Crónica del retiro de la Fraternidad Sacerdotal del verano 2.005

El día 21 de agosto dio comienzo nuestro tradicional Retiro de Verano en la Casa Diocesana de La cerca, en Los Molinos, Madrid, animado por Dolores ALEIXANDRE, y con la asistencia de 38 sacerdotes de la fraternidad Sacerdotal y simpatizantes de distintas diócesis de España. El día 22, por la mañana, tuvo lugar la presentación de la misma sobre el tema “Portadores de las marcas de Jesús (Gal 6,17)” resaltando cómo el término “sello” evoca en la Biblia no sólo el instrumento, sino la marca o huella que deja, y cómo la marca del sello manifiesta que ya hay un propietario, y la inviolabilidad para otros. Sellar significa en la Biblia que Dios toma oficialmente posesión del ser humano. “Fuisteis sellados con el sello de la promesa” (Ef 1,13) “El Espíritu Santo os selló” (Ef 3,40) “Cristo nos marcó con su sello” (2Co 1,21)

Alusión a los personajes del A.T. que fueron “sellados”, marcados por Dios: Jacob, Moisés… Is 49,16, etc. En el N.T. Dios deja una profunda huella en María (Lc 1,47) y son numerosas las huellas de Jesús sobre las personas: la suegra de Pedro, el leproso, la mujer que padecía flujo de sangre… A los discípulos que siguieron a Jesús les quedó grabada en la memoria la hora del encuentro…

Invitación a acercarse a estos personajes para dialogar con ellos y preguntarle en qué consistió ese quedar “grabados” por Jesús… Hacer memoria de personas que a lo largo de nuestra vida han dejado su huella sobre nosotros.

El segundo día trató sobre la Nueva sabiduría del Evangelio que se manifiesta en las parábolas. Necesidad de abrirnos a esa sabiduría. Frente a la lógica “plana”, Jesús propone lo inaudito, enfrenta lo esperable con lo sorpresivo, lo ordinario con lo insólito… Son como un cometa que ilumina con su órbita de luz otro planeta oscuro, y lo que consideramos “corriente” queda desafiado por extrañas propuestas que como una epifanía rompen su horizonte  estrecho y dejan ver otras posibilidades inéditas, capaces de abrirnos a una libertad y a una esperanza ilimitada. Las parábolas son un “anzuelo” que nos “pesca” del ámbito que creíamos inevitablemente nuestro y nos descubren un tesoro inimaginable.

De aquí nace la necesidad de mirarnos con los ojos de Jesús. Sus parábolas nos descubren nuestra pobreza y fragilidad, a la vez que nos trasmiten una gran confianza. Somos tierra con  cardos, pero hay en nosotros una porción de tierra buena… La semilla sembrada por Dios crece más allá de nuestro control… Somos pequeños e insignificantes como granos de mostaza, pero con una fuerza capaz de transformarse en un gran árbol… Nosotros somos algo más que una masa insípida e inerte, que la levadura escondida en ella puede transformar… Lo propio nuestro es perdernos, dormirnos, endurecer nuestro corazón… pero Alguien cree en nuestra capacidad de dejarnos encontrar y volver a casa, estar en vela… ser misericordiosos, convertir nuestras deudas en amor.

Hay en nosotros un sacerdote y un levita desentendidos e indiferentes que pasan de largo, pero también hay un samaritano capaz de acercarse… Quizá lleguemos a la sala de los banquetes andrajosos y polvorientos, pero el rey que nos ha invitado nos espera con la mesa puesta. No sabemos grandes cosas, pero Dios se fija en lo elemental…

De aquí la necesidad de mirar a Jesús con imágenes de sus parábolas: el hombre que encontró un tesoro escondido, levadura hundida en nuestra masa, tierra buena que acoge y alberga… constructor sabio que te sientas a calcular si en tu corazón hay suficientes recursos, y después de pensarlo te pones en pie y comienzas a obrar… Rey que declara la guerra al egoísmo y calcula si será capaz de derrotar a ese temible enemigo… Flautista que tocas en las plazas tocando a veces melodías tristes para que no olvidemos las historias de injusticia y opresión… pececito atrapado en la misma red de la humanidad… viñador que sigues descubriendo posibilidades en esa higuera seca que somos cada uno… Denario que el Padre pone en nuestras manos… samaritano que te compadeces de gente que va herida y de acercas a  sanar lo que puedes…

Jesús nos dice: “Dadles vosotros de comer”. Nos sentimos enviados a hablar de ese Padre, aunque su invitación no despierta deseos ni expectación. Intento explicarles que tu sueño es traer a todos sus hijos en torno a su casa… y después de tanto hablar y trabajar me pregunto por qué se resisten tanto a relacionarte con la fiesta, la mesa y la danza compartida… Les digo que tú esperas impaciente a que se llene la sala del festín… les hablo de tu amor y tu perdón… Les cuento historias como el maná que se agusanaba cuando guardaban de más… Pero tiene tatuado el instinto de precaución y la obsesión por el mañana… que cuando les hablo, me miran como si hubiera perdido el juicio… Siempre las mismas palabras: no tenemos, es poco, despídelos. Pos eso, cuando cogí en mis manos los panes y levanté mis ojos al cielo, estaba queriendo orientar su mirada hacia ti, de quien lo recibimos todo… Cuando empecé a repartir, la gente comenzó a ofrecer… era tu vida que circulaba entre ellos… Es la Pascua… Tú te revelaste para hacernos libres.

Para el desierto, fuimos invitados a aprender de Moisés (Ex 34,1-5) El texto tiene una estructura dialogal en la que el Señor habla y Moisés responde. En un segundo momento hay que tratar de captar las resonancias simbólicas de algunas expresiones: “Lábrate dos losas… yo escribiré en ellas”, “prepárate”, “sube”, “espérame”. Son palabras dirigidas a ti y como tales hay que escucharlas. Identificarse con Moisés y esperar en la cumbre a que baje el Señor. Él siempre estará más allá del alcance de nuestra mirada, nunca se dejará poseer. Él reclama una espera vigilante.

Al final de todo este itinerario hay que mirara  Dios con los ojos de Jesús y dejarnos sorprender por las imágenes que nos hablan de él: sembrador, dueño del campo, viuda insistente, incansable buscador de la moneda perdida que somos nosotros, pastor imprudente que deja en el desierto todo el rebaño para buscar la oveja perdida, ladrón que acecha la riqueza que somos nosotros para él y vendrá a buscarnos cuando menos lo sospechamos, perdonador magnánimo de todas nuestras deudas, inversor temerario que corre el riesgo de repartir su hacienda, sus talentos, entre quienes no le ofrecían suficiente garantía, rey sin poder ni autoridad que no consigue convencer a sus primeros invitados y acaba contento de compartir su mesa con gentes de los caminos…

A través de bellas y sencillas parábolas fue creando un clima de silencio y de oración entre todos, respetando la libertad de cada uno, para un mayor acercamiento a Dios y a los hombres, y tratando de familiarizarnos con la imagen de un débil que se desdice, que se deja convencer, y que ofrece sentimientos de amor distintos de la imparcialidad y justicia romana y mundana de todos los tiempos.

 

                                               Paco CLEMENTE, fraternidad de Murcia

 

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