Fraternidad Sacerdotal Iesus Caritas

Asamblea Internacional

DIRECTORIO

 ÍNDICE

ORACIÓN DEL ABANDONO

A MODO DE PRESENTACIÓN

NECESIDAD DE ESTA RENOVACIÓN

I) ESPÍRITU Y FINES

1.   A causa de Jesús y del Evangelio.

2.   Para ser hermanos de todos los hombres.

3.   Abandonándonos al Padre.

II) EN LAS ENCRUCIJADAS DEL MUNDO Y DE LA IGLESIA

-         Situados con una espiritualidad realista.

-         En medio del Mundo y dentro de la Iglesia.

-         Tomando posturas claras y públicas.

III) EN EL ESPÍRITU DEL HERMANO CARLOS

1.   Gestos concretos.

2.   En un mundo no cristiano.

3.   Exigencia de oración y recogimiento.

4.   Espíritu de las Bienaventuranzas.

IV) NUESTROS CAMINOS

1.   La Fraternidad.

2.   La Revisión de Vida.

3.   La Oración Contemplativa.

4.   El compromiso con la Fraternidad.

V) CON UN MÍNIMO DE ESTRUCTURA

1.   Encuentros periódicos.

2.   Correspondencia amistosa.

3.   Los responsables de fraternidad.

4.   Asamblea General.

5.   Comunión de bienes y mantenimiento.

  

ORACION DEL ABANDONO

Padre mío:

Me abandono a Ti,

haz de mí lo que quieras,

lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a  todo,

lo acepto todo.

Con tal que Tu Voluntad se haga en mí 

y en todas Tus criaturas,

no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.

Te la doy. Dios mío,

con todo el amor de mi corazón,

porque Te amo,

y porque para mí amarte es darme,

entregarme en Tus manos sin medida,

con infinita confianza,

porque Tú eres mi Padre.

 

A MODO DE PRESENTACIÓN

Hace ahora casi nueve años que salió a la luz la primera edición española -en lengua castellana- del Directorio de la FRATERNIDAD SACERDOTAL IESUS CARITAS, aprobado en Asamblea General (internacional) en agosto del setenta v seis, en Montefiolo (Italia).

Desde entonces acá, ha hecho un largo recorrido, aunque modesto, la Fraternidad Española, manteniendo sus constantes de servicio al clero diocesano, dentro de los contenidos y valores eclesiales del carisma del hermano Carlos, marcados por una pastoral de opción por los últimos, sostenida en la experiencia de fraternidad -encuentros fraternales-, con la práctica de la Revisión de Vida, el Desierto y la Adoración.

También en América Latina ha ido prendiendo, y lo sigue haciendo de forma creciente entre el clero de aquellas latitudes, la Fraternidad Sacerdotal. Nada mejor podía ocurrir. En aquellos países de lenguas latinas, países pobres, o mejor, empobrecidos por la garra del neocapitalismo tecnocrático y liberal, y donde el Evangelio de Jesús sigue siendo Buena Noticia de Liberación integral, las fraternidades de Carlos de Foucauld, no sólo tienen algo que aportar, sino mucho más que recibir.

En apoyo de esta afirmación, vayan unos párrafos tomados de la Asamblea Latinoamericana de esta Fraternidad, celebrada en Barueri, Sao Paulo (Brasil), del 20 al 30 de enero de 1981.

En todos los aspectos: económico, social, político, religioso, cultural, afectivo..., la práctica pastoral del sacerdote de la Fraternidad rechaza los abusos de poder (cf. Puebla, 500), procura superar las dominaciones y crear relaciones de Fraternidad y Libertad entre individuos, grupos, cuadros y estructuras sociales; y para eso no vacila en tener que tomar posiciones claras y públicas y hasta provocar rupturas indispensables, atendiendo a otra palabra de orden del Hermano Carlos: "No sean centinelas dormidos, perros mudos" (pfo. 5)”.

“Los preferidos del sacerdote de la Fraternidad son los menos amados, los más desfavorecidos, los que nada tienen de atrayente, los marginados de la vida, los oprimidos, los que sufren injusticia. Esto no se da sin una presencia gratuita entre ellos. El sacerdote de la Fraternidad se pregunta continuamente si ellos a su vez lo aceptan como amigo” (pfo. 7).

“El sacerdote de la Fraternidad ve los acontecimientos de la vida desde la óptica del mundo de los pobres que nada tienen que perder, porque nada tienen” (pfo. 8).

