Fraternidad Secular

Asamblea Internacional

Arusha 2006

Carlos de Foucauld, profeta para nuestro tiempo

materiales preparatorios

Asia:

Cada participante tuvo que responder a la pregunta: “Qué es lo que convierte al Hermano Carlos en un profeta en nuestra vida”.  En las respuestas la mayoría expresaron su opinión personal, aunque algunos hablaron en nombre del su país, su región, en Fraternidad.

El Hermano Carlos nos invita a ir en contracorriente en un mundo en el que muchas sociedades se construyen sobre el consumismo, el lujo, la riqueza opresora y a no vivir una vida centrada en uno mismo, insatisfecha y sin sentido. A partir del día de su conversión, vivió sólo para Dios, en una vida sencilla y pobre pero llena de dinamismo.  Inició para nosotros un diálogo entre:

1.    personas de distintas creencias

2.    que tienen o que no tienen

3.    personas que viven en regiones en las que hay conflictos.

Al descubrir que Dios es lo que da sentido a su vida invita a la gente en búsqueda de sentido para su vida, a experimentar el refugio en Dios en la vida de desierto.

Y nos enseña a ver que ello nos conduce a aceptar a los demás a la luz de Dios; porque Dios fue para él la única luz de su vida.  De esta forma el Hermano Carlos es un profeta para nuestro tiempo, un modelo por el que deseamos vivir una vida modelada por Dios.

Europa:

Su vida cambió completamente a partir del momento de su conversión. “Desde que supe que Dios existía, comprendí que no podría hacer otra cosa que vivir para Él”.  Para el tiempo actual en que reina la indiferencia puede ser un ejemplo.

Este absoluto de Dios le lleva de Nuestra Señora de las Nieves hasta Akbés y luego a las Clarisas de Nazaret, donde desea vivir una pobreza radical. Después de su ordenación esta sed de absoluto se manifiesta de nuevo y le lleva a “aterrizar” en el Sahara.

Hoy, jóvenes y menos jóvenes que viven una cierta inestabilidad pueden reconocerse en él.

No obstante, a pesar de su impaciencia en aportar la salvación a los musulmanes, tiene que aprender la paciencia y la humildad. Hoy es una enseñanza preciosa de “vivir con”: en el trabajo, barrio, iglesia y Fraternidad.  Este “vivir con” supone el reconocimiento y la promoción de los valores del otro.

El impacto recibido al ver el rezo de los musulmanes, su deseo de promover la cultura tuareg con la elaboración de un diccionario y su interés por la poesía y las fiestas puede servir de ejemplo e incitarnos a acoger la diferencia del otro.

Caminar junto con los musulmanes le llevó a comprender la necesidad de tomar tiempo para “domesticar” a los tuaregs, los cuales, también ellos, tomaron su tiempo para aceptarlo. Esta idea nos hace palpar la realidad de la educación y la autenticidad de las relaciones humanas.

Fue a partir de su extrema pobreza que, enfermo, se salvó gracias a los tuaregs; entonces aceptó renunciar a ser él quien daba, para ser quien recibía de los demás. Hoy, que los pobres son cada vez más numerosos, se les devuelve su dignidad cuando se les permite vivir como los demás y aportar algo suyo.

Si evangelizó fue mayormente por su vida pobre al servicio de los tuaregs más que por los medios tradicionales de la Iglesia de su tiempo:  por medio de actos concretos y no por medio de las palabras; es decir: “Gritar el evangelio con toda la vida”.

Carlos de Foucauld en el mundo no creyente y secularizado de hoy puede ofrecer un camino: fue precursor al presentar el papel de los laicos en Priscila y Aquila.

Carlos de Foucauld tuvo la preocupación por defender al prójimo, por ejemplo en el rescate de esclavos y pidiendo no ser “perros mudos”.

Es un mensaje actual en que es prioritario el combate por los derechos humanos y la justicia. Buscando evangelizar, jamás se impuso y cuando guardó silencio fue por respeto al otro y por amor pero nunca por cobardía. Hoy nos abre un camino hecho de tensión y de comprensión.

La vida de Carlos de Foucauld parece marcada por la ineficacia; quiso convertir, tener compañeros, fundar una orden. Podría tener sentimiento de fracaso en su vida, pero su posteridad es numerosa: “si el grano muere…”

Es un estímulo a mantener la esperanza hoy.

