Camerún

Desgraciadamente, nuestro país se hunde en la miseria. Muchos de sus habitantes y numerosos refugiados (del Congo democrático, de Sierra Leona, de Liberia, de Costa de Marfil, del Sudán...) tienen muy pocos recursos. Los jóvenes se arrastran por las calles desocupados y sin motivaciones para el futuro. La escuela secundaria es muy cara, un gran número de sectas atraen a los jóvenes. Muchos entran en ellas pero, si quieren retirarse, les destrozan mentalmente. Mucha gente está desorientada, y tiene también problemas con cuestiones como los malos espíritus, la hechicería, los maleficios, etc...

Muchas veces nos es difícil situarnos bien. Mucha gente llama a nuestra puerta, intentamos acogerlos y escucharlos; tenemos que aceptar nuestra impotencia, aceptar que no lo comprendemos todo, y procurar que no se sientan juzgados. Pienso en Tony y Joséphine con su pequeña Yohanna. Venían del Sudán y habían vivido mucho tiempo en un campo de refugiados en el Chad, habiendo llegado después al Camerún ayudados por unas religiosas. El Comité para los Refugiados se hizo cargo de ellos y se marcharon a Noruega, como en un sueño... Después fue Janet y su bebé; a su llegada el marido trabajaba como leñador pero murió de muerte súbita... Prince venía, como ellos, de Liberia. Vino a pedir ayuda, y le propusimos que nos ayudara a desbrozar nuestro terreno, así podía pagar el medicamento para aliviar su asma. Por desgracia, una noche tuvo una crisis que no aguantó... sus compatriotas vinieron a avisarnos.

Hay gente del barrio que viene también a confiarnos sus problemas y sus preocupaciones. Con algunos de ellos, rezamos en nuestra capilla. Esta oración nos ayuda a permanecer en la esperanza a pesar de la “noche” que nos rodea, con la certeza de que Jesús está con nosotros.

Quisiera compartir con vosotros la ceremonia que tuvimos el Viernes Santo: Esani, el duelo de los Beti de la región de Yaoundé. Su lengua es el ewondo pero en la parroquia se utiliza mucho el francés.

A las tres de la tarde nos concentramos en el campo de deportes que hay cerca de la iglesia, bajo un sol ardiente. A lo largo de la valla habían puesto algunos bancos así como una mesa y cinco sillas para los cinco sacerdotes. De repente, suena el tambor y por el camino llega un gran grupo de gente. Llegan a la casa del duelo repitiendo: “¿qué es lo que le ha matado?” Es fascinante y la emoción embarga a todo el mundo. Dos mujeres, la novia de las bodas de Caná acompañada de una vecina, avanzan hacia la mesa y dicen dirigiéndose al párroco:

“Padre Rino, fue él quien nos dio vino para la boda... estaba allí con su madre y sus discípulos, fueron testigos de nuestra alianza, simbolizada por el vino que corría a mares. Fue María, su madre, quien le pidió que interviniera. Él dijo: “Mujer, mi hora no ha llegado...” María tuvo confianza, mucha confianza, y dijo a los servidores: “Haced lo que él os diga”. Nunca olvidaré aquél día, Padre, su nombre es Jesús. ¿Qué es lo que lo ha matado?”

Los tambores vuelven a sonar mientras avanza un grupo, son los que se beneficiaron de la multiplicación de los panes: “Jesús había atravesado el lago, mucha gente le seguía, porque veía tantas maravillas. Jesús se sentó, miró y vio que mucha gente había venido hasta él, y le dijo a Felipe que buscara pan para darles de comer.” El diálogo y la búsqueda continúan: 2 peces y cinco panes. “Jesús ordenó que se sentaran, todos tenían los ojos puestos en él. Los bendijo, dio gracias a Dios y apareció la abundancia: ¡qué profeta tan grande! Padre Rino, ¿por qué lo mataron? Él cuidaba de nosotros.” Se alejan estos y aparece un grupo de niños llorando: “Nosotros jugábamos, jugábamos sin cesar... pero hoy tenemos la cara llena de lágrimas. Padre Rino, ¿qué ha pasado? Él decía: “Dejad que los niños vengan a mi, mi casa es para ellos”. ¿Es verdad que ya no está con nosotros? ¿Qué le han hecho?” Se abrazan llorando de todo corazón, llenos de pena: “¡Jesús, nuestro amigo, ha desaparecido!”

