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  Fraternidad Sacerdotal "Iesus Cáritas"

Asamblea Europea Lisieux (Francia)

17-25 de julio de 2003

COMUNICADO FINAL

En Lisieux (Normandía francesa) se reunieron el pasado mes de julio veinticinco sacerdotes, delegados de las fraternidades regionales, provenientes de distintos países de Europa (Francia, Italia, España, Suiza, Malta, Alemania, Bélgica, Gran Bretaña, Irlanda, Hungría) para celebrar la Asamblea anual de la Fraternidad Continental. Fueron invitados a participar en este encuentro continental un sacerdote de Burkina-Faso y un misionero en Corea del Sur).  

En total asistimos a la Asamblea veinticinco sacerdotes de diferentes nacionalidades. Fuimos acogidos en Lisieux en una casa regentada por dieciocho Trabajadoras Misioneras de la Inmaculada originarias de África, Asia y América Latina. Las Trabajadoras Misioneras, además de la exquisita hospitalidad evangélica, compartieron con nosotros sus canciones, su cultura y el mensaje de Santa Teresita.

Nos reunimos en Lisieux, lugar a dónde vienen peregrinos de todo el mundo. En esta ciudad encontramos un «concentrado» de toda la humanidad y un reflejo de nuestra sociedad multicultural. Ciertamente aquel lugar es un lugar de fe y esperanza.

La Asamblea nos facilitó la posibilidad de vivir durante ocho días la dimensión multicultural de nuestra sociedad. Pero, al mismo tiempo, en nuestras conversaciones nos recordamos unos a otros las dificultades de la nueva sociedad que estamos viviendo:

·        personas sin identidad,

·        aumento de la violencia y la inseguridad,

·        situación de los inmigrantes clandestinos y sin papeles

·        crecimiento del número de personas excluidas de la sociedad

Con dolor constatamos como las desigualdades aumentan sin cesar.

También reflexionamos sobre el papel  de la Iglesia ante esta nueva sociedad multicultural y observamos que ella misma también alberga diferentes corrientes culturales:

·        existe una nueva cultura religiosa, eclesial, especialmente en la juventud,

·        hay una generación de sacerdotes jóvenes, a menudo llegados de un entorno ateo que poseen una sensibilidad diferente a los sacerdotes ordenados en los años sesenta o setenta 70,

·        está emergiendo nuevas corrientes espirituales,

·        con frecuencia existen tensiones entre la autoridad y los cristianos, los obispos y los sacerdotes.

Después de la oración, reflexión y diálogo, redactamos algunas propuestas, que ahora os ofrecemos,  desde nuestra realidad de sacerdotes diocesanos, siguiendo los pasos de Santa Teresita y el Hermano Carlos de Foucauld.

1. Tanto Santa Teresita como el Hermano Carlos de Foucauld consideran primordial mantener una relación de amor con Jesucristo. Experimentamos la presencia de Jesucristo en la lectura asidua del Evangelio, en la Eucaristía y la adoración, cuando nos encontramos en fraternidad o hacemos revisión de vida en la que se tiene presente toda nuestra persona. También supone un regalo saborear la presencia del Señor en el día dedicado a la práctica del desierto.

2. Esta unión con Jesucristo también se encarna y hace presente en nuestra relación con los demás: aquellos que pertenecen a otra cultura, los olvidados y los pobres, los que tienen otra sensibilidad religiosa… Todos, aún con sus diferencias, son hermanos a los que hay que amar. (Cfr. Mateo 25)

De la anterior constatación nos surgieron muchas preguntas e interpelaciones. ¿Pueden los abandonados, los heridos por la vida, contar con nosotros? ¿Estamos dispuestos a ayudar a los que nos molestan, incluso dentro de la Iglesia? También nuestras fraternidades sacerdotales nos deben de impulsar y animar para vivir como hermanos con todos los sacerdotes de nuestro presbiterio, en especial, con los más jóvenes.

3. Con alegría, no exenta de dificultades, diariamente intentamos vivir el misterio pascual. Queremos vivir este misterio con el espíritu de Nazaret, en comunión con las situaciones difíciles que existen en nuestro entorno, la lucha de la gente por sobrevivir cada día, los gestos de acogida que van más allá de las diferencias culturales. En muchos casos somos testigos de caminos de impotencia, de amargura y de decepción. Caminos que, con la gracia de Dios y el acompañamiento de los hermanos, pueden convertirse en «caminos de Emaús».

4. Siguiendo al hermano Charles, en nuestras oraciones y nuestra meditación, tenemos que preguntarnos: «¿Qué haría Jesucristo en las actuales circunstancias?». «Jesús dio a sus apóstoles un mandamiento nuevo. Su mandamiento, como lo enseña más adelante, ya no es amar al prójimo como a sí mismo, sino amar como Él, como Jesús amó, como ama hasta el fin de los siglos…» , escribía Santa Teresa.

 

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