ELEGIDOS DE ENTRE LA GENTE PARA SER FAMILIA DE JESÚS
Marcos, 3,7-35
Introducción:
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Tanto vosotros como yo mismo hemos tenido la experiencia de la vocación, de la llamada a una vida diferente: hemos sentido cómo Dios nos llamaba en Cristo a un seguimiento más denso y más intenso. Como los novios que preparan sus nupcias tuvimos coraje de fiamos de él. Pero en nuestro caminar no han faltado dificultades externas e internas, ni las complicaciones.•
Somos los discípulos de Jesús, atendiendo a la distinción que establece Marcos entre la gente que se muestra curiosa y asombrada, y aquellos que escuchan su Palabra y se deciden por Él. Optan por la felicidad que Él ofrece. El discípulo, la discípula, son elegidos, no para formar una elite, ni un club de "selectos", sino para formar una comunidad de vida con Jesús y para liberar a los seres humanos de las "fuerzas del mal".• Los discípulos encontramos resistencias y oposiciones internas y externas, y muchos de nosotros no llegamos a entender la felicidad nos ofrece de parte de Dios, porque oponemos la felicidad a sufrimientos; preferimos vivir en un mundo de fantasía, sin conflictos con la realidad, o bien, porque nos sentimos tan satisfechos que no queremos que nada cambie.
• De aquí la necesidad de dejamos alcanzar por Dios y no olvidar que "el discípulo no es mayor que el Maestro". Si Cristo en el desierto pasó por la tentación, no podrá escapar de ella el profeta.
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Por tanto, el contemplativo, como el profeta, se hacen en el desierto, lugar del encuentro con Dios y también lugar de la prueba, como le sucedió a Carlos de Foucauld.
1.- La dimensión profética en Carlos de Foucauld
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A lo largo de los años ha habido múltiples interpretaciones sobre la figura y personalidad del Hermano Carlos. Su mensaje ha sido captado por muchos como una llamada al silencio, una espiritualidad del desierto o una forma de vida solitaria, eremítica, apenas sin riesgo, ni compromiso alguno. Otros vieron en él al "convertido" que pasa de una vida de placer a la ascesis más heroica. Tampoco ha faltado quien lo utilice para defender los valores tradicionales y los ideales nacionalistas, y para mantener la nostalgia de un "pasado idealizado". Otros, al contrario, no han visto en él más que al marginal contestatario de las instituciones, el soñador o innovador que se adelantó a su tiempo, o el hombre genial que supo comprenderlo todo antes que los demás, un hombre de vanguardia en la Iglesia. Su compromiso con el proceso colonial ha suscitado la admiración de un unos y el rechazo de otros. Se ha hecho de él un modelo de estrategia misionera de ocultamiento, o por el contrario, el partidario de una predicación urgente. Sin duda que a lo largo de sus escritos resulta fácil encontrar frases que justifiquen o legitimen las distintas percepciones de este hombre tan genial, si bien queda mucho por descubrir respecto a su figura, su vida y sus escritos, para devolverlo a la verdad concreta de sus relaciones con los hombres y mujeres de su tiempo con los que quiso hacer prójimo.Son muchos los que se contentan con leer su vida, tomando de ella aquello con lo que están más en sintonía, o favorecen sus opciones y gustos personales, sin profundizar ni analizar sus comportamientos reales y las circunstancias concretas de su vida con los tuaregs. Pero hay una dimensión en la vida de este hombre de horizonte amplio y corazón contemplativo, silencioso y austero, de la cual apenas se habla, quizá porque en los tiempos que corren no está muy bien visto hablar de ello; es la dimensión profética.
Cuando hablamos de los profetas, incluso en el seno de la Iglesia, hacemos referencia a los profetas del Antiguo Testamento. ¡Cómo nos crece la boca hablando de ellos: Isaías, Jeremías, Elías... Juan el Bautista, ya en el Nuevo Testamento, parece que son hombres "para predicarlos", no para imitarlos.
Pues, hoy como ayer los profetas no son bien vistos, aunque en el rito del Bautismo se nos recuerde que somos consagrados "para que seamos sacerdotes, profetas y reyes". En el lenguaje ordinario se entiende por profeta aquel que predice el futuro en el nombre de Dios. En el lenguaje hebreo, profeta es alguien llamado por Dios, para que hable en su nombre ante los hombres.