“El sacerdote de la Fraternidad persevera con coraje en su trabajo liberador de cada día, como si todo dependiese de él, sabiendo, sin embargo, que todo depende de Dios; y no pierde su alegría en los fracasos, porque su fuerza está en su aparente inutilidad”(pfo. 9).

Hoy, cuando esta segunda edición castellana sale a la calle, principalmente bajo la demanda del clero de los países de América Latina, sentimos el gozo de sabernos instrumento del Espíritu, unidos en la obra de liberación que Cristo Resucitado sigue alentando entre los pobres y a favor de los pobres de cualquier parte del mundo.

Nuestra fuerza es la Esperanza. Virtud teologal que hace de gozne entre la Fe y la Caridad. Y nuestra Esperanza hoy es la del abrazo fraternal que habrá reconciliado definitivamente al hombre con el hombre, desterradas las injustas diferencias y los abusos de cuantos no quieren renunciar a sus privilegios que los sitúan por encima y en contra de sus hermanos desheredados.

Cristo Resucitado es el garante de esta Esperanza: "No temáis; yo he vencido al mundo" (Jn. 16, 33). Y el Padre, en quien toda fraternidad adquiere su razón última y fundamental, nos mantiene en el Espíritu de su Amor, para que sea el Amor nuestra arma única de combate: "Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único" (Jn. 3, 16).

Mientras tanto, cuantos nos acercamos en América Latina, en España, o en cualquier parte del globo a la Fraternidad Sacerdotal "Iesus Cáritas", en comunión con la Iglesia Universal y a causa de Jesús y del Evangelio, sentimos la urgencia de animarnos unos a otros todos los días, para que ninguno sea víctima del desánimo, del desencanto, del cansancio, de la desesperanza (cf. Heb. 3, 13). Esta será, en definitiva, la razón y la fuerza de nuestro existir.

LAS FRATERNIDADES DE LENGUAS HISPANICAS

Marzo de 1985

 

NECESIDAD DE ESTA RENOVACIÓN

(Introducción al Nuevo Directorio)

 

"Asi habla el Señor, Yahvé, a estos huesos:

«He aquí que voy a infundir en vosotros el espíritu y viviréis»".

(Ez. XXXV, 5)

Desde hace algunos años, muchos de nosotros sentían la necesidad de una profunda renovación de los estatutos de la Fraternidad. Estos estatutos se habían elaborado y aprobado en 1962. ¡Catorce años ya! Desde entonces, el mundo ha continuado su marcha. Ha cambiado mucho, y la Iglesia ha conocido la renovación conciliar.

También las fraternidades han evolucionado durante este tiempo. En las distintas regiones, día tras día, a causa de los acontecimientos del mundo y de los cambios habidos en la Iglesia, se trazaron caminos nuevos y en la fidelidad se han abierto los oídos a nuevas llamadas.

Esta experiencia cotidiana y esta atención a la vida de los hombres, a la llamada de Dios, al carisma del Hno. Carlos, nos han hecho ver que la formulación de las exigencias que la Fraternidad había asumido no resultaba ya adaptada a lo que actualmente estamos viviendo.

Por esta situación, algunas fraternidades han llegado a experimentar un cierto malestar. Unas preferían no volver a pensar en estatutos, otras, no hablar ya más de consagración...

Por eso, los regionales de la Fraternidad, reunidos en Asamblea General, en este mes de agosto de 1976, quieren poner en común cuanto consideran esencial de lo que hoy viven las fraternidades repartidas por el mundo.

En septiembre de 1974, se invitó a las fraternidades a manifestar sus reacciones a un proyecto de Directorio propuesto por P. Hünermann en el núm. 66 del Correo Internacional.

Partiendo de la reflexión y de las sugerencias recogidas de todas las regiones, la Asamblea General ha podido sacar a la luz las convicciones que nos animan y las exigencias que nos unen sobre los caminos tan diversos por los que marchamos hoy.

Con el agradecimiento por este encuentro, los miembros de la Asamblea quieren compartir la alegría de esta buena noticia con todos los hermanos de sus regiones, para que sea para ellos luz y vida.

