Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas

Asamblea Internacional

CARTA DE BRASIL

Reunidos 34 delegados de 22 países,  en la IX Asamblea General de la Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas, en Sao Paulo, Brasil, desde el 7 al 22 de noviembre de 2006, con el tema “Re-inventar el testimonio del Hermano Carlos, con la fuerza del Espíritu, en nuestras culturas e Iglesias”, saludamos a todos los hermanos de la Fraternidad Iesus Caritas.

Lejos del ruido de la ciudad hemos podido saborear la tranquilidad y el ambiente agradable de las “verdes praderas” del Centro Pastoral Santa Fe. Estamos bebiendo del pozo de nuestras experiencias de hermanos en Jesús de Nazaret, del testimonio del bienaventurado Hermano Carlos y de la pluralidad de nuestras experiencias de Iglesia, de culturas y de nacionalidades.

Tenemos mucho que aprender de la presencia de los otros, de cada una de sus presentaciones e intervenciones. Desde una actitud de apertura, oyendo atentamente los informes y testimonios de nuestros hermanos, nos sentimos interpelados a revisar nuestras propias vidas y nuestro ministerio sacerdotal ante  las dificultades y esperanzas de nuestro pueblo.

Hemos vivido la fraternidad de la manera que ustedes conocen: adoración diaria y celebración de la Eucaristía, día de desierto, compartir la Palabra de Dios leída en las Escrituras, en las historia y en las experiencias de cada uno. Las diferencias de lengua, raza, cultura y edad han sido ocasión para el conocimiento, la admiración y el respeto por los otros.

Brasil nos ha abierto su corazón y nos ha ayudado a abrir nuestros corazones, nuestra mente y -con la ayuda de alguna Samba- a mover nuestros cuerpos. La acogida y hospitalidad han sido extraordinarias. La Fraternidad Sacerdotal de Brasil y el Equipo de Apoyo nos han acompañado de manera constante e incansable. Las parroquias y comunidades, cuya vida hemos compartido durante el fin de semana, nos han permitido experimentar abundante y generosamente la vida. Las celebraciones de la fe han sido festivas, exuberantes, al mismo tiempo que humilde expresión de una fe liberadora y sencilla.

Brasil, toda América Latina y del Caribe, escucha “el grito de los pobres”, que nos llama a la solidaridad para cuestionar y ayudar a cambiar las instituciones económicas, políticas, económica y religiosas que oprimen y deshumanizan la tierra y el rostro de los hijos de Dios. Este testimonio de nuestros hermanos y hermanas, que luchan para estar presentes y caminar con sus comunidades eclesiales, es tan firme como el FIAT de María de Nazaret, Nuestra Señora de Aparecida.

Hemos tenido el privilegio de conocer algunos testigos de la Iglesia que nos llaman a vivir el Evangelio y a estar con los pobres. Hemos oído de teólogos latinoamericanos, de sacerdotes de la diócesis y misioneros, y de las Hermanitas de Jesús la respuesta de la Iglesia al Evangelio, que invita a una vida fraterna con todos los que el mundo considera últimos y de los que tenemos mucho que aprender.

Europa y Norteamérica gozan de prosperidad material, al mismo tiempo que ven crecer el relativismo y el pluralismo. La disminución de miembros de las congregaciones, el aumento de la edad media del clero, el escaso número de vocaciones y  los escándalos humillantes ensombrecen y preocupan. Sin embargo, en muchos lugares, grupos de jóvenes y adultos buscan la trascendencia. El desafío del diálogo con los inmigrantes es una fuerte llamada del Buen Samaritano hoy, para que ofrezcamos ayuda y hospitalidad. Como el Hermano Carlos, tenemos mucho que aprender en el encuentro con el Islam, que ahora llama a nuestras puertas.

Percibimos en nuestros países un gran deseo relaciones, de amistad y de verdadera fraternidad, pero esto coincide con una gran tragedia: La pobreza y exclusión material de millones de personas en muchas partes del mundo, acompañada en otras de un profundo empobrecimiento espiritual. Ambas perjudican las verdaderas relaciones humanas, la  apertura y la dignidad. El deseo de aceptación y de amor, tan frecuentemente insatisfechos, se refleja en el aumento de la violencia, del aborto, del suicidio y otras formas equivocadas de conducta. Mientras tanto, los pobres y los vulnerables son empujados a la marginalidad, como a tantos aquí, en Brasil. Algunos están obligados a vivir en condiciones infrahumanas, haciendo su vida casi insoportable.

