CORREO INTERNACIONAL .

VISITA A MOSCÚ

Por sorpresa me llegó un mensaje de Antoinette, responsable europea, en el que me preguntaba discretamente si no me disgustaría acompañarla a Moscú en octubre para la preparación de una conferencia del Instituto Ortodoxo de San Filarete. ¿Me disgustaba? Llevo 25 años esperando la ocasión de visitar Rusia, desde que un compañero de estudios me habló con entusiasmo del país y de sus habitantes... Tengo un sentido casi sagrado de viajar, me gusta ponerme en ruta sólo cuando siento una llamada... Esta vez la ocasión esperada parecía haber llegado.

Los preparativos fueron complejos e inciertos; estaba la dificultad de establecer contactos seguros con los organizadores, estábamos en plenas vacaciones para ellos y para nosotros, suerte del correo electrónico. Estaba el problema del visado, la necesidad de una invitación de Rusia, también había que pagar, quizá, la estancia con antelación. Estaba la preocupación "diplomática", conocíamos las malas relaciones entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa Rusa, que habían empeorado durante el último año; ¿cómo comportarse con cautela, cómo hablar, cómo presentarse?  Después de algunos contactos en inglés recibí un mensaje en italiano y la correspondencia siguió con toda comodidad. Salimos el 2 de octubre.

En el aeropuerto de Milán me encontré con Antoinette y nos embarcamos vía Moscú. Un día espléndido, sin nubes y se nos concede una espectacular vista a los Alpes desde arriba. Llegamos por la tarde, el día estaba lluvioso en el aeropuerto de Sheremetevo, hicimos la cola reglamentaria para los controles de frontera y al otro lado vimos a una hermanita  que nos da la primera bienvenida, la segunda llega a pocos metros del encargado del Instituto San Filarete. Era Elena, mi corresponsal en italiano y Volodja que nos acoge con una gran sonrisa y los tres besos tradicionales, signo de la Santísima Trinidad. Vamos en coche y descubrimos que nos acoge en su casa: yo en la de Elena y Antoinette con la familia de Alejandra, la intérprete de francés: estamos encantados de tanta inesperada hospitalidad.

La sesión de obertura de la conferencia se lleva a cabo en la aula magna del departamento de Ciencias Humanas de la Academia de las Ciencias, donde hace unos pocos años se enseñaba ateísmo. Se inició con una oración cantada, cara al icono del rostro de Cristo. En la primera fila numerosos eclesiásticos ortodoxos y un obispo que infunden un cierto respeto con sus sotanas, las barbas largas y el porte solemne.

El Instituto San Filarete se fundó en el 1990 por un cura ortodoxo, el padre Jorge Kochetkov,  con el intento de promover cursos de catecumenado para los candidatos al bautismo. El Instituto gestiona una serie de actividades culturales para formar a catequistas y para contribuir a llenar el vacío creado durante 70 años entre la gran tradición espiritual rusa y la sociedad descristianizada por la fuerza de la dictadura. Cada año organizan una conferencia y invitan a huéspedes extranjeros y de otras confesiones cristianas, con el fin, como diría san Pablo, "examinarlo todo y quedarnos con lo que es bueno". Para este año el tema era "Los movimientos espirituales, experiencia del siglo XX". Entre los presentes había diversos católicos, dos sacerdotes y un diácono. 

Para nuestra intervención presentamos el mensaje del hermano Carlos y la experiencia de la Fraternidad Secular  aludiendo las ramas religiosas de la Familia.  Por nuestra parte, después de tres días y con la ayuda de las intérpretes pudimos conocer de primera mano la espiritualidad de la Iglesia Rusa, la dolorosa historia durante el siglo pasado, los movimientos de renovación que durante varios decenios, también en el campo ortodoxo,  han trazado un camino que dan a la tradición espiritual ortodoxa la capacidad de hablar del hombre de hoy. Personalmente encontré interesante la mesa redonda sobre San Serafín de Sarov, el gran starec del 800 y no puedo olvidar la limpia mirada del padre Viktor cuando hablaba del "misterio de la comunicación", con palabras sencillas y profundas al mismo tiempo, diciendo  que cada comunicación entre los hombres tiene su fundamento en la participación a la vida de la Trinidad. 

La acogida calurosa que experimentamos al llegar siguió durante todo el tiempo. Nos sentimos a gusto, entre hermanos, rodeados de personas abiertas con las que se podría hablar libremente y en plena confianza recíproca. Pasar algunos días en las casas que nos acogieron nos permitió conocer un poco el alma rusa y establecer lazos de amistad que esperamos poder cultivar en el futuro.

Después de estas jornadas pasamos unos días en compañía de la hermanita; con ella visitamos el monasterio de San Sergio Radonez en Sergej Posad, de apariencia fabulosa con su iglesia de cúpula dorada o de color azul. Participamos en una misa de dos horas, en su parroquia ortodoxa; visitamos el lugar del martirio del padre Alejandro Men y su casa, fuimos acogidos por su esposa con sencillez y amistad. El padre Men fue un hombre de gran cultura y apertura de mente, profundamente  enraizado en la tradición ortodoxa, que tuvo una gran influencia en los años de declive del comunismo, llamando la atención a la sociedad rusa como personalidad capaz de hablar al hombre de hoy de la Verdad de siempre. Debido a su compromiso querían silenciarlo,  sin conseguirlo, porque su memoria seguirá viviendo.  Pronto en el lugar de su martirio se levantó una capilla y ahora se construye una iglesia más grande. En su estudio se encuentra el icono de la Transfiguración, junto con otras imágenes de San francisco, San Antonio de Padua y San Ignacio de Loyola.

Durante nuestra estancia pudimos conocer algunos católicos que llevaban algunos años viviendo en Moscú, Juan Guaita de los focolares, y algunos amigos de la hermanita. Para terminar: la semana en Moscú nos ha permitido conocer diversos aspectos de la Rusia cristiana y pudimos experimentar sobre el terreno lo que significa por la experiencia de fe y el testimonio del Evangelio, "respirar con los dos pulmones" el occidental y el oriental, portadores de dos tradiciones distintas, las dos legítimas y complementarias.

Alabado sea el Señor Jesús.

                        Claudio Chiaruttini

 

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