Montefiolo, 23 de agosto de 1976


 

I) ESPÍRITU Y FINES

1.  A CAUSA DE JESÚS Y DEL EVANGELIO

Los sacerdotes, vienen a la Fraternidad por distintas motivaciones: la experiencia de vida comunitaria, la apertura entre hermanos, la posibilidad de ser admitidos a un diálogo y de ser aceptado, de vivir la experiencia de Jesús, amado por Sí mismo, la búsqueda de nuevos caminos en la Iglesia hoy.

Pero, en última instancia, es a causa de Jesús y del Evangelio por lo que nos reunimos. Lo encontramos realizando en el mundo su obra de salvación; lo reconocemos en la Eucaristía, en el corazón de nuestra vida y de nuestra fe. El Hno. Carlos nos ha ayudado a redescubrir esta fuente de nuestra vocación cristiana y sacerdotal: “Amo a Nuestro Señor Jesucristo con un corazón que querría amarle más y mejor. Pero, en todo caso, le amo, y no puedo soportar llevar una vida distinta a la suya”[1].

De esta manera, para nosotros, lo esencial de nuestra vida se expresa en las palabras: “Jesús Amor”, IESUS CARITAS”.

El Evangelio, es, ante todo, la fuerza de liberación del Resucitado que nos llama. Queremos escuchar esta Palabra de Dios en nuestro tiempo, guardarla como María, vivirla y proclamarla. Queremos animarnos mutuamente a dejarlo todo a causa de Jesús y del Evangelio. El Hno. Carlos vio su vocación en esta vida según el Evangelio: “Volvamos al Evangelio, de lo contrario Jesús no vive en nosotros”.

2.  PARA SER HERMANOS DE TODOS LOS HOMBRES

El encuentro, con Jesús en el Evangelio y en la Eucaristía condujo al Hno. Carlos a encontrarlo en sus hermanos: “Todo lo que hacéis a uno de estos más pequeños, que son mis hermanos, a mi me lo hacéis” (Mt. XXV). Vivió con los más desheredados para compartir su vida, solidarizándose con ellos y trabajando con ellos en su promoción.

Se le ha llamado “el hermano universal”. Con este espíritu recibió el Hno. Carlos la ordenación sacerdotal que le ponía al servicio de los hombres de una manera nueva.

Nosotros, sacerdotes diocesanos, tenemos que vivir esta fraternidad llevando a cabo entre los hombres la misión que nos confíe la Iglesia. Somos responsables del anuncio del Evangelio. En comunión con la vida de los hombres, y aprendiendo de ellos el amor a Jesús, somos impulsados por el Evangelio a hacer que nazca el espíritu fraternal.

En la Eucaristía, el Señor vive con nosotros y nos invita a ser solidarios de los hombres y atentos a los menos amados, lo que es también para nosotros una forma de contemplación.

3.  ABANDONÁNDONOS AL PADRE

Si cada día decimos con el Hno. Carlos: “Padre mío, me abandono a Ti, haz de mí lo que quieras...” expresamos que queremos consagrar toda nuestra vida sin reservas a Dios y a los hombres. Nuestras fraternidades pretenden ayudarnos en el aprendizaje de este abandono de cada día por los caminos concretos por los que hemos sido llamados.

 

II) EN LAS ENCRUCIJADAS DEL MUNDO Y DE LA IGLESIA

Los hombres y los pueblos de hoy reclaman el derecho a asumir su propio destino; quieren ser responsables. Aspiran a un mundo de justicia y de fraternidad. Y en medio de tensiones y desgarramientos, de guerras de todas clases, a través de sus combates y sus luchas se esfuerzan por construir un mundo que quieren distinto.

El pueblo de Dios vive estas rupturas y estas luchas, estas esperanzas y progresos, a través de los cuales descubre la fuerza del Resucitado llamando a los hombres. La Iglesia misma conoce sus propias tensiones y sus rupturas con otras confesiones o Iglesias diferentes.

Las fraternidades son parte integrante de todo esto. La aspiración a la vida evangélica de las fraternidades y de cada uno de sus miembros no se vive en un ghetto religioso, sino en medio del mundo y dentro de la Iglesia.

Así fue como el P. de Foucauld se situó, con una espiritualidad realista.

Los hermanos participan, en la esperanza, en el nacimiento de este mundo nuevo, como en los dolores y alegría del alumbramiento del Reino que llega. Como sacerdotes diocesanos, viven estas situaciones generales o locales desde sus propias responsabilidades. Que son las de acompañar a su pueblo en sus preocupaciones , alegrías, luchas de liberación, en su búsqueda de una esperanza.

