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Asamblea Internacional de la Fraternidad Secular

Arusha, 20-30 de julio de 2006

Materiales para preparar el encuentro

 

Tema 2: La Fraternidad y la paz en el mundo entero.

Ser artesanos de paz.

 2.4. Rostro de Carlos de Foucauld en África y particularmente en la región de los Grandes Lagos

(Boletín Internacional 71)

Jean-Chris y Charlotte Bisimwa

 

Texto sacado del mensaje final del Equipo Internacional a las fraternidades en octubre de 2003 en Benedikbeuern, en Baviera (Alemania): “Compartimos los sufrimientos de África: las luchas étnicas, la desintegración del país y de los Estados, los genocidios, etc. En África el mensaje del Hno. Carlos está relacionado con la no-violencia, a la lucha contra el odio y el deseo de venganza, y a la construcción de la paz”.

Y otro texto de Josef Freitag sobre el rostro del Hno. Carlos en los distintos continentes, dice al hablar de África, principalmente de la región de los Grandes Lagos, en el Congo Democrático y en Rwanda (...) que Carlos de Foucauld resulta un símbolo de la no-violencia, de la no-venganza, de ir hacia los abandonados, de compartir con los más empobrecidos (...). Y además es signo de la fuerza no violenta de la fe, de una contra fuerza contra toda forma de fuerzas armadas (...).

A la luz de estas consideraciones, estimamos oportuno escribir algunas ideas concretas sobre esta imagen de Carlos de Foucauld donde se encuentran grandes males como el odio étnico,  genocidios, guerras tribales, guerras de conquista, venganzas arraigadas y a veces manifestadas, violencias de todas clases, etc.

Muchas declaraciones escondidas o abiertas acompañan a nuestros hermanos y hermanas, también de nuestras fraternidades; se ha dicho y lo hemos oído:

-          ¿Cómo perdonar si nos han exterminado a toda la familia?

-          ¿Cómo vivir con personas que te saludan por la mañana y están dispuestas a pegarnos un tiro por la noche?

-          ¿Podemos reparar todos los males causados, vencer todas las hipocresías latentes o manifiestas de nuestros hermanos y hermanas?

-          ¿Cómo conseguir responder concretamente a este amor fraterno en un ambiente malsano donde las heridas de genocidio están lejos de ser curadas y donde los huérfanos, las viudas y viudos recuerdan siempre a sus familiares muertos en una y otra guerra ocasionada por este espíritu bélico, sedientos de poder con sangre y muerte?

Tantas preguntas y inquietudes envenenan la situación y también permiten a muchos de escoger un modo de vida a la luz del Evangelio y de las realidades concretas que ilustran que el bien tiene que intentar suplantar al mal, sobre todo cuando alguien se decide a velar para llegar a ser "obrero evangélico".

Los testimonios son elocuentes: una mujer, miembro de una fraternidad de base en la época del genocidio de Rwanda y siendo originaria de este país, constató que su hija no había llegado a Bukavu , sino que quedó en Rwanda, cuna de masacres incontroladas en aquel momento. Consternada y también desesperada, se abandonaba a Dios y a la vez se sublevaba y condenaba a los autores de la muerte de su hija y de la familia. Su actitud era normal porque estaba desesperada. Durante los momentos de adoración, nuestras intenciones de oración iban para consolarla y pedir al Señor para que hiciera un milagro (si ello era posible) y ver otra vez a esta hija desaparecida. Y un día se realizó el milagro solicitado: la niña volvió con su madre viuda; qué alegría tan grande para esta madre y para toda su familia. El retorno de su hija permitió a esta madre de reafirmarse en la fe en Dios y de cambiar el lenguaje, reconociendo que todo el mundo no es genocida porque ella no creyó que su hija pudiera estar protegida por personas que ella consideraba salvajes y asesinos. El lenguaje del odio se convirtió en lenguaje de perdón y de alabanza a Dios.

Y la pobre viuda recordó estos dos textos bíblicos: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian" Lc 6,27 y "que los hombres vean vuestras buenas obras y glorifiquen al Padre" Mt 5,6. Ella no se cansaba de decir: "no juzguéis, no condenéis..." Lc 6,37. También hablaba de Dios a los que podían comprender, porque veía en cada ser humano a un hermano.

Estamos pues llamados a  gritar el Evangelio, a participar en la creación del mundo, a ser salvadores con Jesús y en Jesucristo en nuestra vida cotidiana, en nuestros ambientes profesionales, en nuestras relaciones individuales y familiares, en nuestros grupos de acción social y espiritual... (Directorio p.141)

Es en este espíritu que nuestro compromiso debe permanecer incondicional con los marginados, abandonados, vulnerables... En Bukavu, por ejemplo, las fraternidades de base y de decanato se aproximan a los minusválidos, a los prisioneros, o a los enfermos del barrio o de los hospitales ayudándoles material o espiritualmente. A otro nivel, individual o comunitario, algunos miembros de las fraternidades se insertan en grupos de desarrollo comunitario para intentar llevar lo más lejos posible el testimonio de fe "en el corazón de las masas" y para luchar contra el odio, la injusticia y contra toda clase de violencia y de miseria que rompen la libertad, los derechos del hombre y pecan de esta manera contra la fraternidad y la igualdad entre los humanos.

Muchas veces asistimos a ceremonias eucarísticas en las que rezamos por los que nos persiguen metiéndonos en querellas interminables y incomprensibles para nosotros.

En lugar de predicar el odio y la venganza, la violencia y el uso de las armas, recurrimos a la dulzura y a la humildad, a medios no violentos para denunciar el mal y la injusticia, para luchar contra toda forma de miseria, para que cada uno tome conciencia de su situación y de volver a encontrar su dignidad de hombre. La paz, la misericordia... son elementos que pasa a primer plano para hablar del amor de Dios y del prójimo en nuestras fraternidades, nuestros grupos de oración en nuestras parroquias respectivas.

Lejos de permanecer " perros mudos" intentamos aliviar la miseria de los demás a través de pequeños gestos, miradas, tímidas pero significativas, sonrisas...

Siendo así que preferimos "amontonar más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan",  Mt 6,20; "es en el presente que se vive la esperanza de los mañanas y es nuestro hoy que requiere la lección del pasado" como dice Diego Sarrio.

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