2.- Elección del profeta
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Nadie elige ser profeta. Es Dios el que llama, el que escoge. Esta llamada es escuchada por una persona dispuesta a escuchar, según revela el Libro de 1° de Samuel, 3,1-21. Todos los profetas del A. T. Coinciden en afirmar que fueron llamados por Dios en un momento clave, y que en ese momento clave Dios les llena por completo: Is. 6,1-9; Jer.1, 1-10; Fue una llamada personal y única ligada aun mensaje concreto a transmitir al pueblo de IsraelUna llamada que exige ser escuchada en silencio, pero que a veces necesita de alguien que ayude a descifrar el mensaje, para descubrir qué es lo que quiere Dios. Así se manifiesta en la Biblia. Así ocurrió también con Carlos de Foucauld. Pero no siempre resulta fácil actuar como profeta por razón de las dificultades y peligros tanto internos como externos, para llevar a cabo el proyecto de Dios.
Esta vocación no se comprende de una vez por todas, sino que exige comenzar de nuevo algunas veces, como le ocurrió al profeta Elías, y adaptarse a la exigencias de los tiempos. El profeta no es alguien que predice el futuro, sino que es alguien que inspira o transmite ideas a los demás. El profeta es un hombre enamorado de Dios que se deja dirigir por Él. El profeta es una persona que cuestiona porque es el mismo Dios quien le llama; su encuentro con Él es a la vez un encuentro con Dios. Es el profeta el que nos muestra nuestra manera de ser cristianos. Su forma de vivir exige una decisión por parte de quien se encuentra con él, igual que le ocurrió al profeta al encontrarse con Dios, y como les ocurrió a los que se encontraron con Juan el Bautista:
"Desde su encuentro con Dios a través del padre Huvelin, Carlos del Foucauld se adhiere a Dios con su voluntad y su corazón: "Desde que comprendí que Dios existe, no podía vivir más sin Él". Pero su inteligencia conserva aún secuelas de su viejo positivismo: "¿Cómo creer en los milagros de Jesucristo? ¿Por qué no profesar una vida religiosa alimentada a la vez por los Evangelios y el Corán?" Bastante más allá de las discusiones "intelectuales", el abbé Huvelín propone a Carlos el asiduo contacto directo con la persona de Jesús en el Evangelio, y el contacto más frecuente aún de Jesús vivo hoy en la Eucaristía, esto en una época en la que la lectura del Evangelio no estaba muy de moda, ni lo estaba mucho más la comunión frecuente. En el espíritu del abbé Huvelín, la frecuentación directa de Jesús debía traer consigo la conversión total de Carlos de Foucauld y llevar a la imitación de la humildad y de la mansedumbre de Jesús. esa imitación de Jesús "manso y humilde de corazón" se convertirá en la mayor preocupación del Hermano Carlos durante toda su vida, y la expresará más tarde en una fórmula densa de riquezas evangélicas y eucarísticas que ha de convertirse en su "nombre propio" y el de sus discípulos, que pone de manifiesto el matiz de su talante profético: "En la Eucaristía, Nuestro Señor lo da todo: se da a sí mismo entero: La Eucaristía es el Misterio del don; ahí debemos aprender a dar, a damos nosotros mismos, porque no hay don mientras UNO MISMO no SE da..." Nunca daréis tanto como te da Jesús, ni te abajarás hasta donde Él se abaja al venir a ti"
A este joven convertido, aún vacilante, y bastante
imperfecto, Dios a través del abbé Huvelín, no le ofrece un cristianismo fácil. A este pagano de ayer, replegado en sí mismo y firme en su orgullo, no le propone un ideal cristiano que se conforme con "consagrar" sus cualidades y defectos naturales. Le propone, por el contrario, la verdad cristiana situada en los antípodas de su estructura íntima. Presenta a Jesús tal como es; es decir, todo lo contrario de lo que ha sido Carlos de Foucauld hasta entonces. Y el abbé Huvelín añade: "Nunca me hubiera atrevido a pedirle que practicara las virtudes de humildad, bondad y pureza, si la Sagrada Comunión no estuviera ahí para comunicárselas".Este encuentro con Jesús en la Eucaristía y en el Evangelio le llevará más tarde a hacerse peregrino en el desierto. Allí, en soledad y en comunión, en vida dura y en ambiente de escucha, el desierto se manifestará una vez más como un don que transformará a Carlos de Foucauld en un profeta para nuestro tiempo, porque tanto el contemplativo como el profeta "se hacen" en el desierto, ya que el desierto es:
• El lugar del encuentro con Dios, de la intimidad con Él. Es en el desierto donde tanto el pueblo de Israel como sus profetas tienen la oportunidad de experimentar las manifestaciones más palpables de Dios.