En esta situación, las fraternidades están llamadas a vivir con este pueblo en un estilo de vida fraternal y evangélica, y a conservarlo por medio de la revisión de vida y la oración. Esto supone, a veces, tomar posturas claras y públicas, y hasta, posiblemente, rupturas indispensables: “No seáis centinelas dormidos, perros mudó”. La revisión de vida remite a cada hermano a su fe, a su servicio y a su responsabilidad con relación a este pueblo.

 

III) EN EL ESPIRITU DEL HNO. CARLOS

“Fijémonos en los Santos, no para imitarlos a ellos,

sino para imitar a Jesús”.

Toda la vida del Hno. Carlos fue una búsqueda continua para vivir el absoluto de Dios y la fraternidad universal, en el contexto de su época.

Su testimonio está en el origen de las fraternidades y para muchos ha sido la fuente de su vocación a la Fraternidad. Este testimonio forma parte de nuestra historia. Pero el estilo y los gestos concretos del Hno. Carlos no son para reproducirlos por sí mismos. Cada fraternidad redescubre estas intuiciones según su propio caminar en medio de los hombres, de cara a nuestro tiempo.

1. GESTOS CONCRETOS

Amar a Dios y a los hombres requiere gestos concretos. Y así el Hno. Carlos

- Se hace solidario con los más pobres.

- Imita la sencillez de Nazaret, especialmente por la vida de trabajo.

- Renuncia a los privilegios.

- Recibe y acoge a todos los hombres aceptando su cultura, su nacionalidad, su medio social, su raza.

- Se compromete en la defensa de los oprimidos y en la liberación de los esclavos.

- Estudia el mundo de los tuareg y aprende su lengua.

- Conoce algunas rupturas con su medio de origen, manteniendo intactos los lazos de una amistad fiel.

2.  EN UN MUNDO NO CRISTIANO

El Hno. Carlos vivió el misterio de la Iglesia en un mundo no cristiano. Esto le empujó:

- A “gritar el Evangelio con toda su vida”.

- A buscar una nueva manera de presencia de la Iglesia en medio de los más desheredados y de los que no son cristianos.

- A trabajar durante toda su vida en la creación de pequeñas fraternidades, que sólo vieron la luz después de su muerte.

- A mantener la adhesión a la Iglesia y a sus responsables. a pesar de las torpezas y limitaciones de su época.

- A una audacia misionera para abrir caminos nuevos al Evangelio.

3.  EXIGENCIA DE ORACION Y RECOGIMIENTO

Para el Hno. Carlos, vivir así es consecuencia de su adhesión a Jesús, y esta fidelidad le empuja a imponerse una exigencia de oración y recogimiento.

En un ritmo de vida diario marcado por la penitencia,

- Medita cada día las palabras, hechos, espíritu de Jesús en la Sagrada Escritura.

- Participa en la oración de la Iglesia por medio del Oficio Divino.

- Adora con Jesús al Padre en una oración eucarística animosa y prolongada. Intercede con Él por todos los hombres.

- Celebra el memorial de la Pasión y la Resurrección de Jesús en la Eucaristía diaria.

- Asimismo, se reserva largos tiempos de soledad: días de desierto, oración nocturna, ejercicios, retiros y tiempos regulares de lectura espiritual y de trabajo intelectual.

4. ESPIRITU DE LAS BIENAVENTURANZAS

Después de su conversión, el Hno. Carlos estuvo muy marcado por el espíritu de las Bienaventuranzas, y así,

- Vivió la pobreza real en todas las dimensiones de su vida, hasta la aceptación de una muerte aparentemente inútil.

- Vivió la castidad como signo de amor exclusivo por Jesús, en fraternal cercanía a los hombres.

- Vivió la obediencia en medio de iniciativas numerosas y variadas, como búsqueda de la voluntad del Padre y participación del sacrificio de Cristo.

- Tenía, también, hambre y sed de justicia, quería ser artífice de paz, hasta aceptar ser perseguido.

 

IV) NUESTROS CAMINOS

Los caminos de la fraternidad no se dejan definir por prescripciones jurídicas, exigencias, estatutos, etc. El carisma del Hno. Carlos, la experiencia de las fraternidades, han permitido descubrir los caminos concretos por donde el Señor nos conduce. En este sentido deben entenderse las páginas siguientes.