La influencia de los inmigrantes afecta ahora a la mayoría de nuestros países. Las relaciones auténticas y la fraternidad son a menudo muy precarias debido a la falta de confianza. El aumento de la presencia del Islam en muchos de nuestros países es percibido como un desafío a las religiones establecidas. El diálogo y la comprensión mutua se convierten es una gran tarea. En muchos de nuestros países, la población católica está envejeciendo y declinando en número. Las iglesias evangélicas crecen con un espíritu creativo y nos invitan a una colaboración ecuménica. Algo del espíritu del Concilio Vaticano II ha sido sofocado. ¿Ha sido por temor a un futuro incierto o por falta de fe en la presencia del Espíritu Santo? Al mismo tiempo, el trabajo de los sacerdotes aumenta excesivamente. ¿Estamos tratando de asumir la tarea mesiánica de ayudar a resolver los problemas del mundo o, por el contrario, nos estamos transformando en “sacerdotes de sacristía”, desbordados por el trabajo y desilusionados?

Nuestra vida en la Fraternidad Sacerdotal es como la experiencia de los discípulos camino de Emaús. Puede ser que tengamos que compartir nuestras dificultades, pero sentimos arder nuestro corazón. Esto lo hemos experimentado aquí, en Sao Paulo. Jesús de Nazaret, el Dios que ha colocado su morada en medio su pueblo, que se ofreció asimismo a la muerte y ha resucitado, camina ocultamente con nosotros, dándonos su consuelo. El Hermano Carlos estaba seducido por este Dios, al que había abandonado en su juventud y que reencontró como amigo, en medio de su confusión y desolación. Su búsqueda del último lugar nos muestra la bondad de Dios que se inclina para amar y reunir a todas sus criaturas.

En el silencio de nuestra adoración y en la fracción del pan en la Eucaristía hemos encontrado la vida, que brota del inmenso amor y fraternidad de Dios, el Absoluto. En ellos descubrimos a nuestros hermanos y hermanas como los amados de Dios.

Nuestra experiencia de vida en la fraternidad nos ha conducido a la confianza y apoyo mutuo. Más allá de las encrucijadas y contradicciones que hay dentro de nosotros mismos y en nuestro mundo exterior, estamos invitados y llamados a seguir el camino menos conocido, el de Jesús de Nazaret, el del Hermano Carlos, el camino del pobre. En esta Asamblea hemos sido llamados a la fraternidad, a ser hermanos, a caminar con los cansados y agobiados, con los quebrantados y traicionados por las falsas promesas de la riqueza y del poder. Debemos estar presentes entre ellos, que, aunque sufran muchas privaciones, mantienen viva la esperanza de salvación en medio de la vida de cada día.

En el año 2007, los Obispos de América Latina y del Caribe se reunirán en Aparecida, en Brasil, para vivir de nuevo y reavivar el espíritu del Vaticano II y de las Conferencias anteriores de Medellín y Puebla. Nos unimos a ellos en este camino de esperanza por una nueva primavera de la Iglesia y de los pobres de América Latina y, también, ciertamente, de toda la Iglesia. Ha sido una alegría para nosotros haber visitado y orado juntos en el santuario de Aparecida, un fine de semana . Allí hemos tenido un encuentro con algunos miembros de la Fraternidad Laica

 Hemos visto la necesidad de renovar nuestras propias raíces en la vida de la Fraternidad y en el Evangelio. La beatificación del Hermano Carlos, en 2005, ha abierto su espiritualidad a toda la Iglesia. Esto nos invita a responder la siguiente pregunta: ¿queremos seguir el camino del Hermano Carlos en nuestra vida de sacerdotes? Necesitamos promover en nuestras fraternidades el valor y la importancia del día de desierto y del mes de Nazaret. Se trata de algo vital. En la beatificación el Hermano Carlos encontramos una oportunidad para renovar nuestros esfuerzos de acercamiento a los sacerdotes jóvenes de nuestras diócesis. Un compromiso más profundo con el Evangelio y con una vida sencilla es esencial. Esto nos conducirá a un más profundo amor y presencia en la vida de nuestro pueblo, especialmente entre los más pobres.

Recordamos a nuestros hermanos de algunos lugares de Asia, África, Australia y del Este de Europa, y lamentamos su ausencia debida a diferentes razones.

La gratitud es la memoria del corazón. Agradecemos sinceramente a Mariano y a los demás miembros del Equipo Internacional su servicio profético en la Fraternidad.

Pedimos la bendición de Dios para el nuevo Responsable Internacional, Abraham Apolinario (República Dominicana) y su equipo, José Bizón (Brasil), Richard Reiser (US) y Eddy Lagae (Bélgica). El futuro está en buenas manos.

Finalmente agradecemos a la Fraternidad de Brasil, a José Bizón, a todo el Equipo de Servicio y a las personas de Sao Paulo su generosidad y maravillosa hospitalidad.

Nos abandonamos al Padre, porque el camino es largo.

Entregamos el  futuro con confianza al amor de Jesús. Amén

 

Obrigado (a)

Sao Paulo, 23 de noviembre de 2006

 

 

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