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José Ferrer se fue a la casa del Padre

  

El pasado día 18 de junio de 2006 fallecía en la residencia sacerdotal de la Placeta de Gracia de Granada José Ferrer Cruz, sacerdote granadino, miembro de la Fraternidad Sacerdotal “Iesus Caritas”. Sacerdote de la generación conocida en su diócesis granadina como “los tiratapias” por su entrega sin límites al Evangelio y el empeño continuo por hermosear el rostro de la Iglesia. En sus parroquias –La Zubia, Viznar, Albolote, san Andrés de la capital- se le recuerda como un hombre bueno y gran sacerdote que intentó acercarse siempre a los más pobres y desfavorecidos. Destacó en el empeño y dedicación a la tarea evangelizadora especialmente a través de las homilías y las catequesis muy bien preparadas con sabor y estilo manjoniano.

Unos meses antes de su fallecimiento escribió un libro de memorias titulado “Un camino a recorrer donde repasa su existencia y recuerda acontecimientos y personas que han dado sentido a su vida y a su sacerdocio con un estilo desenfadado y lleno de gracia andaluza. En el mentado libro dedica un capítulo al Hermano Universal y cuenta su encuentro con la espiritualidad foucauldiana y su fascinación por ella. La lectura del libro ha sido para mí como un postrer homenaje que me ha hecho revivir personas amadas difuntas como Mons. Casares Hervás  y descubrir que en lo hondo de su corazón había nombres que coinciden con el mío tales como Manuel Barranco, el Hermano Manolo, Gabriel Leal, la extensa y levítica familia Peinado y otros.

En esta acción de gracias por su vida y su magisterio recuerdo que durante unos años de mi formación sacerdotal visité semanalmente su parroquia de Albolote para compartir la vida parroquial con él. Recuerdo especialmente el acierto y la bondad que ponía en las catequesis con niños y la riqueza imaginativa que ponía en las homilías, especialmente en aquellas celebraciones que acudían niños. Después le traté en la Fraternidad Sacerdotal, aunque en honor a la verdad, él estuvo siempre por encima de instituciones con toda libertad. En esa época, y en ese marco fraterno, descubrí al sacerdote profundo, transformado por una vida de oración intensa y por el deseo de servir apasionadamente a su pueblo. Un detalle último, en la parroquia de Víznar donde iba a ayudar de tarde en tarde en mi segunda etapa de estudios en Granada, recibí, ahora puedo decir como herencia, muchos de sus libros de dogmática.

Descanse en paz aquél buen sacerdote que siempre fue buen amigo, bondadoso y prudente.

Emérito de Baria

 

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