FRATERNIDAD SACERDOTAL IESUS CÁRITAS.
CURSILLO DE ESPIRITUALIDAD CON SEMINARISTAS. FUENSANTA (ALBACETE), JULIO 2003
REPORTES DE LOS SEMINARISTAS
“La oración del Abandono del hermano Carlos estuvo muy presente en mi vocación; la he rezado muchas veces en el periodo de discernimiento y, después de
encontrar algún texto suyo, por curiosidad, busqué libros sobre él, y mis compañeros me regalaron la última antología de textos que encontraron. Después, mi director
espiritual me habló del cursillo con vosotros y allí llegué. Creo que el Señor me lo ha puesto en mi camino y realmente ha sido genial, porque le ha puesto nombre a una
idea que corre por mi cabeza: ‘Jesús pasó por el mundo como uno de tantos’, y Nazaret ha sido la respuesta, el milagro de ser simples carpinteros en nuestro lugar de
siempre, ¡qué grandioso!
La experiencia de desierto, unida a los momentos de contemplación, me ha ayudado a mirar de otra manera cada momento de cada día, de mi vida, y me mueve a
buscar de nuevo esa experiencia de desierto, pero en uno de verdad, radicalmente en serio: para mí el mayor desierto fue entrar en mí mismo para encontrar mis propias
resistencias a una soledad que pienso que está tan controlada cuando realmente no es cierto.
En fin, que no es fácil encontrar una Iglesia como la que formamos allí, en la que nos mostrasteis tanto de vosotros, vuestro Nazaret, cuando aún no nos habíais
hablado de él. Ojalá se pudiese reflejar todo ese Nazaret en nuestra Iglesia de hoy, para hacerla, como dijimos, más transparente, más familiar, como un rumor de agua y
de brisa fresca.”
D., Madrid
“Poder contar con un grupo de referencia en este camino de servicio y confianza es algo que desde siempre me ha cuestionado mi espiritualidad y mi vida. Me
siento muy dichoso pudiendo haber conocido un filón de esa fraternidad, de la que, sin duda, lo que más me ha llamado la atención es su alegría por la vida y su profunda
confianza en la oración. Creo que nuestro mundo está falto de oración, pero de oración encarnada en la vida ordinaria. De oraciones piadosas estamos sobrados. El haber
tenido este ‘primer’ acercamiento a la espiritualidad de Foucauld me ha descubierto nuevos horizontes en mi plan de vida, nuevas posibilidades hasta el momento ignoradas
por mí, y una rellamada al compromiso y la entrega que nacen de la opción por una vida como la de Jesús: vida de Nazaret. He aprendido a amar esta palabra, Nazaret, y cada
día la siento más mía, o, al menos, deseo que sea así. De vez en cuando hace falta que alguien que te quiere se te acerque, te desnude, te zarandee, y te dé la vuelta
para que, desde lo que tú eres realmente, seas capaz de ver la vida con ojos nuevos y desde otra perspectiva. No dejando de dar gracias a Dios por todos y cada uno de los
que he conocido en Albacete, y por las puertas abiertas a nuevas esperanzas que ello me ha supuesto, recibid un fuerte abrazo en Cristo resucitado”.
F., Sevilla
“Ahora que los mensajes de Dios me llegan desde la sutileza de lo sencillo, desde lo pequeño, desde aquello en lo que hay que agudizar los sentidos para que
no se pierda o pase desapercibido… ahora que sus caricias me llegan como la brisa a Elías en el Monte Carmelo, sin aspavientos, en medio de lo cotidiano, de lo
‘ordinario’, en forma de detalle… Así ha venido a mí la experiencia de estos días en Albacete de cursillo de espiritualidad. Lo mejor es que así vivía también el
hermano Carlos su relación con Dios; y lo mejor es que estos curas han sabido trasladar esa vivencia a estos tiempos, sin tener que hacer esos paréntesis retrógrados, que
a veces nos empeñamos en intercalar en nuestra sociedad; siendo hombres de estos tiempos, y de los hombres de estos tiempos. Lo mejor, también, una experiencia de entrega
que me ha contagiado y animado a seguir adelante… y, por supuesto, nuestra misma vida compartida en esos días desde ese ambiente familiar y cercano.