 

Mundo Árabe:

Carlos de Foucauld escribe a Luis Massignon el 1 de octubre de 1916, seis meses antes de su muerte:

Carta a Luis Massignon, 1 de octubre de 1916

“Ninguna palabra del Evangelio me ha llamado tanto la atención y cambiado radicalmente mi vida como esta: “Cada vez que lo hacéis a uno de estos pequeños de mis hermanos, es a Mí que lo hacéis” (Mt.25,10)

Esta meditación parece ser la base de su caminar hacia “la aceptación de la diferencia del otro”. Ve a Jesús mismo en toda persona, lo que no es fácil, porque supone una gran decisión, una voluntad firme y una oración continuada; el Hermano Carlos lo consiguió.

1.    En sus escritos espirituales escribe:

Escritos espirituales

 “Quisiera que todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos y paganos se acostumbren a verme como a su hermano, a su hermano universal”.

   En una carta a Maria de Bondy escribió el 7 de enero de 1902:

Carta a Marie de Bondy, 7 de enero de 1902

“qué bonito nombre, empiezan a llamar a la casa “la Fraternidad”, empiezan a ver que los pobres encuentran en ella a un hermano, y no únicamente los pobres sino también todo el mundo”.

Meditando estas dos ideas podemos darnos cuenta que ningún obstáculo se opone al acto de caridad del Hermano Carlos, él no teme al otro que es distinto a él, por su religión, sus convicciones, su situación social. Con el Hermano Carlos aceptar la diferencia del otro alcanzó su apogeo: es amar de manera universal y buscar la unión total con el otro.

2.    Cuando el Hermano Carlos escribió el reglamento de los Hermanitos del Corazón de Jesús, esta asociación que él soñaba, dijo:

Reglamento de los Hermanitos del Corazón de Jesús

“que los Hermanitos acojan a los que llaman a su puerta, visitantes, pobres y enfermos”.

Ello refleja que para el Hermano Carlos aceptar al otro supone una predisposición de acogida permanente y en toda circunstancia.

3.    En las páginas, los directorios y consejos de orden general y particular que escribió a su amigo Moussa, el jefe de los tuaregs, Carlos dijo:

Carta a Moussa

“El primer deber es amar a Dios de todo corazón y sobre todo; el segundo es amar a todos los hombres como a uno mismo; por amor a nuestro prójimo aplicamos la ley de “la fraternidad”, “la igualdad” y “la libertad”.

Para el Hermano Carlos aceptar al otro y vivir la fraternidad con él significa una aproximación de igualdad, de amor sincero y libre hacia el otro. Yo no soy ni mejor ni más importante que el otro y si acepto amarlo, lo hago con toda libertad, no por obligación sino porque Jesús me lo pide y yo tengo confianza en su palabra, y la creo.

4.    En una época en la que se repetía sin cesar que “no hay salvación fuera de la Iglesia”, vemos que avanza contracorriente, porque escribe a un amigo protestante:

Carta a un amigo protestante

“No estoy aquí para guiar a los tuaregs sino para intentar comprenderlos. Estoy seguro que el Señor acogerá en el cielo a todos los que han llevado una vida pía sin ser necesariamente católicos y latinos. Tu eres protestante, el otro no es creyente, los tuaregs son musulmanes y estoy convencido que Dios nos acogerá a todos si lo merecemos”.

Con esta idea nos muestra que aceptar la diferencia del otro, para el Hermano Carlos es sinónimo de su humanidad, y la norma es la buena conducta de cada persona. ¿Quién se atrevería a afirmar que tener identidad cristiana supone que uno es más importante que los demás?  Así, en esta carta el Hermano Carlos nos recuerda que el Señor nos ha dicho no juzgar para no ser juzgados, porque sólo Dios es juez.

5.    En una carta a Henri de Ferier, un amigo suyo ateo, el Hermano Carlos dice: 

Carta a Henri de Ferier

“No tengo necesidad de decirte que no te voy a olvidar nunca; cada hombre es hijo de Dios y por ello, es imposible amar y querer el amor de Dios sin amar a los hombres o desear amarlos. Se ama a los hombres tanto como se ama al Señor…”.

En esta carta el Hermano Carlos parece un hombre amante, comprensivo y audaz. Acepta al amigo ateo, lo ama y lo respeta pero sin renunciar a sus convicciones. No renuncia a lo que le hace distinto de su amigo ateo para conseguir su amor y su amistad, y a la vez, permanece en lo suyo y acepta al otro tal como es.