I.  LA FRATERNIDAD

La fraternidad no es un simple medio al servicio de un ideal de perfección personal, sino un lugar en el que recibimos una llamada de Dios definida y dónde toma cuerpo la aventura evangélica de cada uno.

Por esta razón es una verdadera comunidad de Iglesia.

Es una comunidad fraternal, es decir, un lugar donde cada uno se siente reconocido, aceptado tal como es, con todo lo que constituye su vida, donde se respetan y aceptan las peculiaridades. Es un lugar de compartir, en la sencillez, la vida de cada uno, el lugar en el que puede encontrar su sitio una verdadera amistad humana. Esta amistad podrá traducirse de distintas maneras: visitas gratuitas, cartas, teléfono, diversión en común.

Pero vivir en fraternidad es, esencialmente, comprometernos unos con otros: cada uno debe sentirse responsable de todos. La fraternidad debe atender a todo sacerdote que pida vivir en ella, pero quedando muy claro este compromiso reciproco y sus exigencias: la fraternidad sólo puede alcanzar su fin cuando sus miembros se sientan comprometidos de manera estable.

Es una comunidad de Iglesia, es decir, un lugar en el que hacemos la experiencia del encuentro con Jesús. Como los discípulos de Emaús, compartiendo nuestras preocupaciones, la Palabra y la Eucaristía, descubrimos la presencia siempre actual de Jesús Resucitado y Salvador del mundo.

Es el lugar donde juntos, hacemos el aprendizaje de la oración y donde, a la luz del Evangelio, nos interpelamos en la verdad, con valor, sin complicidades, para descubrir las llamadas del Señor. Esta experiencia de lo diverso nos abre a la universalidad.

Es el signo de lo que queremos vivir con todos, y el anuncio de que en Jesucristo, esto es posible.

Una fraternidad agrupa, normalmente, 5 ó 6 sacerdotes.

Tanto si es un pequeño grupo que se reúne cada mes, como si es un equipo de trabajo, o sacerdotes que viven juntos, o que tratan de encontrarse, lo importante es el “día de fraternidad”. Este encuentro debe incluir, mientras sea posible: descanso, comida, cambio de impresiones, revisión de vida, lectura de la Biblia, oración silenciosa y prolongada y celebración de la Eucaristía.

No se puede vivir esto sin un tiempo largo de reunión. Es preciso tomárselo.

Además de las fraternidades que se reúnen con regularidad, hay un cierto número de sacerdotes que por distintas razones se encuentran en situaciones habituales de lejanía y aislamiento. Hay que intentarlo todo para que estos sacerdotes puedan mantener un vínculo con una fraternidad, para que puedan participar en la revisión de vida por una correspondencia regular, para que sean invitados a las reuniones, retiros y al mes de Nazaret de la región.

Todos los hermanos y, muy especialmente los responsables, deben preocuparse de mantener con estos hermanos los lazos del correo, de las visitas y de una ayuda amistosa.

La decisión de vivir en fraternidad, se hace por etapas.

Después de algún tiempo de vida en fraternidad, corresponde a los miembros de cada fraternidad, habida cuenta de las condiciones de vida de cada cual, pedirle al sacerdote “entrante” que se pronuncie sobre su deseo de pertenecer a la fraternidad, sobre todo, si éste participa en los encuentros de manera irregular.

Normalmente, el sacerdote que quiere manifestar su pertenencia no solamente a una fraternidad, sino a la Fraternidad entera, participa en el mes de Nazaret y hace un compromiso explícito. Entonces es considerado como miembro de la Fraternidad.       

La animación de las fraternidades, el cuidado por cada miembro, la vinculación con las demás fraternidades, y su carácter eclesial, exigen un responsable. Los hermanos esperan de é1 que prepare los encuentros (lugar, fecha, distribución de tareas), que esté atento a que todos puedan expresarse, que saque conclusiones concretas, que recuerde los compromisos, los retiros. Que esté en contacto con las demás fraternidades y sacerdotes, que busque un contacto personal aparte de las reuniones, y que rece por sus hermanos. Está en medio de sus hermanos “como quien sirve”.

2.  LA REVISIÓN DE VIDA

Es, sobre todo, en la Revisión de Vida donde la fraternidad ejerce su función como regla de vida. Se habla mucho de revisión de vida, pero indicando realidades diferentes: distintos intercambios, estudios de Evangelio, revisión de vida apostólica. Para nosotros, en fraternidad, la Revisión de Vida es un acto de fe común, en el que compartimos los acontecimientos, preocupaciones, esperanzas y decepciones, una lectura en común de la vida para descubrir en ella las llamadas del Señor.

