República Democrática del Congo

La Fraternidad está en la República Democrática del Congo (ex - Zaire) desde hace más de 50 años. En este momento somos 7 hermanitas en dos fraternidades: Mabasele, que está en un pueblo cercano a los campamentos de los pigmeos y Goma, que se encuentra en el este, en la frontera con Ruanda. Se ha hablado mucho de esta ciudad en los últimos años, con la llegada de los refugiados cuando la guerra de Ruanda en 1994, con la rebelión de esta parte Este del país contra el gobierno central en 1998, y con la erupción volcánica de enero de 2002, que se tragó un tercio de la ciudad. Estos distintos acontecimientos continúan marcando nuestra zona. Antiguos militares ruandeses que se quedaron en el Congo se alían con milicias armadas congoleñas para sembrar la inseguridad y extorsionar a la población rural: es su manera de vivir. Hay negociaciones en curso para convencerles de que vuelvan a su país, y todos deseamos muchísimo que se llegue a un acuerdo. La rebelión apoyada por los responsables de Ruanda ha reavivado la desconfianza y el odio hacia los originarios de ese país, incluso los que viven en el Congo desde hace varias generaciones. Y algunos políticos atizan esta desconfianza para retrasar la reunificación del país que se debe concretar con las elecciones.  

La erupción del volcán ha dejado huellas en el paisaje de la ciudad de Goma: los vestigios de la antigua catedral, una de las carreteras principales donde los coches circulan sobre lava, las nuevas construcciones que se levantan sobre esas piedras negras: casas de cemento, de madera o hechas con lonas (abrigos provisionales que pueden durar). El volcán ha hecho brotar escuelas en el extremo sur de la ciudad, barrio en el que antes no había ninguna escuela secundaria... Goma ciudad mártir, Goma ciudad que bulle de vida también.

La fraternidad empezó en Goma en el 85, y yo estoy aquí casi desde el principio. Trabajo en un centro para personas minusválidas físicas y mentales. El primer objetivo es la reinserción social de esas personas y la escolarización y formación profesional de los niños minusválidos. Los cuidados médicos se dan desde esta óptica. Soy la única religiosa en el centro. La entrega y la honradez del personal permiten que funcione, y esto causa mi admiración porque hace varios años que el país vive en un desorden y una pobreza tales que es difícil no caer en el “aprovecharse a la congoleña”. Varias instituciones están en un estado lamentable si no es que han desaparecido del todo.

El centro es para mi una escuela de la fe en la Vida, soy testigo de la acción de Dios a través de los más pequeños y los más débiles de esta sociedad donde se debe luchar cada día por vivir, y donde la fuerza hace la ley.

NEEMA es una chica de 16 años que nació con el VIH pero que ignora su estado. La trajeron al Centro en enero en un estado lastimoso, para morir; no hablaba, era hemipléjica. Su madre es viuda, estaba desalentada, no sonreía nunca. Suponía que tenía también el virus pero se negaba a hacer la prueba. Neema luchaba por vivir, se hacía comprender escribiendo algunas palabras o por gestos. Pidió el bautismo, y fue un momento muy emocionante para nosotras verla contestar al sacerdote con la cabeza. Todos la rodeaban con muchas atenciones en el servicio y con los cuidados pudo andar con un bastón y volver a hablar. Hacía reír a todo el mundo con sus bromas y así su madre empezó a sonreír también. Esta se presentó en el Centro para la prueba voluntaria del VIH y volvió para comunicarme el resultado (positivo) diciendo que está en paz y que va a vivir día a día como su hija en las manos de Dios...

TUMAINI (Esperanza) tiene 9 años. La encontré un día en un centro nutricional para niños desnutridos.  Estaba totalmente acurrucada y solo se veían sus grandes ojos. Un enfermero me la presentó diciendo: “Tal vez en el Centro podríais hacer algo por ella, porque aquí ya no sabemos qué hacer, es la tercera vez que viene; además, nunca ha llegado a caminar.” Tumaini tenía una expresión dura, no sonreía, no lloraba incluso cuando le estiraban las piernas en la escayola (operación que duele mucho). Poco a poco se dejó domesticar en la sala donde estaba, y empezó también a bromear. Quería aprender a hacer croché como las mayores y se fabricó un ganchillo con una rama de escoba. Tumaini volvió ayer a su casa, a pié, caminando con aparatos, satisfecha, diciéndonos “¡quiero ir a la escuela el año que viene!” ... Semilla de esperanza sobre nuestras piedras de lava...

A JUAN le hirieron en la guerra: le entró una bala en la columna vertebral y se quedó paralizado a los 25 años... Yo tenía miedo cuando había que decirle que se iba a quedar parapléjico. ¿Cómo reaccionaría? Pero él dijo que tiene que vivir, que tiene que encontrar “otras piernas”. Fue al despacho de sus responsables con un trabajador social para pedir un triciclo (silla de ruedas que se pedalea con las manos) y una casa para vivir. La primera vez ni siquiera quisieron abrirle la puerta, pero volvió al día siguiente y al otro... Después de esto le compraron el triciclo. Juan empieza una nueva vida...

Todas estas cosas son para mí signos de Vida y de Riqueza. Estas personas no tienen dinero; les falta incluso lo necesario para comer cada día, pero hay una fe en que la vida viene de Dios y que Él da la fuerza al pobre que grita hacia Él. Y este gusto por la vida es contagioso... tanto como la corrupción. Aquí, por la mañana, cuando la gente sale de casa, dice: “voy a la lucha” y por la noche “vuelvo al palacio... (a casa)”: lucha por la vida y alegría por lo que uno tiene. Pienso muchas veces en esta frase de San Ireneo: “la gloria de Dios es el hombre de pie...”

Angeline

 

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