Aniversario de la muerte
de Madeleine Delbrel
Madeleine
Delbrel falleció el 24 de octubre de 1964.
Había nacido en 1904. En el “Boletín trimestral de las
Amistades de Carlos de Foucauld”, hay un artículo muy
interesante sobre este aniversario. Henos aquí algunos extractos,
traducidos del francés:
“Asistencia
social, poeta y mística, Madeleine Delbrel vivió en Ivry-sur-Seine
(barriada parisina,
Francia), barriada marxista, tierra de misión, como ella llamaba
a Ivry en uno de los títulos de su libro. Ella testifica sin
ruido, con algunas compañeras, de su fe cristiana y de su
fidelidad a la Iglesia. Con su equipo, lee y relee los escritos de
Carlos de Foucauld que están ya publicados, y redacta en
noviembre de 1946 un artículo para una revista de los PP.
Dominicos”
He
aquí algunos párrafos de ese artículo:
"EL POR QUÉ
AMAMOS AL PADRE DE FOUCAULD
La
considerable influencia que el “hombre del desierto” tuvo
sobre nuestro tiempo entrenó un buen número de vocaciones
contemporáneas. La amplia síntesis que representa su vida
explica por qué
vidas tan dispares pueden reclamarse de él. ¡Por sí
mismo él es la reunión de tantos contrastes!
Necesidad
incoercible de oración delante de Dios; don sin medida a todo ser
que lo solicita. Imitación cándida de la vida en Cristo en
Palestina, de sus gestos, de sus actos; conocimiento de su
ambiente y adaptación a él.
Amor
apasionado del prójimo más próximo; amor fiel a cada instante
por la humanidad entera.
Una
reconstitución tan tierna de la casa de Nazaret alrededor de una
hostia expuesta; ‘recorridos de amistad’ por las pistas
saharianas.
Obstinación
heroica en una vocación diseñada con dureza; comprensión y
preparación de la vocación del otro.
Dedicación
al trabajo manual; perseverancia incansable en un trabajo de
erudición.
Deseo
incesante de una familia espiritual; vocación divina a una
soledad de la que la muerte será su culminación.
¡Cómo sorprenderse que tantos que
actualmente se entregan a Dios reconozcan su llamada y encuentren
su modelo en estos cruces de gracias que fue su vida, cualquiera
que sea el modelo de este don.
Del
Padre de Foucauld hemos aprendido que, si para darse al mundo
entero hay que aceptar de romper tantas amarras para dejarse
“llevar”, no es necesario que este dejarse llevar esté
contenido entre los muros de un monasterio. Puede hacerse marcando
una clausura con piedras secas sobre la arena; puede hacerse en
una caravana africana; puede realizarse en una de nuestras casas,
en uno de nuestros talleres, mientras se sube una escalera, en un
autobús; este dejarse llevar lo encontramos aceptando la
estrechez, la incesante clausura del amor del prójimo más
cercano. Dar a cada uno de los que nos acercamos la totalidad de
una caridad perfecta, dejándose encadenar por esta dependencia
constante y devoradora, vivir de forma natural el Sermón de la
montaña, eso es dejarse llevar, la puerta estrecha que desemboca
en la caridad universal.
Nos
ha enseñado a estar perfectamente contentos de ocupar un lugar en
este cruce de vida, dispuestos a amar a quienquiera que pase y a
través de él todo aquello que, en el mundo, está sufriendo,
perdido o en tinieblas. Él nos ha explicado que en su magnífica
gratuidad reside la soberana eficiencia y que consentir en no ver
nada de lo que hacemos, sino a amar de igual forma y para siempre,
es el mejor camino para salvar a alguien, en cualquier lugar de la
tierra”
Boletín
trimestral de las Amistades de Carlos de Foucauld
Nº 153-154, 2004.