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El Mes de Nazaret 2012

Testimonios de algunos participantes

Después de trece horas de vuelo llegué a Madrid el 1 de Agosto y el sábado 4 viajamos en coche con Ángel, Andrés, Fernando VARAS y yo a Tarrés. Siento que en ese viaje comenzó nuestro MES DE NAZARET ya que conversamos mucho, visitamos algunos monumentos históricos, como el Monasterio de Santa María de la Huerta, compartimos la comida y el paisaje.

En Tarrés nos esperaban los hermanos que habían llegado antes que nosotros y algunos laicos de la Comunitat de Jesús, que nos facilitaron la casa donde habitamos por dos semanas. Fue una acogida muy fraterna. Manolo POZO, coordinador de la experiencia, nos dio una “Introducción al Mes de Nazaret”, nos ayudó a organizarnos y cada uno tomó una responsabilidad según su gusto y competencia.

Cada día, después de las Laudes y el desayuno, Manolo nos daba un tema de nuestra espiritualidad, que se complementaban con el libro “Carlos de Foucauld” de Michel LAFON. Después teníamos un largo tiempo de silencio para la adoración y trabajos manuales (compras, hacer la comida, limpieza, sacristía), hasta la hora de la comida.

En la tarde teníamos descanso, revisión de vida y Eucaristía con vísperas en la cual participaban los hermanos y hermanas laicos de la Comunitat de Jesús.

Después de la cena las actividades variaban bastante, pero el hilo conductor era escuchar testimonios de fe. Así, una noche escuchamos a los laicos, otra a un ermitaño ortodoxo y también compartimos nuestras propias historias de fe.

También un día recibimos a dos sacerdotes catalanes jóvenes que querían conocer nuestra espiritualidad y los invitamos a participar en todas las actividades de ese día. En otra oportunidad comió con nosotros el párroco del lugar y otro día el alcalde. Fue un Mes de Nazaret muy inserto en la realidad de Tarrés.

En cada una de las dos semanas tuvimos un día de desierto para ponernos a la escucha del Señor, despojados de todo, en silencio y soledad. Un domingo tuvimos una visita guiada al Monasterio cisterciense de Poblet. Fue muy interesante e impactante, particularmente para los que no lo conocíamos.

Podría decir que en estas dos semanas vivimos y profundizamos en los elementos esenciales de nuestra espiritualidad. Menciono en primer lugar la adoración y otros momentos de oración personal. Si no bebemos permanentemente de esta fuente, nuestra vida y ministerio se secan y pierden sentido. Lo vimos claro en muchas de nuestras reflexiones.

La fraternidad en un clima de alegría fue otro elemento esencial: el servicio mutuo a la hora de hacer la comida, poner la mesa, limpiar, fregar, hacer las compras, etc. La disponibilidad y el buen humor de todos eran impresionantes, sobre todo a la hora de hacer fotos de lo que estábamos haciendo. Punto culminante de este espíritu fraterno fueron el intercambio de historias personales de fe y la revisión de vida. La trasparencia y la humildad para abrir el corazón ante los hermanos y la acogida respetuosa y atenta de lo compartido, crearon un clima de profunda comunión entre nosotros.

En el espíritu del “hermano universal” nos abrimos a compartir y escuchar a los laicos de la Comunitat, al ermitaño ortodoxo, a los sacerdotes que nos visitaron, al alcalde y a los vecinos de Tarrés, especialmente el día de su fiesta patronal, el 15 de agosto, en que celebramos la Eucaristía con todos ellos en la Iglesia del pueblo.

Las reflexiones de Manolo y el libro de Michel LAFON nos ayudaron a profundizar en los temas propios de nuestra espiritualidad, contextualizándolos en el hoy de la Iglesia universal, española, inglesa y chilena. Todos agradecimos a Manolo su sinceridad y transparencia para hablarnos de la realidad actual de la Iglesia en España, señalando sus luces y sombras. Nos detuvimos en algún momento a reflexionar de qué manera nuestra espiritualidad enriquece la espiritualidad de un presbítero diocesano y cómo debiera marcar la acción pastoral que nosotros desarrollamos en el día a día.

