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VIDA EUCARÍSTICA

VIDA CONTEMPLATIVA

 

“Nuestra vida contemplativa está iluminada por el misterio pascual. Todos los días ofrecemos nuestra vida unida al sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Jesús y nos entregamos a nuestros hermanos y hermanas en la vida cotidiana de Nazaret. “Haced esto en memoria mía” ( Lucas 22, 19).

En situaciones de violencia, podemos ser llevadas a realizar lo que puede ser el don total de nosotras mismas, el ofrecimiento de nuestra vida en inmolación. En esas situaciones, ¿sé vivir la dimensión del perdón? Solamente, si soy consciente de que yo misma estoy habitada por tinieblas, puedo llevar al enemigo en mi oración”  (Capítulo)

 

Este texto tan fuerte, inspirado por la reflexión de las hermanitas de Oriente Medio, está bien ilustrado por estas cartas de Irak:

 

Actualmente quince hermanitas estamos viviendo en Irak, en tres fraternidades,  dos están en Bagdad y otra en Mossoul. Las dos de Bagdad están lejos una de la  otra, porque están situadas cada una, en una orilla distinta del río Tigris.

¿Cómo hablar de esperanza cuando vivimos en una situación de violencia ciega a la que no vemos salida?. Esta violencia cambia  todos los días, a veces el blanco son los americanos o el ejército iraquí, otro los diplomáticos extranjeros o árabes o los periodistas… El pueblo sencillo también puede ser víctima de una explosión, en el transcurso de sus ocupaciones más anodinas y diarias. En la fraternidad del sur de Bagdad una parte de la casa quedó destruida, al explotar un coche bomba en el patio de una iglesia asiría que está enfrente. ¿Por qué? ¿Quiénes son y qué quieren? Esta incertidumbre aumenta el sentimiento de inseguridad y de miedo. A veces es difícil discernir entre el miedo que paraliza todo desplazamiento y la temeridad de arriesgarse  cuando no merece la pena.

Con todo esto, la vida continúa, a pesar de la falta de electricidad (a veces solo la hay cuatro horas por día), el calor aplastante en verano (cerca de 50 grados a la sombra), la falta de agua, la red telefónica siempre averiada, los períodos de crisis en que faltan el gas y el petróleo... Procuramos sin embargo,  ver las pequeñas cosas positivas de la vida de cada día que nos dan alegría: la ayuda mutua, la honradez donde menos se  espera, la amistad que subsiste en los barrios entre cristianos y musulmanes o entre chiítas y sunitas, la resistencia de la gente sencilla a ver el país hundirse en el confesionalismo. Y sobre todo en este momento,  en el que sentimos que hay fuerzas ocultas que procuran sembrar el odio y la división en el pueblo, tocando los puntos sensibles de los corazones como son los lugares santos, sean chiítas, sunitas o cristianos.

Un día tras otro tenemos que esforzarnos por descubrir el bien en medio de tanto mal, ya que es muy fácil dejarse cegar por el mal y no ver sino la corrupción, el odio, la violencia, el miedo.

Es de admirar, como en la mayor parte de los países pobres y sufrientes, la ausencia de suicidios y la voluntad de vivir capta todas las fuerzas. Curiosamente los jóvenes no dudan en casarse ahora que ya no hay servicio militar obligatorio, y nacen niños a pesar del futuro incierto. Todos estos signos, proclaman que la vida es más fuerte que la muerte y que un día el país saldrá del caos y de nuevo se estará a gusto, viviendo juntos con nuestras diferencias.

Hermanita Najiba

  

Todas las mañanas, en la fraternidad rezamos juntas la oración de ofrenda de nuestra vida que resume lo esencial de nuestra vocación y, desde que cayó el antiguo régimen y el país cayó en el caos, esta oración toma un rostro muy concreto. Cuando digo “Recibe, Padre Santo, la ofrenda de mi vida en unión con el sacrificio de Jesús”, ofrezco mi día con todos los detalles de la vida cotidiana, sabiendo que, quizás hoy,  Dios me tome la palabra.

El hospital donde trabajo está a un cuarto de hora de la fraternidad en autobús cuando todo va bien, pero a veces el viaje dura una hora y media por causa de la inseguridad (pequeñas o grandes explosiones de coches bomba o paso de un convoy americano que para el tráfico). Esto produce en mí mucho miedo y tensión y pienso también: “¡Qué pérdida de tiempo!”. Pero con esta experiencia, he aprendido a acoger todo esto con paz y calma en la medida de lo posible, y esto me sitúa ante mi vocación,  cómo vivo el momento presente con la gente que está conmigo en el taxi colectivo. A veces tengo la ocasión de decir una palabra alentadora a alguien que tiene miedo, aunque la mayor parte del tiempo rezo en silencio.

Me gusta mucho mi trabajo y estoy contenta con lo que vivo. Trabajo como auxiliar de enfermería en el servicio de reanimación. Mi trabajo consiste en ocuparme de la  gente débil y enferma en sus necesidades cotidianas. El trabajo es exigente para todos y por esto hay una cierta tensión entre nosotros.

Al principio, para ayudar a los que trabajan conmigo, hacía una parte de su trabajo, pero con el tiempo vi que esto no construía a los otros, sino que les incitaba a contar conmigo a tiempo y destiempo. Con el correr de los días, y reflexionando con las hermanitas, trato de encontrar una posición justa, de expresar claramente lo que quiero decir y de escuchar de verdad a los demás. La experiencia me ha enseñado que la tensión permanecerá y que el trabajo, de todas maneras, hay que hacerlo: ¿cómo acepto esta tensión, y cómo la vivo en calidad de hermanita?

En mi trabajo estoy todos los días frente al hecho de la muerte, porque en este servicio todos los días mueren enfermos. He aprendido a dar sentido a la vida que me es ofrecida y a vivirla con plenitud. Al mismo tiempo, aprendo a estar pronta a morir en todo momento por causa de la situación, y a ofrecer la vida por todos mis hermanos, cualesquiera que sean.

El mal y la violencia alrededor nuestro,  despiertan en mí la violencia que llevo dentro y descubro que yo también tengo armas y puedo hacer daño a los otros, que puedo herir o suprimir al otro con una palabra o una mirada y esto me lleva a rezar al Señor de todo corazón, para que tenga piedad de nuestra humanidad y especialmente de los que están llenos de violencia y hacen el mal.

Hermanita Raeda

 

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