guerra. Ha sido un signo reconfortante de que, poco a poco, progresamos en humanidad y de que hay una conciencia general de que las guerras no resuelven los problemas.

-          Conciencia de que, con pretextos muy humanos y hermosos, un gobierno puede permitirse cosas que no son ni hermosas ni humanas. Hemos descubierto que esto nos acecha también en la vida espiritual.

-          Toma de conciencia dolorosa, delante de escenas de pillaje y de robo transmitidas al mundo entero por la televisión, de que esto es nuestro pueblo, y que nuestro pueblo también somos nosotras.

Ahora, acabada la fase aguda de guerra, la vida debe continuar aunque no sea fácil.

En Bagdad, cuatro hermanitas trabajan en hospitales del gobierno, todas como auxiliares, ya que  ninguna es enfermera. Lo que nos ha llevado a escoger este tipo de trabajo es la convicción de que, en el estado actual del país, los enfermos forman parte de la gente más necesitada y abandonada. Pese a trabajar en distintos hospitales, las cuatro han encontrado las mismas dificultades para adaptarse al sistema de las propinas. Como los salarios son muy bajos, nada se hace gratuitamente y no es fácil encontrar su lugar en medio de las compañeras de trabajo: amar y servir gratuitamente y, al mismo tiempo, saber aceptar de vez en cuando una propina para no parecer querer dar lecciones a las otras. Por causa de esto, muchas veces enfermos o compañeros les hacen preguntas. El trabajo en el hospital nos da también la oportunidad de ayudar a vecinos y amigos porque, dado el estado de los hospitales, es muy útil conocer a alguien en ellos.

Otra hermanita trabaja en una fábrica de confección, de ambiente mayoritariamente cristiano (las jóvenes cristianas pueden ir a trabajar, mientras que las musulmanas no pueden salir fácilmente), con las dificultades propias del trabajo en una fábrica: trayectos y horarios largos, rendimiento. Es un ambiente humanamente muy pobre, algunas de las compañeras son analfabetas; hay gran variedad de ritos cristianos, y nos ha sido difícil buscar con ellas algo que alimente su fe.

En Mossoul trabajamos en dos talleres, una con los minusválidos de Fe y Luz, y otra con chicas de nuestro barrio. Este es nuevo, nació de la idea de un sacerdote caldeo, y de nuestra preocupación por encontrar trabajo para las jóvenes del barrio cuyas familias son en general muy pobres. Hacemos platos cocinados que ponemos en el congelador y vendemos. La suma necesaria para empezar vino de una ayuda de fuera y una mujer del barrio dirige el trabajo. En él trabaja una hermanita y cuatro chicas más.

 Rezad con nosotras por el futuro de nuestro país, porque es más fácil destruirlo que construirlo.

Martine

 

“Ha sido un período fuerte durante el cual hemos vivido cosas muy lindas entre nosotros. Hemos tocado realmente la presencia de Dios a través de nuestros vecinos musulmanes, con quienes la relación ha sido muy fraterna.

Era muy bonito ver a los jóvenes, musulmanes y cristianos, ponerse de acuerdo para guardar conjuntamente el barrio día y noche (debido a los robos, el pillaje y la violencia). Todos se preguntaban qué estaba pasando. Las noticias eran muy contradictorias. Mientras los americanos llegaban cerca de nuestro barrio de Dora, en la carretera del aeropuerto, la radio lo negaba. Todo esto no hacía más que aumentar la angustia y el miedo. Personalmente tuve mucho miedo cuando los americanos dispararon sobre uno de nuestros amigos que llevaba a una mujer enferma al hospital y le mataron, porque el chófer de su coche no vio la señal de los soldados. Ese día me pregunté por qué había venido América... por sus intereses y no por nuestra “liberación”, porque en presencia de los soldados y bajo sus ojos tuvieron lugar escenas de pillaje, de destrucción, de incendio... incluso los hospitales fueron desvalijados. Hasta el presente (mayo 2003) reinan aún en Bagdad el caos y la angustia, y no hay gobierno iraquí  para conducir el país.”