El sábado, 18, evaluamos la experiencia tenida y el domingo, 19, partimos hacia la Casa de Espiritualidad de las Religiosas Javerianas en Galapagar, en las afueras de Madrid. Allí nos encontramos con los hermanos de la fraternidad española que hacían su retiro anual y otros sacerdotes invitados. Éramos treinta y tres sacerdotes en total.

Nos predicó Ginés PAGÁN, presbítero de la diócesis de Cartagena - Murcia y centró sus meditaciones en distintos aspectos de la persona de Jesús y su Reinado. Fue un retiro profundo y cuestionante, vivido en un clima de silencio orante, con adoración y Eucaristía diarias, dos momentos de revisión de vida, día de desierto y adoración. Los que veníamos de Tarrés continuamos así nuestro Mes de Nazaret y nos mantuvimos como grupo para la revisión de vida.

El sábado 25 nos despedimos, con el corazón agradecido al Señor por la experiencia vivida y sintiendo que nos había regalado nuevos hermanos con quien compartir la vida y el ministerio, tras las huellas de nuestro Bienamado Hermano y Señor Jesús, al estilo del Hermano Carlos.

Fernando TAPIA MIRANDA

Fraternidad Sacerdotal

Iesus Caritas de Chile

 

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Cuatro de Agosto de dos mil doce. Comienza el “Mes” de Nazaret de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, en Tarrés (Lleida. Hace más de veinte años que no se organiza, por falta de un mínimo de sacerdotes, el mes de Nazaret. Hay ilusión y ganas, no sólo por parte de los que lo vamos a vivir, sino también por parte de toda la fraternidad. A esa ilusión se une también la Comunitat de Jesús, en Tarrés, que pone a nuestra disposición sus instalaciones y sus personas. La experiencia la vamos a vivir nueve sacerdotes: Antonio, de Zaragoza, Ángel, de Madrid, Juan, de Cartagena, Andrés, de Córdoba, Donald, de Inglaterra, Fernando TAPIA y Fernando VARAS, de Chile, un servidor, de Valencia, y Manolo POZO, de Almería, que es nuestro guía y acompañante a lo largo de estas semanas.

Vamos llegando paulatinamente. Algunos vienen de muy lejos. Lo primero siempre es la alegría de reencontrarnos, pues algunos ya nos conocemos de hace tiempo, o la alegría de encontrarnos por primera vez, sabiendo que nos une Carlos de FOUCAULD y su espiritualidad. También es muy importante la toma de contacto con la casa, con las instalaciones, entre otras cosas, porque durante estas semanas vamos a gestionarnos todo lo que significa vivir en una casa: comprar, hacer la comida, limpiar, lavar la ropa…como cualquier otra familia, intentando asemejarnos lo más posible a la familia de Nazaret. Muy buena la acogida por parte de la Comunitat de Jesús, que nos abre las puertas de una de sus casas para vivir la experiencia. ¡Qué importante sentirte acogido! Estamos muy agradecidos a esta Comunitat porque, además de facilitarnos las cosas, se han unido a nosotros a lo largo de todos estos días, especialmente en la eucaristía diaria. Presencia física y presencia fraterna, haciendo explícito el espíritu de Carlos de FOUCAULD. Con la eucaristía del sábado, 4 de agosto, junto con las vísperas, empieza esta experiencia que va a marcar nuestras vidas, confirmándonos en la espiritualidad del hermano Carlos. El Mes de Nazaret no es otra cosa sino profundización y crecimiento en lo más sustancial de la espiritualidad de Carlos de FOUCAULD: Nazaret. Y todo ello aplicado a nuestra condición de presbíteros diocesanos, encarnados en una diócesis y en un lugar concreto, en un “Nazaret” concreto. Esa profundización la hemos hecho de distintas formas. Por una parte, de la mano de Manolo Pozo que ha puesto toda su experiencia, trayectoria y sabiduría al servicio de esa profundización. Ciertamente ha sabido compaginar el conocimiento de la espiritualidad, y su propia experiencia pastoral como sacerdote diocesano, además de su gracia y alegría para contar las cosas. Cada día, en torno a las diez de la mañana, nos situaba ante un aspecto importante de Nazaret, sirviéndose para ello de Michel LAFON y su libro “15 días con Carlos de Foucauld”. Lejos de conformarse con las pautas de LAFON, Manolo las completaba aportando aspectos no abordados y aplicándolos a nuestra diocesaneidad. Además de ese momento, teníamos la oración personal. Ha habido clima de silencio para poder interiorizar todo lo escuchado y para que el Espíritu hiciera su trabajo en cada uno de nosotros. Las instalaciones, y especialmente, la capilla, sencilla, austera, acogedora…nos ayudaban a orar y contemplar. Como suele ser habitual en nuestros encuentros de fraternidad, con el Señor-Eucaristía expuesto toda la mañana. No era raro ver a los hermanos sacerdotes, en otros momentos del día, en la capilla, seguramente porque la mañana se nos hacía corta. Otro momento importante, a la hora de profundizar en Nazaret ha sido la Revisión de Vida. Ésta la hemos hecho por las tardes. Momento de apertura al Espíritu y al hermano, para abrir de par en par la vida y dejar que el Espíritu, a través del hermano, ayude en el proceso de discernimiento. Siempre estamos necesitados del otro a la hora de descubrir y tomar conciencia del paso de Dios por nuestra vida y de descifrar su voluntad. Ese momento es Nazaret porque es apertura total, y eso significa sentido de la fraternidad, y confianza en el otro. Otra fuente desde la que hemos crecido en la espiritualidad de Nazaret ha sido el mismo hecho de vivir juntos en una casa de pueblo, organizándonos y poniendo lo mejor de nosotros mismos. Ahí los detalles son importantes. Desde ese tiempo y esmero dedicado a la comida, pasando por los pinches, los que compraban la comida, o el pan de cada día, así como el tiempo dedicado a limpiar y fregar los aseos y los pasillos. Durante varias semanas hemos vivido en plan familiar, y eso ha sido también fuente de espiritualidad.