• El lugar donde Israel se siente más pendiente de Dios. De Él depende en el alimento, en el poder encontrar agua para beber, en la orientación para no perderse en el camino. Solos en la inmensidad de las arenas sólo pueden contar con Dios.
• Es en el desierto donde Israel experimenta de una manera más viva la bondad de Dios. Su misericordia, su amor, su ternura. Y es en el desierto donde Israel, junto con respuestas de fidelidad y de amor a Yaveh, adopta actitudes de pecado: desconfianza, falta de fe, olvidos, rebeldías, idolatrías.
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Porque el desierto es también el lugar de la prueba. Dios quiere probar la sinceridad en el amor y la fidelidad de Israel. Y porque el desierto es también el lugar de la tentación y de la lucha, es el crisol de las fidelidades, y en nuestro caso concreto, el lugar donde se templa el talante profético del Hermano Carlos.3
.- El desierto y el hombre contemplativo•
A veces tenemos miedo al desierto, a encontramos a solas con nosotros mismos y con el Señor, o tememos al desierto porque nos da miedo encontramos con su "silencio". Carlos de Foucauld no temió al desierto, lo amó. No sólo a la tierra, sino a los hombres que la habitaban, y en su amor a la tierra desértica y a los hombres, emprendió una silenciosa búsqueda, porque en el silencio percibió el deseo de una vida llena de sentido, de una vida con Dios. Lo que está ocurriendo en su interior, con la ayuda de sus consejeros espirituales, va predisponiendo su espíritu para dejarse llevar por Dios en el camino de la clarificación y purificación, llegando a aparecer en el algunos momentos como un hombre desorientado, cuando no equivocado, en un momento de la historia en el que el señuelo de la prisa, del éxito rápido y fácil chocaba con los planteamientos del Hermano Carlos, centrados en Jesús, el "Modelo Único", "el Señor de lo Imposible"Desde el silencio y la soledad del desierto va emergiendo en Carlos de Foucauld el
hombre contemplativo, profético, iluminado con la claridad de la presencia. Desde la contemplación se dispone a acoger y a asumir la realidad de la vida, porque el contemplativo es un hombre llamado a anunciar a los hermanos lo que experimenta y vive en su oración, e invita a todos los hombres a vivir reconciliados con la tierra, cercanos y solidarios con los hombres más allá de credos y de fronteras, especialmente con aquellos que sufren una experiencia de soledad y de cruz, de pobreza y marginación, de ignorancia y de injusticia.Como auténtico orante, este hombre contemplativo, intuye que nunca se puede vivir al margen de la vida. Desentendido de los problemas de los hombres. El profeta, testigo del amor, de la misericordia y la compasión de Dios no se improvisa. No puede nacer de una oración que no sea cercana, solidaria, impregnada de misericordia.
Y este hombre solitario, aparece como un profeta, cercano y solidario, testigo de la misericordia, don de Dios, experimentado en la oración, anunciado y proclamado en la vida. Como profeta se siente y se sabe llamado por amor. La exigencia irrenunciable de responder a la invitación de Dios es, en sí misma, una experiencia de Amor de Dios y la misericordia del Padre. "El amor consiste no en sentir que se ama, sino en querer amar: cuando se QUIERE AMAR por encima de todo, se ama por encima de todo", escribe en Beni - Abbes. Antes había escrito a su Obispo: "Por una parte, no estamos encargados de gobernar, pero por otra estamos encargados de amar al prójimo como a nosotros mismos, y, por tanto, de poner los medios necesarios para aliviar a los infortunados. Cuanto hacemos y cuanto negligentemente dejamos de hacer por ellos, lo hacemos o lo dejamos de hacer por Jesús. Por otra parte, no tenemos derecho a ser perros mudos y centinelas silenciosos; tenemos que gritar cuando vemos el mal y proclamar en voz alta lo que no está permitido: ¡desgraciados vosotros, hipócritas! De esta manera, con voz profética. Coloca a su obispo, no frente a su deber, sino frente al mismo Jesús.