Yo, algo alérgico a lo clerical –fíjate tú-, temía encerrarme durante seis días entre curas y seminaristas;
sin embargo, no he perdido el SMS que Dios me transmitía, y vuelvo al principio: el aliento de vivir de otra manera, de aquella parecida a la que seguramente Jesús viviría
en nuestros pueblos y ciudades, entre la gente, sobre todo entre los más desfavorecidos, dando la vida desde lo sencillo y creyendo que ‘juntos’ es la palabra que salva
al mundo”.
J.M., Sevilla
“Estoy ahora haciendo un voluntariado con ancianos en una residencia. Y puedo decir que ahora estoy poniendo en práctica todo aquello que he reflexionado en
el cursillo. Esto es Nazaret, ésta es la palabra que yo escogí para sintetizar el cursillo, y lo es porque todo aquí es sencillo, humilde, acogedor y un poco olvidado por
la sociedad, al igual que ocurría en Nazaret. Mi trabajo aquí es también contemplativo, porque si contemplamos a Cristo en el hermano, en el pequeño, en el necesitado…
si esto es contemplación, la hago las 24 horas del día.
Ahora es cuando más saboreo el cursillo, cuando veo lo que significa en mi vida la contemplación, la vida de Nazaret, la llamada de los más desfavorecidos…
en resumen, la espiritualidad de un futuro sacerdote, o sea, yo, o más bien de un joven que ha escuchado la llamada y cree responder a ella.
He aprendido a aceptarme un poco más, y me he dado cuenta de que yo puedo tener mucha ‘buya’, o cambiar aspectos de mi vida de los cuales Dios me va
pidiendo cambios. También él tiene un proyecto y un tiempo para mí, y yo debo estar abierto a él, y él, que comenzó en mí la obra, sabrá terminarla: todo viene de
Dios.
Un descubrimiento nuevo: el día de desierto, y mira que lo pasé mal con tanto bicho, pero en él yo sentí la presencia de Dios en mis miedos. Para mí el
camino era Jesús, del cual no quería alejarme; el Padre, la laguna, que siempre señalaba el camino, y si bien yo quería un sitio fresco con árboles para comer y
tumbarme, Dios me tenía preparado algo mucho mejor: un gran mirador para contemplar esa maravillosa laguna. Son muchas las experiencias y es difícil resumirlas…
He aprendido de cada una de las personas que nos encontrábamos allí, todos me han enseñado algo, y yo he aportado lo que he podido, quizá poco, pero cada
uno da lo que tiene. Ahora, después de esos días, y aquí en la residencia, sólo puedo decir: donde tú quieras que vayas, yo iré”.
J., Málaga
“El cursillo de espiritualidad para seminaristas ha supuesto para mí principalmente un gran momento de encuentro con Dios y con los hermanos. Con un ritmo
exigente de oración y revisión de vida, los días han pasado inmersos en la reflexión profunda y sincera de algunos de los temas que, como futuros sacerdotes, son de vital
importancia para nosotros.
La espiritualidad sacerdotal, la conexión con la vida de la misma, el encuentro con los más necesitados, han sido cuestiones tratadas a fondo, con la revisión
de vida en primera persona.
Todo ello teniendo siempre como pilar central, modelo y ejemplo a Jesucristo, cuya contemplación y adoración diaria en la eucaristía ha sido para mí uno de
los aspectos destacables y que más me han gustado en estos días.
Por otra parte, es muy importante –para mí lo ha sido- el encuentro con los demás. La convivencia con sacerdotes y seminaristas de otros seminarios supone
siempre un ejercicio de apertura y ampliación de horizontes, confrontación de realidades y problemáticas, sin olvidar los momentos de diversión y risas, pasatiempo,
chistes y -después de mucho insistir- guitarra y sevillanas.
En definitiva, una gran experiencia por la que no puedo dejar, sobre todo, de dar gracias a Dios”.
J., Pamplona