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Asamblea Internacional de la Fraternidad Secular

Arusha, 20-30 de julio de 2006

Materiales para preparar el encuentro

 

Tema 3: Riqueza y pobreza,

fuente de conflictos, violencia, guerras, etc.

3.2. Riqueza y Pobreza

(Boletín Internacional 73)

Jean-Chris y Charlotte Bisimwa

 

La riqueza y la pobreza son fuentes de violencia. Nuestro comportamiento sea como rico o pobre es un tema para la reflexión porque la riqueza y la pobreza son  desafíos que confrontamos en la sociedad actual.  El tema no constituye únicamente un problema económico o material sino más bien una cuestión de dignidad.

Cada uno de nosotros somos llamados a salvar esa dignidad mediante la solidaridad del amor.  Pero, nos preguntamos:  ¿Hasta que punto puede ser causa de violencia la riqueza?  Es difícil responder esta pregunta pero decimos de entrada que existen tantos  los malos ricos como los malos pobres.  

Cada uno tenemos que ganar el pan con el sudor de nuestra frente. Pero resulta que los recursos ganados no son iguales a pesar de los esfuerzos entregados en el trabajo. Algunos acumulan muchos bienes sin hacer ningún esfuerzo : otros los obtienen gracias al sudor de sus frentes pero los consumen solos ellos sin pensar en los otros y menos en aquellos que sufren al sembrar sin poder recibir ni cosechar absolutamente  nada. 

Este desequilibrio en la producción de la riqueza cree la división y  el desequilibrio entre ricos y pobres. Se acumulan las miserias alrededor de nosotros. Los malos ricos son los que se enriquecen sobre lo entregado a ellos por los pobres o son los que juntan sus bienes y los consuman de modo egoísta, es decir sin pensar en la miseria de los pobres.

Esta forma de egoísmo crea el odio, el rencor y  asimismo la frustración entre los pobres que se consideran abandonados, dejados de lado y marginalizados por los ricos. Y estos últimos desconfían de los pobres porque tienen miedo de ellos o los subestimen. Aquí tenemos la fuente de tanta violencia registrada en el mundo.

Los ricos tienen muchas veces miedo de los pobres y viceversa.  Esta desconfianza comienza a partir del momento cuando los unos como los otros desconocen sus reacciones reciprocas sean en tal o cual situación de pobreza o de riqueza.  La envidia desata la violencia.  Pero esta envidia no puede ser superada a no ser que se manifiesta la solidaridad de unos por los otros.

Cada uno de nosotros tiene que saber recibir para que se recupere su dignidad.  Si cada uno conoce como ponerse a la escucha del otro /a, puede entonces ayudar o asistir con dignidad.  Nuestro comportamiento, nuestra actitud, nuestro sentimiento de vulnerabilidad son los elementos que nos cuestionan y nos capacitan para  poder  responder a este encuentro con el  dar y el recibir.

Aunque la brecha entre pobres y ricos se incrementa constantemente en nuestro mundo contemporáneo, y aunque  somos testigos por un lado de  esta acumulación de riqueza y por la otra mano de la reducción de los medios de subsistencia, debemos hacer todo por promover la solidaridad, la paz y la esperanza de vivir más allá de nosotros mismos.

La necesidad de amasar bienes, adquirir dinero para nuestro bienestar debe limitarse a lo esencial para permitir el funcionamiento de la asistencia mutua y el amor fraternal entre los hombres y mujeres de nuestra  planeta.  Aunque se incrementará el conflicto entre los hombres y las mujeres  y su medio ambiente por la necesidad de asegurar riquezas y dinero para la supervivencia humana esta limitarse a lo esencial limitaría también este conflicto.

Un desafío se lanza a nuestros tiempos al luchar contra nuestro propio egoísmo, y nuestro odioso espíritu de lucro. Debemos ir hacia la solidaridad, el amor fraterno, el espíritu de concordia y de paz, a la unión fraternal por una humanidad más vital y armoniosa y para la vida.

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