La misericordia es así mismo compasión: saber compadecer en comunión interior con el dolor y con el misterio profundo de la vida de quien lo vive, es decir: vivir con alma (unánimemente), la vida, la alegría, el dolor, el camino. Y con todo ello la gratuidad, la donación y la entrega simple y por amor. Porque el amor de misericordia es un amor de gracia, que se recibe y entrega como "don". Por ello la cercanía y la solidaridad requiere un camino de superaciones como vemos a lo largo de la vida del Hermano Carlos.
4.- Aspecto del itinerario interior de su misericordia v talante profético.
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Quiero señalar algunos aspectos concretos del itinerario interior de la misericordia, que se ponen de manifiesto a lo largo de su vida, después de su conversión, y que dan un toque especial a su talante profético:La misericordia le impulsa a vivir en oración continua, y en la relación fraterna le proporciona la alegría pacificadora del amor sincero.
Asume la misericordia viviendo con alegría su entrega generosa. Pues, quien recibe el don de la entrega "alegra", no busca ni la gratitud, ni la benevolencia, y se maravilla sintiéndose renovado ante la gratuidad de Aquel que nos concede este don. Este profeta contemplativo se esfuerza para no caer en la susceptibilidad, ni en la decepción... Se entrega con sencillez y olvido de sí mismo, convencido de que la perseverancia en la misericordia es la prolongación del amor de Cristo. La misericordia le conduce a descubrir que depende del amor de Dios y también a experimentar que Dios es generoso en sus dones. En su contemplación experimenta queDios es misericordia, da la gracia y siembra el amor, por lo que opta por la profecía de la cercanía y la soledad misericordiosas, que le llevan a vivir abandonado al Absoluto de Dios, convencido de su designio de amor.
Apoyado totalmente en Jesús, abandonándose a en los brazos de Dios, muestra a las futuras comunidades un camino nuevo que andando el tiempo llevará a muchos a reconstruir en el mundo una imagen nueva de Cristo.
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Haciéndonos ver la importancia del Evangelio y de Jesús, el "Modelo Único".• Con su llamada a "gritar el Evangelio con nuestras vidas", no está diciendo que seamos fieles a nosotros mismos, porque Dios no quiere copias, sino testigos, que de manera sencilla anuncian el reino e invitan a otros a participar en su construcción.
1. Hablar de Nazaret es hablar de sencillez, de la grandeza de lo pequeño, de lo pobre y de lo humilde. Pues ,para ser sencillo hay que tener alma de pobre como María: "Porque ha mirado la humillación de su esclava me llamarán bienaventurada". También Jesús llamó felices a los que tienen alma de pobre.
Según esto no es posible Nazaret, ni podemos hablar de la sencillez sin tener alma de pobre, ni decir que la pobreza del alma es 'consecuencia de la sencillez o raíz del abandono, pero si casi decir que la sencillez como la pobreza, es el primer fruto del abandono, actitud esencial en el camino de búsqueda de la voluntad de Dios.
Jesús en el Sermón del Monte, síntesis y programa de su Buena Noticia, encabeza sus palabras con un elogio de la sencillez, fruto de cuanto ha vivido y experimentado en su exilio silencioso de Nazaret. El llama "Dichosos, felices, bienaventurados... a losque . tienen alma de pobre, a los sencillos...". María tuvo alma de pobre esclava, el Señor miró su sencillez, su pequeñez y fue escogida para realizar en ella y por medio de ella cosas grandes. Hace falta mucha fe para creer y vivir esto. Por eso muchos creyentes desmienten con sus obras lo que pregonan sus labios. De aquí la necesidad urgente de volver a Nazaret para empapamos de su espíritu e impregnar a la Iglesia con el aire nuevo del Espíritu, precisamente ahora que tanto se habla de nueva evangelización y que muchos entienden por "hacer más cosas", olvidando que la sencillez, como la pobreza, no es cuestión de cosas, de tener más o menos, sino de actitudes interiores, consecuencia del abandono en las manos del Padre. "Y volvió con ellos a Nazaret, y siguió siendo obediente con ellos" . (Lc. 2,51). Esto es muy importante, porque puedo no tener nada y no ser pobre, ni sencillo, porque no acabo de aceptar la ausencia del tener, ni el riesgo que conlleva la fidelidad a lo pequeño, y en definitiva, no terminar de abandonarme en las manos del Padre.
