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Asamblea Internacional de la Fraternidad Secular

Arusha, 20-30 de julio de 2006

Materiales para preparar el encuentro

 

Tema 1: Carlos Foucauld, profeta de nuestro tiempo

1.1. Carlos de Foucauld, profeta de nuestro tiempo

(Boletín Internacional 69)

Marianne Bonzelet

 

Hemos escogido este tema para el encuentro de la Asociación General de las fraternidades Carlos de Foucauld (encuentro de responsables internacionales de todas las ramas de la Familia del Hermano Carlos). Cada participante tenía que reflexionar en su grupo sobre las siguientes cuestiones:

-          ¿En qué vemos hoy que Carlos de F. es un profeta?

-          Recordamos que por el bautismo hemos sido consagrados “sacerdotes, reyes y profetas”; de qué manera intentamos vivir esta herencia.

Doy las gracias a los miembros del equipo internacional y algunos responsables nacionales que me han aportado algunas ideas.

En los tiempos que corren se habla poco de profetas, excepto a los que se lo llaman a sí mismos  y dirigen las sectas. Incluso en el seno de la Iglesia parece que hacen referencia al antiguo testamento y prácticamente nadie parece pensar seriamente en la presencia de profetas. Pero en el rito oficial del bautismo dice: ser consagrados “sacerdotes, reyes y profetas”.

¿Porqué le tenemos tan poca confianza a esta noción de profeta?

¿Qué es un profeta? Un profeta no es el que predice el futuro en nombre de Dios. En la palabra hebrea nabi se ve en él a alguien llamado por Dios, porque es Él que le ha desvelado y despertado los sentidos para que le escuche. Porque son los sentidos los órganos del encuentro con Dios. Alguien que está llamado por Dios es alguien que a su vez se presenta ante Dios y ante los hombres.

La vocación de profeta no la escoge la persona, el significado de la palabra es claro: hay alguien que llama y esta llamada es escuchada por una persona dispuesta a escuchar (Sam 3,1.21). Los profetas del antiguo testamento nos dicen que ellos fueron llamados de esta manera por Dios y que este momento clave fue el que Dios les llenó por completo. Pero no fue una vocación únicamente personal sino ligada a un mensaje a transmitir (al Pueblo de Israel).

La llamada de Dios es una invitación a colaborar en su proyecto divino. Puede haber una resistencia pero Dios es paciente. La historia de Samuel nos lo cuenta: “Habla, Señor, tu servidor te escucha”. Y cuantas veces no ha sido lo contrario: “Escucha, Señor,  que tu servidor te habla”.

Para poder comprender la llamada de Dios hay que dejar sitio para escuchar la voz de Dios, para comprender sus signos y quizá necesito un acompañante espiritual para ayudarme a descifrar la voluntad de Dios. Desde el momento que la ha comprendido, el profeta se siente obligado a actuar según esta voluntad. No siempre es fácil. A veces está relacionado con un montón de dificultades y de peligros; existen dudas que surgen pero la disponibilidad es la misma, la de ayudar a llevar a cabo el proyecto de Dios. Esta vocación no se comprende de una vez por todas sino que exige comenzar de nuevo algunas veces y adaptarse a las exigencias de los tiempos.

El profeta no es pues alguien que predice el futuro sino que es alguien que inspira o transmite ideas a los demás. Es un hombre que se ha enamorado del Espíritu de Dios y que se deja dirigir por Él. Gracias al Espíritu interpreta los signos de los tiempos y los sitúa en un contexto del plan de salvación de Dios. El profeta es una persona que cuestiona porque es el mismo Dios quien le llama; su encuentro con él es a la vez un encuentro con Dios. Es el profeta el que nos muestra nuestra manera de ser cristianos. Su forma de vivir me exige una decisión de parte mía. El encuentro con el profeta deja una marca en mí, una señal.

Hablar del Profeta y a la vez del trabajo de Dios es peligroso. Sus consecuencias son calculables e incalculables.

-          Puedo contar con Dios pase lo que pase. Él permanece fiel a su promesa. En este sentido Dios es calculable.