Después es la viuda de Naim: “ ¡Ay! El que devolvió la vida a mi hijo, cuando mi marido ya había muerto ... oigo que anuncian su muerte. ¿Cómo? ¿qué es esto? Ahora María también llora a su hijo. Decidme donde está su cadáver. No puedo aceptarlo. Padre, sois vosotros, los sacerdotes, que le habéis matado. ¡Ay! Anzamba (Dios mío).”

De nuevo los tambores anuncian el duelo, las lamentaciones vuelven a empezar y poco a poco se hacen muy suaves, los corazones se pacifican y todos esperan una palabra del sacerdote que dice: “Vamos a la iglesia para escuchar la Palabra de Dios que va a ser proclamada.” El animador pide que suban sin empujarse, pero se produce una avalancha por las escaleras y el camino para encontrar un sitio en la iglesia. Es difícil tener cuidado con las personas mayores y con los niños, siempre muy numerosos.

Ghislaine Rose

 

Una religiosa abrió, en la cárcel de New-Bell, en Duala, un taller de costura para las mujeres. Buscaba alguien para  trabajar con las detenidas, y solicitó nuestra ayuda para empezar el taller. Yo deseaba muchísimo poder compartir algo con los más necesitados, pero no sabía cómo hacerlo. Cuando nos propusieron este servicio lo acepté pero me daba miedo. Entonces leí estas palabras de hta. Magdeleine: “ Deberás estar dispuesta a escoger estos ambientes.” Tenía ahora la ocasión de estar cerca de ellos, ¿por qué entonces tener miedo de los que sufren materialmente y espiritualmente?

¿En qué consiste el trabajo? Lo más importante es poder estar con las presas. Antes de enseñar  costura u otra cosa, empezábamos por la oración. Todas cantan de todo corazón para alabar a Dios y pedirle perdón. Al oír estos cantos, una no puede creer que estas mujeres hayan hecho el mal antes de llegar aquí. Compartir así la oración me dio mucha alegría, me embargaba el sentimiento de que Dios estaba con nosotras. Una de ellas me dijo: “Si buscáramos a Dios fuera de la misma  manera que lo buscamos aquí en la cárcel,  ¡no habría pecadores!” Cuando se acaba el trabajo volvemos a tener un tiempo de oración, más o menos largo, según la prisa que tenga la funcionaria en hacer entrar a las detenidas en las celdas. No paran de agradecer a Dios y piden la gracia de llegar al día siguiente con salud.

Tanto en la cárcel como fuera, hay clases: los pobres, los ricos, los enfermos. Hay algunos que no tienen a nadie o cuya familia está lejos. Los ricos buscan una mujer que les prepare la comida, esto ayuda también a esa mujer a vivir. 

Hubo una tómbola: todos los que tenían cosas para vender se pusieron en el patio de la cárcel. Me sentí como una verdadera prisionera todo el día en medio de ellos para vender las cositas que habíamos hecho.

Ahora hemos tenido que cerrar la fraternidad de Douala, y el taller también, porque no han encontrado a nadie para sustituirme.  Esperamos que esa religiosa encuentre a alguien sin tardanza, porque con las detenidas habíamos formado una comunidad muy hermosa. Para ellas era un respiro, una salida preciosa ya que  su módulo es muy pequeño y sin luz, y allí están recluidas 65 mujeres. Cuando me marché decían: ”¿Por qué te vas? Nos vuelves a dejar encerradas, no podremos salir en todo el día. ¡Vamos a encontrarnos de nuevo con el jaleo de las palabrotas!”

Para manifestar su reconocimiento, me regalaron dos tambores. Me emocioné mucho, ¡ellas que no salen nunca y no tienen nada! Todas dijeron que la primera que salga hará todo lo que pueda por encontrarme y expresarme su alegría por haber salido.

Ha sido algo inolvidable para mí y una buena experiencia. Estuve poco tiempo,  pero lo viví con paz y compartiendo sobre todo la oración con las detenidas: “Hacia ti, Señor, levanto mi alma, los que esperan en Ti no quedarán decepcionados.”

He visto claramente que no era cosa mía. ¡Es la Fraternidad, gracias a ella y gracias a Dios!

Regina-Thérèse

 

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