Etiopía

Estamos contentas de compartir con vosotros algunas noticias de nuestro país, Etiopía, y de nuestras fraternidades.

Por desgracia, durante mucho tiempo Etiopía ha dado una triste imagen a través de los medios de comunicación: país pobre donde se suceden las hambrunas, consecuencia de las sequías que afectan a varias provincias, y que está siempre en guerra con sus vecinos. Más reconfortante es la victoria de nuestros atletas, ¡corredores que consiguen tantas medallas en las carreras de 5000 y 10.000 metros, en tantos países del mundo!

Etiopía es pobre en el plano económico pero es rica en otros muchos aspectos. Situada en el cuerno de África, su geografía es muy variada: las altas montañas del centro culminan a 4.623 metros. La depresión Dallol es la más cálida región del mundo, por debajo del nivel del mar. En el sur las selvas y los parques abrigan a numerosas especies animales, algunas veces inquietantes como los leones, que recientemente vinieron en pleno día a merodear alrededor de nuestra fraternidad de Wushwush y a abastecerse de ganado... El Nilo Azul se reúne en Khartoum con el Nilo Blanco, que viene de Ruanda, y juntos van a regar Egipto.

Nuestros lazos con Egipto fueron muy fuertes durante siglos y, especialmente, desde que en el siglo IV Etiopía  se hizo cristiana y recibió de San Atanasio, obispo de Alejandría, su primer obispo, Frumencio. Éste era de origen sirio. El monaquismo se desarrolló mucho a lo largo de los años, con la llegada de numerosos monjes originarios de Oriente Medio. Los lazos jurídicos con la Iglesia copta de Egipto duraron hasta el siglo xx, y la Iglesia Etíope se hizo ortodoxa al mismo tiempo que la Iglesia madre. La Iglesia ha vivido un profundo proceso de inculturación: textos litúrgicos en lengua ge’ez, música litúrgica compuesta por san Yared y acompañada por tambores y sistros, danzas sagradas ejecutadas por los cantores que tornan suntuosas las fiestas.  

El ge’ez, lengua litúrgica, es de raíz semítica, así como las lenguas actuales, el tigrigna y el amarigna. Estas tres lenguas tienen su escritura propia, caso único en África.

Enfrente de Etiopía se encuentra Arabia, de donde vinieron Mahoma y sus compañeros a refugiarse junto al rey cristiano en 615. A partir de entonces, los musulmanes penetraron en gran número en el país, representando ahora el 40% de la población. Sin embargo, la mayoría continúa siendo ortodoxa.

Los católicos somos una pequeña minoría, en torno al 0,5%. Una buena parte de ellos proceden de una escisión de la Iglesia ortodoxa, que se unió a Roma gracias al padre De Jacobis, misionero Lazarista que supo inculturarse hace más de 100 años.

Entre cristianos y musulmanes no hay por el momento conflictos graves, sino una cierta tolerancia y respeto recíproco. Durante estos últimos treinta años, la religión no ha sido un problema político.

Actualmente el país está en paz, o por lo menos no hay guerras. Se desarrolla mucho la educación con la continua apertura de nuevos colegios y universidades, para los que pueden pagar... la economía de mercado controlada por los países occidentales no llena mucho las cajas etíopes y los precios de las exportaciones (café, frutos, pescado, carne, cereales, pieles...) son fijados desde el extranjero. Los jóvenes aspiran a salir del país para trabajar y ayudar a sus familias. Hay siempre cola en las oficinas de emigración para obtener pasaporte y poder marcharse a los Estados Unidos o a los países árabes (sobre todo las mujeres).

Hace poco hubo elecciones que querían ser democráticas y, efectivamente, aparecieron partidos de oposición. Veremos el resultado final.

Addis-Abeba es la sede de la Unidad Africana. Esto le aporta muchas reuniones internacionales y la presencia de numerosos diplomáticos. Es también una fuente de  empleo para mucha gente de la ciudad, y una apertura hacia el mundo.