-          Si me abro al Espíritu de Dios, si me pongo a su servicio, me arriesgo. Dios me lleva por caminos que yo no esperaba y que no hubiera elegido. Este es el aspecto incalculable. El Espíritu de Dios podría hacer tizas a mis proyectos; ésta es la dimensión “peligrosa” de Dios, cuya voluntad puede no corresponder a la mía.

Para los que están en el poder como para las pobres gentes y principalmente los devotos, los profetas son hombres peligrosos e incómodos. Basta con mirar la historia para comprenderlo.

-        En el Nuevo Testamento Jesús dice a los fariseos que son los píos los que mataron a los profetas

-        A San Ignacio de Loyola le citaron los cristianos 7 veces ante el tribunal de la Inquisición

-        A San Juan de la Cruz los encarcelaron sus propios hermanos.

El contacto con profetas es peligroso. Los discípulos de Jesús se quedan detrás de las puertas cerradas, después de la Pascua, por miedo a correr la misma suerte que su maestro.

 

Comparación entre Carlos de Foucauld y los profetas del Antiguo Testamento.

No son únicamente los que pertenecen a la familia espiritual de Carlos de Foucauld los que ven en él a un profeta. 

Podríamos encontrar puntos comunes entre él y los profetas del Antiguo Testamento. Cuando pidió explicaciones sobre la religión al padre Huvelin no se esperaba para nada un encuentro personal con Jesús en el sacramento, encuentro que él percibió como la plenitud después de una larga espera. Este encuentro fue el inicio de un amor apasionado por Dios con una disponibilidad total: "Desde que comprendí que Dios existe no podía más que vivir para Él".

Desde el momento que Carlos de Foucauld percibió el deseo de una vida llena de sentido, de una vida con Dios, permaneció sobre este camino y se puso completamente al servicio de una búsqueda espiritual. "Dios mío, si existes, haz que te conozca". En esta oración todavía no podía saber lo que sería su vida. Pero una cosa estaba clara: "Desde el momento que comencé a creer en Dios, comprendí que no podía más que vivir para Él". Constata lo que le está trabajando por dentro y pone orden, con la ayuda de sus consejeros espirituales y basa su búsqueda en el Evangelio que será su medida para siempre. Con frecuencia habla de sus preocupaciones con sus superiores, con el padre Huvelin, para quien esta búsqueda permanente de lo mejor le resulta difícil de soportar. El hermano Carlos estuvo durante toda su vida en búsqueda y en disposición de dejarse llevar por Dios. En diálogo permanente con Dios estuvo dispuesto a colaborar en el proyecto de salvación que Dios tiene para nosotros. Como los profetas del Antiguo Testamento, también él ha sido una "dificultad": en un momento de la Historia en la que Europa buscaba los récords: más alto, más deprisa, más lejos, (la misma idea olímpica) él propone la búsqueda de lo extraordinario en lo cotidiano. Dios estuvo en Nazaret en presencia ordinaria. Contra la idea de la misión de esta época, propone una presencia cristiana auténtica. Implicar a los laicos fue un paso extremadamente fuerte para el inicio del siglo XX y hubo que esperar el concilio Vaticano II, 60 años más tarde para verlo realizado dentro de la Iglesia Católica.

Para Carlos de Foucauld el Evangelio es un espejo. Jesús es para él "el modelo único" que le sirve como medida y como ejemplo concreto. Se enamoró más por el personaje que por la idea. Es por ÉL que desea ser penetrado y formado. Quiere dejarse llevar por Dios en el camino de clarificación y purificación. Sus escritos dicen que sólo Jesús es su ideal al que él acude.

Los profetas no pidieron nunca ser imitados o copiados, pero han mostrado el camino hacia Dios, porque es ÉL quien llama y cuya llamada espera una respuesta individual de cada uno.

 

Desarrollo de la profecía

Esto quiere ser una fuerza para descubrirnos a nosotros, porque Dios no desea copias, nos ha creado como seres únicos. Cada uno tiene sus posibilidades y su manera de testimoniar la presencia de Dios y de participar de esta forma en la construcción de su Reino.