Una Revisión de Vida así exige cierto valor, pero sentimos que la necesitamos.

La Revisión de Vida es, primeramente, una mirada contemplativa a la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Y al mismo tiempo, es el medio de una conversión permanente que debe alcanzar también a lo mejor de cada uno, para estar siempre disponibles a las llamadas del Señor, precisamente allí donde no se esperaban, donde no le habíamos visto u oído hasta ahora. La Revisión de Vida nos ayuda a descubrir al Señor siempre más grande, siempre distinto e, incluso, desconcertante para nosotros.

Hay una unidad de proceso entre la Revisión de Vida y los demás medios de la Fraternidad. La Revisión de Vida se prepara preferiblemente en el desierto, siempre en la oración y, si es posible, por escrito. Mejor es no hacerla que improvisarla. Supone un clima de oración, escucha de la Palabra de Dios, atención de unos para con otros. No hay que temer los momentos de silencio. Hay que tener el valor de interrogarse mutuamente, con delicadeza, pero con franqueza, sin miedo a las tensiones y a los posibles enfrentamientos. La falsa amistad es la muerte de las verdaderas revisiones de vida y, por tanto, de la fraternidad.

Hacer Revisión de Vida implica un compromiso de cada uno para la realización de las llamadas recibidas juntos. Cada uno debe sentirse responsable y solidario de los demás.

Una Revisión de Vida auténtica puede introducirnos en el misterio de la muerte y resurrección de Cristo actuando en nosotros. Y, a veces, nos conducirá hasta el sacramento de la reconciliación.

3.  HACIA UNA ORACIÓN CONTEMPLATIVA

Para que sea posible una verdadera fraternidad, tiene que estar la vida de cada uno de sus miembros enraizada en una actitud contemplativa.

Pero, a menudo, vamos penosamente por los caminos de la oración. El mismo Espíritu Santo viene en ayuda de nuestras debilidades y nos empuja a perseverar en el trato con el Señor Jesús: “leer y releer sin cesar el Santo Evangelio para tener siempre presentes los hechos, palabras y pensamientos de Jesús, a fin de pensar, hablar y actuar como Jesús”.

El amor que Dios nos ha manifestado por el don de su Hijo hasta la muerte de cruz, el testimonio del Hno. Carlos, y la llamada de nuestros hermanos y hermanas, nos incitan, día tras día, a una mayor fidelidad:

- A la adoración eucarística regular y prolongada. Algunos le dedican una hora diaria.

- A la lectura meditada de la Escritura.

- A la práctica mensual del día de "desierto", que se revela como un medio importante para reconocer el absoluto de Dios en nuestra vida.

Cada cual se esfuerza por encontrar el ritmo de oración que le va mejor, y llevar a la Revisión de Vida con su fraternidad los puntos concretos en los que se pone en juego su fidelidad a Dios y a los hermanos.

4.  COMPROMISO

Desde el comienzo de la Fraternidad, la vida en fraternidad y la Revisión de Vida nos han hecho descubrir el absoluto del amor de Dios y de los hombres. Nos hemos sentido empujados a expresar esto por medio de un compromiso, tradicionalmente llamado consagración. Al mismo tiempo, esta consagración resulta problema. La experiencia nos ha hecho ver que no hay que considerarla como votos religiosos, ni como una consagración en un Instituto secular.

En realidad, es Dios quien nos ama primero. Queremos realizar un acto de reconocimiento de este amor y comprometer toda nuestra vida en la acción de gracias. Este amor nos da la libertad de poner en sus manos toda nuestra vida, actual y futura.

Este paso se da a la luz de las Bienaventuranzas y para la "vida del mundo". Teniendo en cuenta la diversidad de carismas, es un acto de abandono personal y definitivo en el amor del Padre, la entrega de la vida y en el ministerio entre los más pobres, un compromiso de entregarse por completo a la liberación de un pueblo.

Todo esto expresado en función de los caminos concretos por los que Dios llama a cada hermano hoy.

Es, ante todo, aprender a vivir pobres en un mundo constantemente tentado por la riqueza; a vivir la dependencia en un mundo al que aplastan e impiden liberarse los abusos de poder; a vivir el amor en un mundo en el que los no amados son cada vez más numerosos; a vivir la fraternidad en un mundo desgarrado y en una Iglesia dividida.

