Hermanitas de Nazaret

Queridas familias, amigos:

En el origen de mi compromiso como hermanita precedió una larga historia de búsqueda, de reflexión y de una participación activa en el movimiento de la Juventud Obrera Católica. El Cardinal Cardijn, fundador de la JOC, recorrió el mundo entero, proclamando este mensaje "Cada persona es hijo de Dios, es digno de que se dé su vida por él". Estas palabras miles de veces repetidas en todos los continentes marcaron a muchos jóvenes, a mí, en lo profundo del alma y corazón. Nos siguen guiando hoy en nuestra vida.

El Cardinal Cardijn nos enseñó a ver la realidad, las necesidades y los signos de los tiempos, con ojos nuevos, a entender con el corazón, a juzgar según el evangelio, a actuar con amor y en solidaridad, con, para y por el prójimo. Su mensaje era concreto, evangélico, radical. 

En los escritos de Carlos de Foucauld encontramos la inspiración, la forma concreta para vivir y compartir el amor a través de nuestra solidaridad en el convivir diario. Del hermano Carlos se dijo que "hizo de la religión un amor".

A mi parecer es esto el sentido más profundo de nuestra religión, de cualquiera religión. Si la religión no nos ayuda a crecer como persona, como humanidad no tiene mucho sentido.  Pero si nos ayuda a crecer en dignidad humana, en amor, entonces para mí, si que tiene mucho sentido. El Cardinal Cardijn y el hermano Carlos. Ambos nos han dejado la luz y el fuego de un testimonio de amistad y de bondad como signo del Amor encarnado en medio de nosotros.

Con nuestra vida fraterna queremos hacer presente a este Dios Amor, ser una respuesta ante mucho anonimato y convertir nuestra casa en un pequeño hogar de oración y de hospitalidad. En nuestros ambientes y vecindades solicitan muchas personas una presencia amorosa, un oído que escucha sin juzgar, un pequeño servicio. Nuestra forma de querer es sencilla, humilde, desde abajo. A veces podemos experimentar como hoy, aquí, que nuestro sueño se hace realidad  que "extraños se vuelvan amigos en nombre de Jesús"

Laura y Alberto, nos escribisteis desde México que "los encuentros que tuvimos juntos os han enriquecido mucho". Sabed que este enriquecimiento es mutuo. Vuestro compromiso, vuestra autenticidad nos interpela. Disponemos de un sólo corazón para amar. Que desde vuestro corazón, desborde el amor hacia muchos. La presencia de tanta gente aquí, lo confirma.

Un día me comprometí, al igual que vosotros, con toda mi vida y por toda mi vida. Vuestro compromiso nos da una inmensa alegría, nos confirma, aumenta el sentido de nuestra vida, hace crecer nuestro amor y nuestra entrega.  Os felicitamos y os agradecemos de todo corazón.

Barcelona, 17/9/2005

 

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