Pero aún hemos de seguir profundizando en este misterio de Nazaret si queremos vivir el momento presente como un regalo de Dios, con confianza y con paz del alma, convencidos de que el futuro es cuestión de confianza, porque está en las manos de Dios. Esto fue lo que hizo exclamar a María: "
Hágase en mi según tu Palabra".
2. Según esto, mirando a Jesús:
• Nazaret es una vida normal de trabajo, encarnada, sencilla que significa aceptación de la realidad humana de su pueblo y su completa adaptación a la misma.
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Es una vida con José y María: Vida familiar y comunitaria. Vida de amor compartida con ellos y con los demás. Comunidad de amor.•
Vida de oración. como todos los habitantes de aquella pequeña aldea, y algo más, porque El es el Hijo de Dios, aunque sólo ellos lo saben. Allí vive Jesús "su vida escondida en Dios".•
Una vida redentora. Cuando va a Jerusalén dice: "He venido a hacer la voluntad de mi Padre". Aquí se condensa lo que pudiéramos llamar el misterio de Nazaret, tan poco conocido.- .Y es que después de dos mil años, todavía seguimos desconfiando y siguen pesando en nuestra conciencia las palabras del Evangelio: ¿De Nazaret puede salir algo bueno?.
¡Qué miopía la nuestra y que dureza de cerviz para comprender que la persona sencilla es generosa al dar y al recibir! la paz de la pobreza de alma, la de un corazón simple y sencillo corno el de un niño... un corazón grande y generoso corno el de una madre... un corazón fuerte y bondadoso corno el de un padre que todo lo acoge y lo afronta con fortaleza.
Todo esto fue intuido por Carlos de Foucauld en su estancia en Nazaret. Desde allí escribió a su prima María Bondy el 24 de Junio de 1896:
"Tengo mucha sed de llevar por fin la vida que busco desde hace siete años, que he entrevisto adivinada, andando por las calles de Nazaret, que pisaron los pies de Nuestro Señor Pobre Artesano" .René Voillaume dice: "Hay un camino de sucesivas profundizaciones del misterio de Nazaret, en su vida. Todo nace de la necesidad de imitar la vida de Cristo, que es conformidad y amor a Cristo, como se ama a un amigo querido".
La consecuencia espiritual para todo aquel que vive en búsqueda de Dios, es que poco a poco de más valor a las cosas pequeñas, a los pequeños gestos... a todo lo que en realidad constituye la trama oculta de la vida y que tiene sabor a Evangelio: una sonrisa, una mirada amable, una palabra sincera y oportuna... Esta sensibilidad nos lleva a descubrir y reconocer con gratitud todos los gestos de generosidad de Dios y de los hermanos. La persona sencilla no olvida fácilmente el bien que recibe. De aquí la búsqueda de abnegación en el seguimiento de Cristo. "El que quiera venir en pos de mis, que se niegue a sí mismo..." Es el camino de la humildad, de la sencillez, de la Cruz y de la fe en la Eucaristía para hacer el camino junto a Jesús.
• Nazaret es un camino que se descubre bajando. "Bajó con ellos y vino a Nazaret".(Lc.2,51). Carlos de Foucauld escribía a propósito de esto en 1916: "Toda su vida fue sólo bajar. Bajar encarnándose, bajar haciéndose niñito, bajar haciéndose obediente, bajar haciéndose pobre, abandonado, desterrado, perseguido, ajusticiado, poniéndose siempre en el último lugar".