6.    Para el Hermano Carlos aceptar al otro es un camino que puede llevar a la salvación de las almas; ¿cómo?  En sus meditaciones el Hermano Carlos dice:

Meditaciones

“Es lo que debemos hacer si queremos obrar para la salvación de las almas: ir hacia ellas, mezclarse con ellas, vivir con ellas, entablar relaciones serias con ellas …”

¿Se podría llevar a cabo todas estas dimensiones en la relación humana sin aceptar la diferencia del otro? El Hermano Carlos puede darnos una respuesta y profundizar en nosotros este concepto dando a los miembros de la Cofradía de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón muchas directivas como: lo que debemos ver en el hombre, sea bueno o malo, es el alma que merece la salvación.  Que sean todos para todos para que se salven todos, que sean amigos universales con todos para que sean redentores universales.

7.    Cuando el Hermano Carlos termina la lectura de su amigo  sobre el Islam, le escribe:

Carta a Henri de Castries

“Te doy gracias por los esfuerzos que tienden a desvelar la realidad musulmana y liberar las almas del peso de las leyendas que nosotros oímos con reprobación, todos los días. No me sorprende en este caso, de las falsas opiniones que los musulmanes tienen de nuestra religión cuando la mayoría de nosotros tejemos historias extrañas alrededor de sus convicciones…”

Es en esto que el Hermano Carlos nos parece un gran profeta; cuando se para en la importancia de la relación entre musulmanes y cristianos y la manera de rectificarla.  Para él, el cristiano rechaza aceptar al musulmán cada vez que ve un rostro cargado de prejuicios, un rostro vacío de toda voluntad de conocer la realidad del otro.

Conclusión:

Estas líneas nos hacen descubrir algunas ideas y reflexiones del Hermano Carlos, pero, quién puede pretender que no las ha vivido y aplicado en su vida. ¿No es un ejemplo para nosotros, un profeta para nuestro tiempo?

 

África

Para comprender el rol profético del Hermano Carlos de Foucauld es importante volver a las fuentes de toda vocación cristiana. Nuestra vocación cristiana proviene y se enraíza en nuestro bautismo (nuestra adhesión a Jesucristo, a Dios). ¿Qué significado nos aporta del Magisterio sobre nuestro bautismo? Por el bautismo el cristiano participa de la triple función de Cristo; la de Profeta, para evangelizar, la de Sacerdote para consagrar y la de Rey para gobernar. De ahí la expresión de Pueblo de Dios sacerdotal, real y profético. En el centro de nuestra vida cristiana está la persona de Jesucristo a quien nosotros debemos parecernos y a quien estamos llamados a imitar.

En el punto de partida de toda vocación cristiana que debe cubrir una función profética, hay  una llamada, una llamada de Dios a la que nosotros podemos responder con un "SÍ".

El Antiguo Testamento nos aporta ejemplos de respuestas específicas a la llamada de Dios al pueblo de Israel. El profeta Isaías nos revela a través de su respuesta que el motivo de la llamada es nuestra filiación a Dios, nuestro creador. El profeta Jeremías, por su respuesta, descubre nuestro estado de pecadores en que nos encontramos; este estado no le impide a Dios venir a nuestro encuentro, porque su Voluntad es lo único importante.

Muy a menudo nos preguntamos cómo reconocer la llamada de Dios, para lo cual ciertamente hay que mantener la actitud fundamental de permanecer disponible.

El ejemplo del Hermano Carlos de Foucauld, quien descubre al Señor un día de octubre de 1886 es todavía sugerente en este tiempo nuestro. En el seguimiento a Jesucristo, en su proceso, decide calcar su vida a la de Jesús de Nazaret. La simplicidad de la vida, el deseo de permanecer en contacto con Jesús, especialmente en la Eucaristía, está en el corazón de su testimonio. A través de este modelo y de esta gracia, no duda en tomar posición en contra de la esclavitud rescatando a esclavos para devolverles su libertad y su dignidad. Carlos de Foucauld persiste en este "último lugar", en parecerse a los últimos.

La necesidad de vivir sencillamente, de evitar el consumismo, de ser solidario con los que viven en la miseria de toda clase, particularmente la marginación engendrada por la globalización y la intolerancia étnica y cultural, es una interpelación actual al carisma de Carlos de Foucauld. Su mensaje de justicia frente a la forma moderna de explotación, llamada neoliberalismo es válida para la República Democrática de Congo. Porque nuestro país es, en efecto, mucho más que un campo de explotación de los grupos financieros y las multinacionales que se sustentan sobre los congoleños sin ningún patriotismo ni Estado, entendido como una organización de un territorio para beneficiar a su población.