Y es, al mismo tiempo, aprender a conectar con lo que hay de mejor en los hombres, en la utilización de la riqueza en beneficio de todos; en el espíritu de servicio que les anima desde el fondo de sus responsabilidades, en el amor que da sentido a sus vidas.

El papel de la fraternidad en este proceso es importante: Cada uno toma a sus hermanos como testigos de su compromiso, y les pide responsabilizarse juntos del mismo.

En concreto, nos comprometemos a vivir en fraternidad según el espíritu de este documento.

La fraternidad debe ayudar a los hermanos a hacer de este compromiso un gesto definitivo, en respuesta al amor de Dios. Pero un acto de esta índole, no es deseable sino tras una maduración personal y una experiencia prolongada de ministerio pastoral y de vida de fraternidad. Con anterioridad, esta respuesta de amor de Dios se expresará en un compromiso periódico y renovable. Y finalmente, en un compromiso definitivo.

Sea temporal o definitivo, el compromiso será revisado cada año en fraternidad con este espíritu, para ser renovado y actualizado por cada uno.

 

V) CON UN MINIMO DE ESTRUCTURA

El carisma del Hno. Carlos admite más descubrimientos. Las perspectivas que se presentan aquí no son más que los caminos por donde vamos ahora. Y, además, se viven de modo distinto en las distintas regiones. De aquí nace para cada región la responsabilidad de ahondar en esta búsqueda y de comunicarla a las demás regiones.

1.  ENCUENTROS

El convencimiento de que una fraternidad aislada no puede subsistir y de que es indispensable el intercambio, ha llevado a la Fraternidad a prever diversos encuentros a distintos niveles.

La experiencia ha demostrado la importancia de algunos de estos encuentros:

- Jornadas centradas sobre un tema, con un ritmo semestral (uno o dos días).

- Retiros anuales, nacionales o internacionales (una semana).

- Mes de Nazaret, bien en el momento del compromiso estable en la Fraternidad, bien como renovación de este compromiso.

- Los retiros en soledad.

- La Asamblea General cada seis años, que permite una revisión profunda de la Fraternidad.

Todos estos encuentros sirven no solamente para la renovación personal de cada uno, sino que son una experiencia de vida comunitaria, de vida de fraternidad. Y permiten a las fraternidades y a las regiones renovarse y descubrir la dimensión universal de la Iglesia.

2.  CORRESPONDENCIA

Además de los encuentros, un importante medio de contacto es el correo en todas sus formas: individual, de fraternidad, regional, nacional e internacional.

Esta correspondencia permite compartir con todos los dones y experiencias de cada uno. Supone la participación de todos en esta puesta en común.

Un bien común, absolutamente necesario para la profundización de la fe en las fraternidades, son también los trabajos más elaborados sobre algunos temas.

Todos estos correos son especialmente útiles a los hermanos aislados y que están lejos.

3.  LOS RESPONSABLES Y SUS FUNCIONES

El servicio a las fraternidades y su dimensión eclesial requiere la existencia de responsables en los diferentes niveles de la Fraternidad. La experiencia enseña que la renovación de las fraternidades exige la renovación de responsables.

A)    Niveles de responsabilidad

a) El responsable de Fraternidad (Ver IV, 1).

b) El responsable diocesano o ínterdiocesano

Su papel es posibilitar los encuentros de fraternidades (intercambios, retiros, etc...), ayudar a los responsables de fraternidad, mantener el contacto entre ellos por medio de reuniones regulares. Él es el lazo de unión con la Región.

Presta especial atención a las fraternidades en formación, para orientarles, sobre todo facilitando su participación en el mes de Nazaret.

Se preocupa, especialmente, de las fraternidades aisladas y también de las más antiguas, para ayudarles a superar la rutina que puede invadirlas y favorecer la renovación.

Tiene conciencia de que le atañen las aspiraciones y necesidades espirituales del presbiterio diocesano.

c) El responsable regional

Una región se compone de un conjunto de fraternidades establecidas en un territorio que presenta una cierta unidad geográfica, lingüística.

El responsable regional o el equipo de responsables regionales de un mismo país tienen como primera tarea poner de relieve en qué aspecto las necesidades de los hombres de ese país son una llamada a profundizar en los valores de la Fraternidad.