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Nazaret es para Jesús el arraigamiento en una forma de vida, en una manera de pensar distinta de lo que se estilaba. (Mc.6,1 ss). Es conocido con sus antepasados, sus contactos hogareños. Está situado, con las riquezas de tal situación y sus limites. ¿Cómo puede ser otro? ¿Por qué diferenciarse de los demás? "Está loco" (Mc.3,21). ¿Por qué invocar otra familia? La suya la forman aquellos que hacen la voluntad de Dios. (Mc.3,31) y por eso la gente quiere matarlo (Lc.6,1l).•
Nazaret es el Misterio de la Encarnación. Jesús se ha anonadado tornando la forma de siervo. Se humilló haciéndose obediente hasta la muerte (Filp.2,7-8). Encarnación en su pueblo, en una historia que los evangelios evocan en unas genealogías: Mt.l,1-17 y Lc.6,23-38. Encarnación en un pueblo.•
Nazaret es la vida sencilla de cada día, el trabajo, las relaciones de la gente. Es compartir la vida, los gozos, las penas... y así ser evangelio. Buena Noticia vivida e irradiada. 'Esta sencillez de vida no sabe de perjuicio, ni de respetos humanos, porque enraizada en la pobreza no tiene nada que perder. Los que optan por esta vida sencilla no tienen más riqueza que Cristo, convencidos de que nadie podrá arrebatarles su amor. De aquí nace la necesidad ineludible de orar, de suplicar a Dios, porque en Él está toda la razón de su actuar, convencido de que la eficacia de todo lo que hace no viene de sus méritos sino de la bondad de Dios. .•
Nazaret es un misterio de crecimiento. Crecer es aceptar cambiar, vivir rupturas. Nada es definitivo. V.g. Jesús en el templo, Lc.2,40-52. Crecer es aceptar morir a sí mismo, a su propia vida. Lanzarse hacia el porvenir. Siempre se renace del agua y del Espíritu. Crecer es también aceptar la reciprocidad: recibir y dar, aprender y enseñar, hablar y escuchar. Hacerse experto en humanidad al contacto con los otros. Es aprender la lenta germinación de las semillas, y de este modo, la paciencia de Dios. Aprender los gozos de la cosecha, aprender a empezar siempre de nuevo.•
Nazaret es una presencia anónima, escondida. Una palabra silenciosa. La levadura en la masa, la sal de la tierra. Para Carlos de Foucauld es el tiempo de la oración y del silencio al igual que para su Bien Amado Jesús: oración en el trabajo de las manos, oración silenciosa en las largas noches del desierto... oración como aquella familia de Jesús cargada de secretos: secreto de Dios, secreto de María, secreto de José, secreto de Jesús, en donde cada uno respeta el secreto del otro. Y es que el pobre, como el sencillo, tiene una especial capacidad para la alabanza y la acción de gracias, porque no se tiene a sí mismo. Esto le lleva abandonarse en las manos de Dios, a entregar su propia voluntad y a vivir en disponibilidad de servicio, en una entrega generosa y desinteresada, sin cálculos egoístas, abierto con sencillez a la gratuidad, convencido de que nadie le debe nada, porque todo lo que tiene lo ha recibido. Así, su propia sencillez le lleva a ponerse en las manos de Dios. "Tú eres mi Señor, mi único bien... Ningún bien tengo sin Ti"... Sabe que sin Él es nada, se siente en absoluta dependencia de Aquel a quien ama... Esta sencillez del alma hace sentir la necesidad de ser de todos, de multiplicarse para agradar a todos, para llegar a todos... sin mirar lo que le queda para él. No se contenta con dar el pan... Si pudiera, él mismo se haría pan... sabe ser corazón cuando el otro necesita amor, sabe poner alegría donde hay tristeza, sabe escuchar, y también necesita hablar, comunicar, desahogar su corazón y ser escuchado, porque también se siente débil...y se olvida de su tiempo para darlo a los demás. Sabe ser abierto, busca y ama la sencillez, la simplicidad, la transparencia. No tiene dobles intenciones, no oculta nada y mira siempre a los ojos. En María de Nazaret tenemos el espejo de la sencillez. Oyente de la Palabra de Dios, abierta al Espíritu, consciente de su pequeñez, nos dejó el mejor elogio de la alabanza que su alma de pobre hizo al Señor: El Magníficat.•
Nazaret es también descubrir la importancia de lo insignificante, de lo irrisorio. Serán siempre grupos pequeños, pequeñas cosas, lo que hagan de levadura y de sal.•
Nazaret es descubrir que la vida cotidiana, la nuestra y la de los demás, nos es común. El Espíritu del Resucitado está aquí para dar valor de eternidad. Descubrir que la fidelidad a lo cotidiano es la fidelidad de Dios, que quiere que seamos antes de hacer cosas. Hemos de aprender a leer los signos del Reino en el mundo.•
Nazaret es el tiempo de la paciencia. Saber que Dios trabaja siempre, es querer trabajar con Él, buscar lo que Dios quiere, hacer proyectos sin cesar, y sin cesar estar dispuestos a renunciar para entrar en otros proyectos, buscando el proyecto de Dios-•
Nazaret es ir a los menos amados, hacia los más pequeños. Sin eso, ¿cómo podrían recibir la Buena Noticia?•
Nazaret es también el tiempo de la soledad, el tiempo en el cual podemos descubrir que Dios nos quiere solitarios para ser solidarios. Carlos de Foucauld decía: "Con tal que mi vida sea lo que Dios quiere, lo demás no tiene importancia". Así Nazaret es central es esta decisión.En Carlos de Foucauld la vida y la espiritualidad están íntimamente unidas. Vive el misterio de Cristo acentuando el ser sobre el hacer. De aquí que el camino de Nazaret se presente como un camino de profundización en la vida cristiana.