Como en muchos países de África, uno de los retos más fuertes es la expansión rápida del sida. Según las estadísticas del Ministerio de la Salud, habría un millón y medio de personas infectadas por el virus (sobre 70 millones de habitantes), 98.000 de los cuales son niños. Para combatir esta epidemia todas las iglesias, ortodoxas, católica, protestante, así como los musulmanes y otras organizaciones no gubernamentales, procuran concienciar a la gente por todos los medios y también ayudar a los enfermos y a sus familias.

Hta. Magdeleine vino en 1955 para preparar la fundación de una fraternidad en Etiopía, país africano de rito oriental, con una orientación ecuménica y una presencia en medio de los musulmanes.

Las hermanitas empezamos a vivir aquí en 1958. Debido a la dificultad que había para obtener el permiso de residencia fuera de un motivo social, la Fraternidad ha estado durante mucho tiempo ligada al servicio médico, en un dispensario destinado a los más necesitados. Ahí se tejieron verdaderas amistades a lo largo de los años. La llegada de vocaciones etíopes permitió ensanchar un poco nuestra inserción, aunque la fraternidad de Addis-Abeba está orientada a la formación de las jóvenes: en este momento tenemos tres postulantes que se inician a la vida de hermanitas y siguen también cursos comunes con otras congregaciones. Una hermanita está cursando la formación profesional, otra empieza a trabajar como secretaria y las que tienen un poco de tiempo en la fraternidad confeccionan tarjetas bordadas, o con flores secas, para diversas ocasiones. Aunque esto no cubra todos nuestros gastos, es una ayuda para nuestro presupuesto.

Por descontado, nuestra fraternidad está abierta a los contactos con la vecindad por medio de visitas recíprocas y, en el momento de las fiestas, se encuentran en nuestra casa amigos de diferentes orígenes, etnias y religiones, manera sencilla y a nuestro alcance de colaborar en la construcción de la unidad.

Recientemente un grupo de mujeres ha empezado a venir, una vez a la semana, para un tiempo de adoración delante del Santísimo expuesto. Es una ocasión también para conocernos mutuamente.

En 1996 abrimos nuestra segunda fraternidad en Wushwush, en el suroeste, a 450 kms de Addis-Abeba (lo que significa muchas horas de autobús o de coche por estas carreteras, que no son precisamente una autopista...). Dos hermanitas son oriundas de Wushwush, que es un pueblo grande no lejos de una inmensa plantación de té. La mayoría de la población es ortodoxa. Vivimos cerca de la iglesia católica donde no hay misa todos los domingos porque los sacerdotes no residen en el pueblo y tienen que atender a varias parroquias. Por esto, procuramos apoyar mucho a la comunidad católica.

Nuestro deseo de solidaridad con las mujeres del pueblo nos ha llevado a formar con un grupito de ellas una pequeña cooperativa: punto a máquina, costura para los uniformes de las escuelas cercanas, cestería a partir de la fibra del banano falso. Las hermanitas de Addis-Abeba nos ayudan a vender los cestos en un bazar mensual, abierto a todas las pequeñas instituciones que procuran ganarse la vida. Allí venden también miel de los bosques del Kaffa, recogida en colmenas que están en lo alto de árboles  muy grandes. ¡Admiramos la habilidad de los que trepan para la cosecha!... Nuestro trabajo ha creado una relación de amistad: compartimos penas y alegrías, aunque la ganancia sea modesta...

No somos numerosas en Wushwush, pero las postulantes han podido estar con nosotras varias semanas durante las vacaciones escolares y hemos tenido la alegría, en varias ocasiones, de acoger hermanitas de otras regiones de África (Ruanda, Tanzania...) que se han sentido a gusto en nuestro país. Nos gustaría recibir a muchas más, pero hay muchas dificultades para obtener las tarjetas de residencia. Así que rezad con nosotras para que las hermanitas etíopes se multipliquen. Nosotras rezamos también por la Fraternidad de España y por todos sus amigos.

Askale-Mariam, Haregeweine y Brigitte.

 

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