(Resumen de la aportación de la Fraternidad Secular de la República Democrática de Congo)

 

América

Extracto del texto final de las Fraternidades de Brasil 

Tenemos conciencia de nuestro compromiso apostólico y profético:  somos portavoces de Jesús y de su Reino.  “Si ustedes me aman, síganme”.  Profetas y apóstoles en la especificidad de nuestra vocación:  no  predicar, no intentar persuadir o convertir, sino seguir la vocación de ser hermanos, hermanas y amigos, conscientes de que la fuente de nuestro apostolado y de nuestro profetismo es la amistad con Jesús.

En efecto, Jesucristo es la referencia mayor de nuestra fe, como lo fue para el Hno. Carlos, referencia que lo hace vivir en una actitud orante y de adoración a su Maestro y Amigo, en la compañía y amistad de los pobres y excluidos.

El Hno. Carlos nos enseña cuál es el alimento de nuestra amistad con Jesús y los hermanos:  la Eucaristía, la Palabra de Dios, la oración silenciosa.  ¿Qué lugar ocupan en nuestras vidas?

Cuestionamos una vivencia ritualista, excluyente y moralista con que se revisten nuestras celebraciones eucarísticas.  Mucho énfasis en el pecado y poca vivencia del perdón liberador, convocación al sacrificio más que a la misericordia.

Reconocemos que muchas veces celebramos la Eucaristía  sin darnos cuenta de su sentido de compromiso y de compartir con todos los hombres y mujeres principalmente los más abandonados y excluidos.  Comulgar con Jesús y comulgar con el hermano excluido.  Es asumir su causa.

El compromiso con Jesucristo pasa por un entendimiento y aceptación del diferente –el pluralismo que se abre para comprender, aceptar y amar a todos los hermanos.  Estar con el espíritu y el corazón abiertos porque amar es incluir, es acoger a todos como hermanos.  Vivir nuestra vocación de hermano y hermana universal exige la eliminación de barreras individuales, culturales, raciales y de género en una actitud de quien va al encuentro del otro.

El proyecto del Reino es compartir la vida, no competir, compartir une, competir separa como atestiguan los evangelios.  Jesús fue duro con aquellos que practicaban una religión individualista y excluyente.

Nutridos con su Palabra, intentamos interpretar la realidad sin mistificaciones, fanatismos o dogmatismos.  Para nosotros, la Palabra de Dios es fuente de liberación, no de opresión.

La meditación amorosa de la Palabra de Dios exige de nosotros momentos fuertes de oración.  Hay que asumir un compromiso con el silencio interior que nada tiene que ver con la alineación.  El silencio para el Hermano Carlos fue siempre creativo.   Su disponibilidad para el otro era fruto de sus meditaciones sobre el Evangelio, principalmente sobre la vida silenciosa de Nazaret.

Estamos conscientes de que vivir la espiritualidad como miembros de la Fraternidad es llevar hasta las últimas consecuencias la “Oración de Abandono”.  Rezarla a cada momento de nuestra vida, actualizarla en nuestro cotidianos, fusionarse con ella en una actitud de abandono, confianza y lucha para que la voluntad del Padre sea hecha.

Percibimos  cómo estamos lejos de poder considerarnos nosotros de hecho como hijos y hermanos. 

El desprecio de la dignidad humana, el individualismo creciente, el desprecio por el medio ambiente,  el debilitamiento de los movimientos populares, la poca atención a la infancia abandonada, el conservadurismo y el fundamentalismo religioso, junto con las formas alienantes de espiritualidad en la Iglesia nos colocan cara a cara frente a las exigencias del Reino.

La amistad con Jesús vivida por el Hermano Carlos, nos interpela y nos provoca para la acción.  ¿Qué posición tomamos delante del sufrimiento y de la desestructuración de la vida de millares de personas a nuestro alrededor y en el mundo?

La solidaridad evangélica como muchas veces se ha repetido, no se confunde con la filantropía.  Somos convocados a apoyar y si es posible a participar de todas las acciones que promuevan la ciudadanía y la participación popular:  asociaciones de pobladores, sin tierra y sin vivienda, foros de juventudes, lucha por los derechos , hacer conocer las leyes que protegen los derechos individuales y sociales, en fin, varias situaciones que nos convocan para las más variadas formas de actuación.

Para nosotros, la Fraternidad es un punto de convergencia de todos aquellos que luchan y trabajan por una sociedad mejor.  Ella alimenta nuestro deseo y disposición de una vivencia más consciente  en la familia, en el trabajo, en la sociedad civil.  La vivencia en Fraternidad cuestiona la coherencia de nuestra opción evangélica en el día a día.

La pregunta que hacemos es:  ¿Cómo iluminar nuestra realidad individual, familiar, social , política y religiosa con los valores del Reino sin ser fundamentalistas y dogmáticos, sin  considerarnos dueños de la verdad?