Lleva a cabo esta tarea en conexión con los responsables diocesanos: organizando meses de Nazaret, sesiones, reuniones, retiros, y con el correo regional, dando a conocer la Fraternidad (folletos).

En sus encuentros, con los demás responsables regionales y con el responsable general, verifica la autenticidad de la evolución de la Fraternidad en su país, y encuentra la apertura hacia dimensión universal, en la complementariedad.

d) El responsable general

A lo ancho del mundo, la Fraternidad se vive de manera diferente y evoluciona con distintos rostros. Esta diversidad necesita que el responsable general garantice la unidad:

- Recordando el carisma del Hno. Carlos.

- Ayudando a cada región a discernir las llamadas del Señor.

- Permitiendo el diálogo y el intercambio entre las distintas regiones.

- Preocupándose, especialmente, de las regiones que nacen, que pasan por dificultades o están aisladas.

- Reconociendo, con la ayuda de su equipo, una región en formación como región constituida. Esto lo hará a petición de esa región, teniendo en cuenta algunos criterios: existencia de varias fraternidades, compromiso estable, participación en el mes de Nazaret, elección de un responsable, correo.

Los medios para realizar esta tarea son los encuentros personales y en equipo con los responsables regionales, los encuentros internacionales, las visitas, el correo internacional y la asamblea general.

Después de su elección, el responsable general se escoge un equipo de colaboradores con el que forma una fraternidad. Lo que implica conocimiento profundo, trabajo regular y Revisión de Vida.

Designa entre ellos a un asistente, que le reemplaza en caso de necesidad.

Para constituir este equipo, consulta a la asamblea general, y somete su proyecto a la aprobación de ésta.

B) Designación de responsables y duración de su mandato

A causa del carácter propio de la Fraternidad, de su pluralidad y de su evolución, la tarea de los responsables exige tanto un dinamismo espiritual y creativo, como cualidades administrativas.

Por supuesto que un responsable debe estar comprometido en una fraternidad de manera estable y haber participado en un mes de Nazaret.

a) Modo de designación

Toda elección en el interior de la Fraternidad se preparará con una consulta a nivel de las fraternidades.

- El responsable de fraternidad es elegido por los miembros de su fraternidad. Los responsables diocesanos confirman esta elección.

- Los responsables diocesanos son elegidos por los miembros de las fraternidades de su diócesis o interdiócesis. El regional confirma esta elección, previo acuerdo con el obispo de la diócesis, ya que esta responsabilidad es un servicio de Iglesia.

- El responsable regional se elige después de consultar a las fraternidades, a los responsables de fraternidades y diocesanos. Se propone una lista de candidatos. Todos los miembros de las fraternidades comprometidos de manera estable pueden participar en la elección.

- El responsable general sigue el desarrollo de esta elección y confirma su resultado tras la aprobación del Obispo de la diócesis.

- El responsable general es elegido por la asamblea general (previas votaciones indicativas) según el procedimiento siguiente: mayoría de 2/3 en las dos primeras vueltas, mayoría absoluta en las vueltas siguientes. Debe tener el asentimiento de su Obispo.

b) La duración de los mandatos

- Responsable de fraternidad: 3 años.

- Los demás responsables: 6 años.

Los mandatos no son renovables; excepto para el de fraternidad, después de un intervalo.

4. LA ASAMBLEA GENERAL

La Asamblea general está compuesta por:

- Los responsables regionales.

- Los delegados de las regiones en formación, con voto consultivo.

- El responsable general y su equipo.

- Los antiguos responsables generales, con voto consultivo.

Se reúne estatutariamente cada seis años, convocada por el responsable general. Está presidida por el responsable general o, en su defecto, por el asistente.

Se reúne para:

- Una revisión de vida de la Fraternidad.

- Un intercambio internacional.

- Adoptar la regla de vida a las nuevas situaciones.

- Elegir al responsable general.

5.  COMUNIÓN DE BIENES Y MANTENIMIENTO

La pertenencia a la Fraternidad debe concretarse también en una solidaridad financiera que permita su funcionamiento habitual. Con este fin, cada región debe designar un tesorero y determinar una cotización que se repartirá entre las cajas regionales, nacionales e internacional.

La caja internacional está bajo la responsabilidad del responsable general y la contabiliza un tesorero internacional.

[1] Los textos citados son del P. De Foucauld.

 

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