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Asamblea Internacional de la Fraternidad Secular

Arusha, 20-30 de julio de 2006

Materiales para preparar el encuentro

 

Tema 1: Carlos Foucauld, profeta de nuestro tiempo

1.3. Por los caminos de los profetas

(Boletín Internacional 71)

María Dolores Aleixandre

Seres alcanzados: receptividad y acogida

El profeta es alguien alcanzado, es decir, alguien que ha sido llamado y que con su mismo nombre (nabi en hebreo tiene sentido de pasiva) nos está hablando de que su actividad tiene poco de propia iniciativa, de que, en su experiencia, Dios no es objeto, sino sujeto, y él está en total dependencia de su Palabra, de su impulso y de su acción.

“El Señor me agarró cuando iba detrás del ganado”, decía Amós (7, 14); y esa irrupción inesperada y brusca de Dios en sus vidas es una constante profética (cf. Is 8,11; Jer 20,7;23,29).

Lo primero en ellos es la pasividad, la disponibilidad. No son dueños de la Palabra, tienen que esperarla, tienen que recibirla. Y por eso realizan la estructura misma del ser humano –que es criatura abierta, transida por la necesidad de ser visitada, “agraciada”- y del creyente –que se abre para decir , para acoger una Palabra de Dios no dominada por uno mismo.

 

Seres alterados: oído afinado y palabra patética

El Profeta es también alguien alterado: ha hecho la experiencia de co-participación en los sentimientos de Dios, se ha dado en él una asimilación de su vida emocional al pathos divino. Se ha convertido en una persona transformada interiormente, alterada, en-ajenada, descentrada de sus propios centros y quicios. Ahora siente, ve, oye, habla, desde el corazón, la mirada, el oído, la palabra de Otro.

Por eso hablan de conocimiento del Señor, es decir, de una relación a la que se accede por familiaridad, por experiencia, por solidaridad (Os 2,20; Jer 22,15-16).

Por eso son capaces de  ver símbolos donde  los otros no ven más que cosas (Am 8,1-3; Jer 1,12), y su mirada se vuelve lúcida para descubrir toda la injusticia que esconde la realidad (Am 6,1-6; 3,9-10).

Por eso tiene un oído afinado que les permite escuchar la voz de Dios y el clamor de los débiles y aun de la misma materia violentada (Hab 2,9-11).

Por eso su  palabra se vuelve apasionada, patética, llena de imágenes, de poesía y de fuerza (Os 14; Jer 31; Is 40...). Por eso, cuando les fallan hasta las palabras, recurren a los gestos, a ese otro tipo de lenguaje que compromete a la persona entera (Is 20,1-6; Os 1-3; Jer 32,6-15).

 

Seres enviados: persuasión frente a poder

El Profeta es alguien enviado: tiene que comunicar la Palabra y entrar en relación con reyes, sacerdotes, pueblo... Se les ve por las plazas, el palacio, los santuarios, el templo, el mercado, las romerías, en los lugares significativos y en los triviales. Ya todos ellos va, no desde el poder de la institución, sino desde la debilidad del carisma.

No puede emplear los imperativos, sino la persuasión; no tiene otro instrumento de eficacia que la palabra, tan fuerte y tan frágil a la vez.

 

Seres conflictivos: aguante y permanencia

El Profeta es también alguien conflictivo: de su enfrentamiento con el poder, de su defensa de los débiles, de su anuncio de un Dios que irrumpe con una exigencia inesperada, sólo podía salir fracaso y persecución (Am 7,10-17; Jer 38,1-6---). Pero ellos aguantas y permanecen a pesar de todo.

 

Seres dinamizadores: compromiso y canción

El Profeta, finalmente, es alguien que dinamiza la Historia, que trata de arrastrarla esperanzadamente al encuentro de un Dios que siempre está en camino hacia nosotros. No es sólo profético el compromiso, sino también la canción (Is 12,1-6: 66...).

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