El libro del profeta Isaias cuenta que la profecía no es estática sino dinámica porque se desarrolla. Isaias dio  testimonio antes del exilio de Babilonia. Su objetivo principal fue el de mostrar a los hombres que hay que confiar en Dios siempre fiel, cuya sabiduría dirige la suerte de la historia. Mirar a Dios con la mirada de la fe implica la respuesta a su voluntad en lo político y en lo social. Deutero-Isaias retoma durante el exilio las concepciones fundamentales de Isaias y se convierte en el profeta de la consolación. El libro incluye también las palabras de un tercer profeta. Tritto-Isaias se compromete a la construcción de Jerusalén. La reconstrucción no se ha terminado del todo por lo que renace la esperanza de que Dios se vuelve a implicar, porque ÉL es fiel.

Tampoco Carlos de Foucauld se limita a un solo mensaje. El objetivo de la época era la cristianización rápida del mundo, en una única generación. Pero él no fundó la comunidad, sólo después de su muerte la idea fue retomada y hubo el intento de llevar a la práctica las ideas del hermano Carlos. Sus inicios se remontan a la vigilia de la segunda guerra, siguieron otras comunidades durante los primeros años y más adelante también. El objetivo de la cristianización del mundo en un mínimo de tiempo dejó de ser prioritario.

Las diferentes comunidades de la asociación general toman a Jesús como ejemplo y es la vida del hermano Carlos que les muestra este camino una vez más. Aunque cada comunidad tiene su propia forma de hacer y de vivir la espiritualidad fucoldiana.

De esta manera cada comunidad y cada miembro contribuyen de forma única a reconstruir en el mundo actual la imagen de Cristo.

-          Carlos de Foucauld nos hace ver la importancia del Evangelio y de Jesús, nuestro "modelo único" y nos da ejemplo de respuesta individual, (como todos los santos). El Evangelio debe ser la medida de nuestra existencia, como "profetas".

-          Esto es al mismo tiempo una llamada a ser nosotros mismos, porque Dios no desea copias, nos ha creado en tanto seres humanos y cada uno y cada una es verdaderamente único, tiene su posibilidad y su manera de dar testimonio de la presencia de Dios y de participar de esta forma a la construcción de Su Reino.

-          Carlos de Foucauld vive lo que viven los demás hombres de nuestro tiempo: Siempre ha estado en búsqueda de su identidad, lo mismo que los jóvenes de hoy.

-          Estuvo en búsqueda de la voluntad de Dios para descubrir el camino que Dios le tenía preparado. Nos enseña que tenemos que dejar un espacio para poder escuchar la voz de Dios, para comprender los signos de mi vida cotidiana.

-          Fue profeta por su manera de evangelizar, de anunciar el Evangelio: sin proselitismo sino vivir el Evangelio simplemente en el cada día.

-          Fue profeta por la profundidad de sus relaciones con las personas de su alrededor, por su espiritualidad de la presencia, de la encarnación, de vivir con la gente, la vida de Nazaret.

-          En nuestro mundo de individualismo, en el mundo de hoy que se vive violencia, racismo, exclusión, soledad, la espiritualidad de vivir con la gente, de amistad, de amor fraterno, es importante. Es una llamada a vivir la fraternidad a la manera de Jesús en Nazaret, en la vida ordinaria del cada día, de la gente.

-          Antes de nuestra mundialización actual, el hermano Carlos vivió la llamada a la universalidad del mensaje evangélico y de manera muy concreta. Vivió el Evangelio fiel a sus convicciones, a lo que él llama el amor del Padre y el amor de sus hermanos (y hermanas). Su espiritualidad de la amistad, de la bondad, del compartir es otra forma de mundialización, la del amor.

-          Nos dio un ejemplo a seguir: una vida más sencilla como alternativa a la sociedad de consumo.

-          Escogió a Dios y con él el hombre para amar, servir, respetar sin exclusión, reconociendo en el otro su dignidad, "ver en cada hombre a un hermano (y una hermana)". Escucha, diálogo y disponibilidad fueron esenciales para llevar a cabo su misión.

-          Nos empuja a no permanecer como "perros que duermen y no ladran" y de comprometernos por la dignidad del hombre, contra la injusticia, los derechos humanos, siendo artesanos de paz y acoger al otro en su diferencia.

-          Nuestra consagración "profética" no es una vocación únicamente personal. Está a la vez siempre unida a un mensaje a transmitir, con la vida, un compromiso para y con los demás. La llamada de Dios es una invitación a colaborar en su proyecto divino.

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