Un momento muy importante, por no decir el momento central de la jornada, era la eucaristía. Una eucaristía muy tocada de Nazaret. Cada eucaristía era un momento de fiesta y de auténtica profundización en la espiritualidad. Hemos ido presidiendo cada día uno, con la libertad de hacerlo cada uno según su estilo y su aire. Nos hemos enriquecido todos de todos. Veíamos con asombro cómo cada día teníamos más gente en la eucaristía. Participan hermanos de la Comunitat de Jesús, y personas del pueblo que se iban enterando, algunas de ellas de otros movimientos de la Iglesia, pero que repetían porque se sentían a gusto. El Espíritu de Nazaret ha estado muy presente en esas eucaristías. La relación diaria con la Comunitat, y más específicamente en algunos momentos programados, también ha sido una buena fuente de Nazaret. Ellos nos han mostrado, con su disponibilidad, con su saber estar y con su vida normal en el pueblo, cómo se puede concretar Nazaret. Los momentos programados para estar juntos y escucharnos mutuamente han supuesto un mayor conocimiento y un confirmarnos en el Espíritu de Nazaret. No puedo dejar de citar, como fuente de Nazaret, los desiertos que hemos tenido. El desierto siempre es duro, pero es fructífero cuando uno se ha dejado llevar por Dios. Así creo que los hemos vivido todos.

Ha habido otros momentos, que han formado parte también de nuestro mes de Nazaret, y en los que no puedo extenderme: el contacto y la amistad con un ortodoxo, que nos ha acompañado a diario, el contacto con el pueblo, especialmente en la misa mayor del día de la fiesta, la visita al monasterio de Poblet… La experiencia en Tarrés concluyó el domingo 19, y continuó y se completó con el retiro de verano, unidos al resto de la fraternidad sacerdotal española, en Galapagar. Allí tuvimos algunos momentos para seguir ayudándonos mutuamente en la revisión de vida, además de escuchar y tener en cuenta las reflexiones, muy evangélicas y actuales, de Ginés PAGÁN, que dirigía el retiro.

Vuelvo a reiterar mi acción de gracias a todos los que han hecho posible esta experiencia, y de una forma especial, a la Comunitat de Jesús por todo lo que ha puesto y ha hecho a favor del Mes de Nazaret.

Aquilino MARTÍNEZ GALLEGO

Fraternidad Sacerdotal

Iesus Caritas de Valencia

 

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