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Vida normal, sencilla, encarnada con los otros, trabajando en el mismo compromiso de los demás hombres.•
Vida comunitaria, en comunidad con otros, ya sean consagrados o simples cristianos.•
Vida que conoce la presencia redentora del Misterio: Presencia redentora del Señor viviendo aquí, de esta manera.NAZARET ES UN FERMENTO QUE SIEMPRE ESTA CRECIENDO.
Volvamos
al Evangelios de lo contrario
Cristo
no estará con nosotros.
Ch.
de Foucauld
EL futuro de la Iglesia es el Desierto:
¿Cómo, si no, podrá señalar al mundo de hoy el camino
que conduce, de las esclavitudes y dependencias que lo aquejan, a la
gozosa libertad de los hijos de Dios?
El futuro de la Iglesia es Nazaret:
De su encamación en las necesidades y en las luchas de
los pobres y marginados de cada sociedad, depende la fuerza profética (es
decir, convincente) de su palabra en el mundo.
El futuro de la Iglesia es la Fraternidad Universal:
Dentro de ella nadie se puede sentir excluido ni
marginado; todos en abrazo, por encima de ritos y creencias, más allá de
las diversas maneras de concebir la existencia humana y de buscar la
felicidad.
El futuro de la Iglesia es Jesús, Modelo Único:
El que ka venido no a ser servido sino a servir, camino
de Plena Humanidad en su ser manso y humilde de corazón; revelador con su
Vida y con su Muerte del Rostro de un Dios, Padre y Madre, locamente
enamorado de toda criatura humana.
El futuro de la Iglesia es Gritar el Evangelio con la
Vida:
Vida que contagia el gozo de sentirse ya salvada por
Dios. Vida que encuentra todo su sentido en el silencio del servicio más
desinteresado. Vida ofrecida en Acción de Gracias y en Comunión a todos
los sedientos de Vida.
El futuro de la Iglesia es el Último Lugar:
Porque sabe, con sabiduría del Espíritu, que los príncipes
y poderosos de este mundo siempre oprimen; y sabe, que los primeros
puestos en el Banquete del Reino están reservados a cuantos se aceptaron,
sin dejar de hacer cuanto tenían que hacer, siervos inútiles y sin
provecho.
El futuro de la Iglesia es el Absoluto de Dios:
Conviene que Él crezca y Ella disminuya. Porque sólo
Dios salva -¡y Dios sólo salva!-, único capaz de sacar hijos de Abraham
de las piedras, y único también en satisfacer las más profundas
aspiraciones del corazón humano.
El futuro de la Iglesia es la Adoración al Eterno:
El Dios Más Grande que todas las instituciones e ideas
que alaban y defienden su Nombre. Ante Quien no cabe más que el silencio
del alma enamorada, rendida ante el asombro de tan inmenso Amor.
El futuro de la Iglesia es el Abandono en Dios:
Nada busca para sí misma en forma de honores ni
privilegios; acepta la incomprensión, la persecución y el fracaso que le
pudieran venir por mantenerse fiel al Evangelio, siguiendo a su Maestro
con la Cruz; y trabaja en la más tranquila gratuidad, sabiendo que su
Misión en el mundo no depende de la eficacia de los medios temporales.
El futuro de la Iglesia es la Sencillez Evangélica:
¡Volvamos al Evangelio! Sencillez de Jerarquía.
Sencillez de Moral. Sencillez en las expresiones Litúrgicas- Sencillez,
sobre todo, en la exposición de la Verdad Revelada, que nos transmite la
Diafanía del Verbo hecho Carne.
La Iglesia del Futuro será una Iglesia de Resucitados:
Mujeres y hombres audaces y libres, amantes apasionados
de la vida y arriesgados defensores de la Dignidad y los Derechos Humanos;
Bienaventurados en la Pobreza de su espíritu solidario; bien dispuestos a
entregar sus vidas, en el día a día de sus responsabilidades, como el
grano de trigo que no teme morir para dar mucho fruto de bien común...
¡O no lo será en absoluto!
Antonio
López Baeza