En medio de avances y retrocesos, luces y sombras queremos reafirmar la esperanza en la solidaridad, en la acción organizada, en el valor de la alteridad, señales que anticipan para nosotros la realidad del Reino que ha de venir definitivamente.

La Fraternidad nos anima a ser siempre señales y comunicadores de la esperanza, a vivir nuestro profetismo de Nazaret en gestos llenos de sentido.  Como María  de Nazaret, saber luchar, saber contemplar, saber esperar. 

Un buen día dado a extraños, o pequeños gestos de contestación son pequeños – grandes gestos, simples y llenos de simbolismo y elocuencia.  ¿Es posible un profetismo silencioso?  En parte.  Alertaba el Hermano Carlos:  “No seamos perros mudos y centinelas dormidos”.

El silencio de Nazaret a ejemplo de María, trae en sí mismo la profundidad del anuncio y de la denuncia profética llena de delicadeza y de ternura contemplativa de saber – cuidar y de saber – mirar.

Nuestro testimonio fraterno debe caracterizarse por la solidez en la amistad, por la revisión de vida como verdadera expresión de cambio de corazón,  por el compartir de vida y de bienes.   En el seguimiento de Jesús y del Hermano Carlos, la Fraternidad es signo de esperanza.  De la esperanza brota la auténtica amistad, fruto de los valores evangélicos vividos y compartidos.  

Pero, ¿cómo tener esperanza que depende solamente de Dios?  ¿Cómo cultivarla para que seamos signo / testimonio del Reino?

Abrirse al sufrimiento humano presente en múltiples formas en innumerables situaciones individuales y colectivas, implica la conversión en sus exigencias de acción solidaria.

Las situaciones límite implican decisiones, pues desafían a cada uno de nosotros para lo nuevo, para la Pascua.  El Hermano Carlos ejemplifica eso:  ante la limitación de la enfermedad  recibe y acepta la leche de sus vecinos.  La insuficiencia de lo que (no) se tiene favorece la gratuidad y nos revela lo que somos.  Basta que acreditemos que el “límite” no nos limita, el ilimitado misterio de amor infinito de Dios concretizado también en gestos humanos simples.

En la danza del cristiano y de la Fraternidad como una realidad frecuentemente ensordecedora,  comuniquemos la esperanza, anunciemos la Buena Nueva.

Cuidemos de no interpretar el apostolado y el profetismo de manera arrogante.  Nuestra misión y elección de Dios no significan superioridad personal o social.  ¡No somos ni mejores ni más civilizados!

El “vigilar y orar” de Jesús en Jerusalén acontece en un contexto de conflicto con las instituciones del poder político y religioso.  También la Fraternidad debe comprometerse en participar y / o confrontarse con los poderes constituidos como protagonista.   El testimonio silencioso para que sea transformador,  carece de reconocimiento.  Apenas así preparamos lo nuevo de la transformación cultural y social en una “politización de lo cotidiano” para más allá de la política tradicional y de la evangelización / adoctrinamiento de las iglesias.

¡Seamos signo de contradicción!  Lo institucional y oficial no siempre es capaz de dar cuenta de la riqueza de una historia personal.   Esto se ha visto en la beatificación del Hno. Carlos, cuya biografía oficial trae omisiones esenciales, muchas veces asumidas por la familia foucauldiana.  ¿Por qué el silencio sobre Mimí, su compañera con quien convivió por unos años?  ¿Será que el valor de su vida se encuentra apenas después de su conversión religiosa? (...)

No fue la estadística de bautismo y conversiones la diferencia en la espiritualidad de Foucauld, fue su “apostolado de la bondad”, de la amistad.

Somos convidados a un profetismo de un  tipo  diferente al de las prácticas hegemónicas de las iglesias, basado muchas veces en el proselitismo, la imposición de ideas y valores.    En el compromiso de la fe, la caminada es a veces difícil y árida, pero hay una certeza interior  de que se está  caminando, de que, a pesar de las dificultades hay avances y progresos.  Esa certeza nos es dada en el compartir de la fe y de la esperanza, tantas y tantas veces vividas en nuestras Fraternidades.  Abramos las puertas de nuestra vida a Jesucristo, perseveremos a insistamos en nuestro proyecto de fe y de vida evangélica.  Amistad con Jesús, ¡amistad con todos los hombres!

Que nuestro testimonio de vida silenciosa mas no omisa ayude a sembrar en la sociedad semillas de verdadera paz. 

Taboao da Serra – SP, 22 de Enero de 2006

 

 

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