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Hermanitas de Jesús

Capítulo 2011

Documento Preparatorio

DAR RAZÓN A LA ESPERANZA EN EL MUNDO DE HOY



¡Situarse como débiles en este mundo es buena noticia!

José subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en una pesebrera, porque no había sitio para ellos en la sala común.” (Lc. 2, 5-7)

Muchas de nuestras fraternidades se encuentran en medio de áreas de conflicto cuyo final no vemos, situaciones de injusticia que perduran y contextos de pérdida de sentido. La misma Fraternidad vive una gran precariedad. Esto nos lleva a destacar el aspecto de Belén en nuestro carisma: “Estar ahí en debilidad” es hoy nuestra verdad, nos guste o no.

-         ¿En la sociedad que nos rodea, cómo se mira al que es débil, frágil, vulnerable? ¿Cómo se percibe al que no es importante?

-         ¿Hemos sido capaces de tocar la debilidad como fuente de vida, como buena noticia?

o       ¿Cómo?

o       ¿Por qué caminos?

Llevamos 70 años bebiendo de nuestra fuente: Belén, “Dios, niño pequeño”, signo de esperanza. Hermanita Magdeleine nos compartió su experiencia, cómo el pequeño Jesús entró en su vida (DC I), y cómo le dejó un lugar. Dios pudo iniciar algo con ella. Está dispuesto a dar la misma gracia a cada una de nosotras.

-         ¿Cómo me llega esta buena noticia de la salvación?

-         ¿Qué nos dice esta experiencia fundamental de hermanita Magdeleine, en nuestros contextos?

o       ¿Qué nos impide dejar a Dios-niño entrar en nuestra vida?

o       ¿Cómo anuncia nuestra vida a ese Dios-niño?

 

La apertura al otro como signo de esperanza

 “Ya no hay diferencia entre judíos y no-judíos, entre es­clavos y hombres libres, entre hombres y mujeres. Pues todos son uno solo en Cristo Jesús.” (Gal. 3, 28)

 “Al ser llamados por Dios, se dio a to­dos la misma esperanza.”  (Ef 4,4 b)


En nuestro mundo actual, muchas personas se desplazan para encontrar una manera para sobrevivir. Fronteras y corazones se cierran a la acogida de los migrantes y el número de
refugiados aumenta. Nuevos muros se construyen por doquier y los conflictos entre grupos étnicos y pueblos siguen.

-         ¿Nos interpela esta realidad?

-         ¿Qué siento: compasión, miedo, mala conciencia, culpabilidad...? ¿Cómo vivo con estos sentimientos?

-         Ante esta realidad, ¿Cómo actuamos como una comunidad?

Nuestras sociedades son cada vez más mezcladas. Nuestros pueblos ya no son homogéneos. En nuestras fraternidades, sin embargo, hay varias regiones casi exclusivamente compuestas por hermanitas del país.

-         ¿Cómo llegamos a esta situación? Invitamos a una relectura de las etapas de lo vivido en las regiones en cuanto a internacionalidad.

-         Decimos que el universalismo es importante para nosotras. ¿Qué significa esto hoy en día? ¿A qué sacrificios estamos dispuestas?

Seamos del país o “extranjeras”, seamos de la primera, segunda, tercera... generación, vivir en comunidades mezcladas en cuanto a edades, experiencias, culturas diferentes, es y sigue siendo un desafío:

-          ¿Qué despierta y provoca la diferencia en mi cuando vivimos juntas?

-         ¿Qué nos permite durar más allá de nuestros sentimientos?

 

Otra manera de vivir las relaciones, signo de esperanza

 “Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños. Y los que tienen algún puesto hacen sentir su poder. Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga el servidor de todos; y el que quiera ser el primero, que se haga siervo de todos. Así como el Hijo del Hombre no vino para que lo sirvieran, sino para servir y dar su vida como rescate de una muchedumbre.»”  (Marcos 10, 42-45)


Miremos cómo se vive el poder, la autoridad y la responsabilidad en nuestros estados, en nuestras sociedades. ¿Encontramos algún signo de esperanza?

Miremos lo que estamos viviendo en la Iglesia y en la Fraternidad: ¿Cuál es nuestra experiencia en relación al poder, a la autoridad, a la responsabilidad? ¿Cuáles son los signos de esperanza?

-         ¿Me doy cuenta que yo también tengo un poder en diferentes ámbitos: el poder de confianza, de creatividad... o de agresividad, del silencio,...?

Jesús formó a sus discípulos: les propuso una nueva manera de relacionarse, una nueva manera de vivir el poder.

Y yo, siguiéndole, en la vida religiosa, reconozco la obediencia como una manera de evangelizar mi poder, de servir, de dar mi vida.

-         ¿Cómo la obediencia llega a ser para mí camino de la libertad, de liberación?

o       ¿Qué dificultades encuentro?

o       ¿Cuáles son mis preguntas?

-         Cada una y juntas somos responsables de la misión de la Fraternidad:

o       ¿Qué me lleva o nos lleva a “dimitir”?

o       ¿A qué queremos comprometernos?

 

 

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