Raïda

 

“Hacía un año que oíamos hablar de una guerra inminente. Esto provocó muchas perturbaciones en la economía y en el trabajo. Todo el mundo prefería que llegara la guerra, para acabar de una vez, pues estábamos agotados, sobre todo por tantos años (doce) de bloqueo,  que han causado mucho paro, emigración, aumento del coste de vida, degradación de las costumbres, etc.

Cuando llegó la hora, durante la “pre-guerra”, el “Consejo Ecuménico de las Iglesias de Oriente Medio” tuvo la iniciativa de prever lo esencial: comida, agua, apertura de pozos en parroquias y conventos; también distribuyó algunas máscaras para el caso de utilización de armas químicas o biológicas. La Iglesia, además, ayudó a vivir concretamente la evidencia de la guerra y a preparar psicológicamente a la gente. Durante las tres semanas de bombardeos  la vida continuó. Estudiábamos la Palabra de Dios, aprendíamos cánticos, nos juntábamos para rezar en las casas, etc.

Después de haber cesado el fuego, en Bagdad no hay todavía seguridad. Todo el mundo continúa armado y los pillajes de casas, los robos de coches, los ajustes de cuentas continúan por la noche, a pesar de que los soldados americanos están presentes por todas partes. Continuamos esperando que haya un Gobierno iraquí que se haga cargo de la situación, pero hasta el presente no hay ninguna Dirección del país.

A pesar de esta situación desesperante, hemos podido ver entre la gente del barrio  sentimientos fraternos, actitudes muy humanas para socorrer a los heridos, enterrar (momentáneamente) a los muertos o transportarlos a las mezquitas. Nuestros vecinos musulmanes pusieron todo el empeño en protegernos, contrariamente a lo que se había rumoreado. Los jóvenes, cristianos y musulmanes, velaban noche y día sobre el barrio.

Ha habido mucha colaboración entre las mezquitas y las iglesias para que llegara a los más necesitados la poca ayuda que había. Hubo una labor de concienciación muy fuerte, hecha también a través de las mezquitas y de las iglesias, que declararon “prohibido” todo robo o compra de lo robado, y lanzaron una llamada para que se llevara a las mezquitas lo que había sido robado.  Algunos devolvieron cosas. Delante de estos hechos, uno se da cuenta de que el “buen grano” está presente en el corazón de nuestro pueblo, y de que este grano crece a pesar de que el pueblo ha quedado muy maltrecho por el bloqueo, el cierre del país y la presión del régimen que ha caído.”

Afnan

 

“La guerra en mi país ha reavivado en mí un sentimiento patriótico, porque antes nos sentíamos la “propiedad” de Saddam Hussein. No hemos entendido nunca por qué el país ha sufrido tantas guerras.  Esta vez somos víctimas por los dos lados, el de Saddam y el de América, como si fuéramos un juego entre sus manos... Hemos sentido que Saddam ha dado, por el hecho de no dimitir, un pretexto a América para penetrar en el país y hacer esta guerra, con todo su cortejo de desgracias, muertes, pillajes, robos, incendios... Estamos todos esperando esta paz “prometida” y esta seguridad que no nunca llega. Faltan las cosas más esenciales: el agua, la electricidad, los medicamentos... La gente no tiene trabajo y no tiene con qué vivir. Lo que hace más daño es ver con qué ardor todos se precipitan para llevarse las riquezas del país, y hemos constatado esto en lo concreto cuando han destruido los ministerios, los hospitales... toda la infraestructura del país, los museos, pero no han dejado tocar el ministerio del petróleo.”

Merved

 

Lo que me ha ayudado personalmente, también durante los bombardeos, ha sido hacer una relectura de los acontecimientos que se producían durante la Cuaresma... Elegimos como tema “el desarme” de nosotras mismas. Durante las revisiones de vida, compartimos sobre este tema y buscamos como desarmamos unas delante de otras.  Ha sido una gran ayuda que me ha permitido tocar con el dedo la presencia de Dios.

La vida de cada día procurábamos iluminarla con algunos pasajes bíblicos como éste:

El Señor es bueno para quien le espera,

Para quien le busca;

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor... (Lamentaciones de Jeremías 3, 25-26)

Esta frase era para nosotras una gran ayuda y ha sido el tema de nuestra meditación, en medio de estos acontecimientos que nos ponían tensas.”

Soad

Labiba y sus compañeras de trabajo

 

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