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PREVIO A LA ASAMBLEA DE PARÍS 2012

 Reflexión de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas de España

 

LA FE DESDE EL MENSAJE DE JESÚS NOS IMPULSA A SER SERVIDORES Y TRABAJADORES DEL  REINO

La fe en Jesús es la base de nuestra vocación, y nos capacita para trabajar por el Reino; a veces es débil y frágil. Imitar a Jesús, como Maestro, es poner en práctica su sueño sobre nosotros, sobre el mundo. A pesar de la falta de fe, del consumismo, de la insolidaridad, de la falta de amor, del hambre de tanta gente, de la guerra, de los fundamentalismos, del pecado del dinero, el Reino es posible. La constancia y la perseverancia, con mucha carga de amor, hace posible otro mundo. Desde el Evangelio nos sentimos llamados a hacer posible ese mundo soñado por Jesús aquí y ahora, desde el estilo de Nazaret, con las dificultades de ser seres humanos, pero con la fuerza que Dios nos da, especialmente entre los más pobres y a la escucha del Espíritu, para ser hombres íntegros, no sólo representantes de una religión. No debemos sentirnos “profesionales” de los ritos religiosos, sino anunciadores de la Buena Noticia.

No olvidemos que Jesús reina desde la cruz, cuyo Reino es justicia, amor y paz. El Evangelio de la vida nos llega desde la donación total de Jesús al haberse ofrecido por nosotros.

Tratamos de vivir la amistad con Jesús desde las intuiciones del hermano Carlos, dejándonos trabajar por el Señor en el desierto, contemplando al Maestro en la adoración, sirviendo entre los últimos, escuchando a los hermanos en la fraternidad, bien a través de la revisión de vida, bien en la amistad cultivada y sincera, sin pretender terapias o estilos artificiales y frívolos de relaciones humanas.

Creemos en Jesús, y por eso creemos que triunfará el amor, especialmente el amor a los más pobres, con cambios en estructuras sociales, políticas y religiosas injustas. Triunfará la no violencia; triunfarán los que lloran, los perseguidos, los masacrados, los violados en sus derechos humanos, los exiliados, los excluidos, los aplastados. Triunfará la paz, la justicia, la misericordia, la limpieza de corazón. Lo creemos así aunque nos llamen soñadores.

 

FRATERNIDAD PARA LA IGLESIA, PARA EL PRESBITERIO DIOCESANO, PARA EL PUEBLO, PARA LOS ALEJADOS, PARA LOS MÁS POBRES

No nos cerramos al diálogo con nadie: ofrecemos nuestro respeto a quien piensa de diferente forma a nosotros. Nuestros retiros de Navidad y de verano están abiertos a todos los compañeros de nuestras diócesis.

Nuestro ministerio es vivido desde el trabajo en parroquias y servicios diocesanos, pero también desde la misión, en nuestro país y en algunos de América Latina. Cultivamos una espiritualidad misionera, saliendo de actitudes intimistas o maniqueas. Resaltamos el trabajo con los excluidos sociales, tales como presos, enfermos –a veces enfermos “que dan miedo a la sociedad”-, inmigrantes, ancianos, gente de la calle.

Esto es vivir Nazaret sin pretender brillar ni impresionar a nadie, de vivir el Evangelio más que predicarlo, de profundizar en la Encarnación siendo uno más, con la gente que tenemos al lado, viviendo la amistad. Deseamos vivir de esta manera la fraternidad universal y sacerdotal. Nos sentimos obreros del Evangelio: nuestro patrón es Jesús.

Estar cerca de los pobres, siendo pobres y viviendo entre ellos. Cerca de los alejados –miremos la conversión del hermano Carlos, que fue un alejado-, acompañando a nuestras comunidades de laicos en sus problemas diversos, a tanta gente en su lucha por sobrevivir. Viviendo con seriedad el carisma del hermano Carlos, es seguro que transmitiremos mejor el mensaje del Evangelio.

Si somos realmente pobres, comprendemos a los pobres y no los miramos de otra manera, si somos trabajadores, compartiendo las causas justas de los obreros, de las personas en paro, haciéndolas nuestras, compartiremos la causa de Jesús. Hay un riesgo de quedarnos en la teoría cuando vemos todo esto desde lejos y no “a pie de obra”. Ser Iglesia es estar, como Jesús, al lado de los últimos, de los pequeños.

 

LAS RESPUESTAS QUE ANHELAMOS DE LA IGLESIA, LAS RESPUESTAS DESDE EL CARISMA DEL HERMANO CARLOS 

La Iglesia tiene una parte de sí misma sencilla y desinteresada como Iglesia misionera y liberadora  –movimientos eclesiales laicales, Cáritas, congregaciones religiosas comprometidas con el trabajo por el desarrollo humano, iglesias perseguidas y con graves dificultades por fundamentalismos religiosos, personas que viven el Evangelio desde sus realidades-, pero hay otra parte de deseo de poder, riqueza, ambición y consumismo, preocupada por no perder privilegios o centrada sólo en mantener doctrinas, sin afrontar los problemas del mundo con profetismo y valentía.  Esto hace que haya una falta, al menos en nuestro país, de entusiasmo. Se echa mucho de menos que la Iglesia ayude a salir de la ceguera a millones de personas manipuladas por el consumismo, las consecuencias de la crisis económica, el neoliberalismo –tanto en lo político como en lo financiero-, valorar el papel de la mujer, abandonar el paternalismo en las ayudas que promueve, deshacerse de protagonismos, entrar en diálogo y estudio del momento actual del celibato, entre otros temas. Hay muchos miedos, y eso demuestra falta de fe. Jesús: camino, verdad y vida. Una llamada permanente a ser fiel a la Iglesia, de la que somos servidores, pero siendo valientes y sinceros con nosotros mismos y con los demás. El miedo paraliza. La fe mueve montañas.

La Iglesia la hacemos todos, y no podemos estar indiferentes ante sus problemas, dejando para otros sus soluciones, que sería más cómodo y menos comprometido. Jesús pobre se comprometió al cien por cien, y no hizo “una retirada a tiempo” para evitar el fracaso.

El hermano Carlos aporta desde su carisma y sus escritos el estilo evangélico de Nazaret, el abandono en las manos de Dios, la fraternidad universal: tiene mucho que decir hoy en nuestra Iglesia. La espiritualidad del hermano Carlos es hoy un referente para muchos creyentes, y nuestra sociedad necesita de espiritualidad; está harta de discursos, de tecnología, de mentiras políticas y de engaños económicos; está harta de ser manipulada por los amos del dinero y de los tecnócratas que deciden cómo van a vivir muchas familias. Una parte importante de la sociedad no encuentra en la Iglesia la respuesta a sus inquietudes.

En el hermano Carlos aprendemos a ser hermanos universales, en fraternidades que caminan juntas en la misión. No pretendía hacer grupos espirituales, y mucho menos espiritualistas. Si nos quedamos en eso, en vez de espiritualidad tendríamos una ideología. La fraternidad no es un equipo espiritual, es una comunidad de hombres creyentes, a la escucha, que quieren vivir el amor fraterno como Jesús nos enseñó. Siendo servidor de todos, y no jefe o guía espiritual. Él nos da su Espíritu como guía. El hermano Carlos nos aporta la frescura del Evangelio, sin maquillajes, para vivirlo y gritarlo con la vida, el valor de Nazaret, la vida sencilla, humilde, compartida con los pobres, el valor de la visita, el encuentro, la amistad, la bondad, la humildad, el compartir caminos, el ecumenismo, la oración, el valor del desierto, la gratuidad, la amistad con Jesús amando a los más pobres y abandonados.

Nuestras fraternidades tienen que ser un reflejo del sueño de Jesús en el mundo y en la Iglesia, de forma valiente y decidida, con el riesgo de no ser comprendidos, de quedar en el último lugar.

Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas de España, octubre 2012

 

 

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