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Carlos Sánchez.

Influencia en mi vida del P. Voillaume

 

Un día, allá por el año 1961, llegó a mis manos, un libro que me dio una nueva visión del seguimiento a Jesús, de ser cristiano. El libro en cuestión se llamaba, o mejor dicho se titula: “En el corazón de las masas “.  Este libro fue, en aquellos años un verdadero descubrimiento para muchos jóvenes y no tan jóvenes, que ansiaban  otra forma de entender y vivir el Evangelio.

A través del contenido de este libro, fuimos descubriendo otras formas, otras actitudes y otros valores,  para poder ser consecuentes en nuestro obrar, con la fe en Jesús y su mensaje.

Para mí, fue un gran acontecimiento, saber que  podía; “ Ser contemplativo en medio del mundo”; en medio de mis preocupaciones, en medio de mis trabajos, en medio de mi familia, en una palabra, en medio de los hombres y mujeres. O sea, que no era necesario, salirse de la realidad de la vida, ni entrar en ningún monasterio, para poder se contemplativo. Esto para mí, que estaba en esos momentos,  en un proceso de búsqueda, fue algo muy importante.

A raíz de este descubrimiento, mi vida, que estaba  ansiosa de soledad, ansiosa de absoluto, cambió, ya  no puse mi punto de mira,  para entender el absoluto de Dios, sólo en la soledad, sino que  vislumbré,  intuí, que podía también, descubrir a ese  Dios absoluto, en las cosas, y sobre todo en las personas, imagen suya. Por eso, me entregué con todas mis fuerzas, a intentar encontrar, algún grupo, dónde poder vivir ese espíritu, que vislumbré en el libro del P. Voillaume. Fue entonces cuando  encontré la Fraternidad de los Hermanitos de Jesús. Entré como aspirante en la Fraternidad de los Hermanitos de la Virgen de los Pobres, en Francia. Esta Fraternidad, seguía el carisma del Hermano Carlos, a través de  la Regla de S. Benito. Tengo que decir que, después de tantos tumbos, por fin, había encontrado el lugar, la vida en la que Dios me quería. Descubrí que las normas no estaban por encima del espíritu, por encima de la caridad fraterna.

Dios, por medio de los acontecimientos y releyendo otros libros y escritos del P. Voillaume, y la vida del Hermano Carlos y sus Escritos Espirituales, volvió a pedirme otro cambio. Dejé la vida Religiosa, dejé la Fraternidad, y a los dos años contraje matrimonio. Mi vida de casado, cambió, pero no mis ansias de vivir según el carisma del Hermano Carlos.

Empezamos la búsqueda de algún grupo, algún movimiento que se plantease la vida, según este carisma. No encontrábamos nada, ya que Encarnita, mi mujer, persona sencilla pero ansiosa de verdad, no veía nada que realmente le llenase.

Nos incorporamos a un grupo de matrimonios de la parroquia, y poco más  o menos nos acoplamos, sobre todo, porque había otros matrimonios jóvenes que se encontraban en nuestra misma situación.

Trabajamos en las tareas parroquiales: Cáritas, liturgia…, mientras íbamos encauzando nuestra nueva vida, de pareja, de padres. Intentábamos estar siempre atentos a la voluntad de Dios, pero nos faltaba algo.

Ese algo, llegó a través de uno de los sacerdotes de la parroquia, fue el cauce para que el Señor nos mostrara el nuevo rumbo que iba a dar nuestra vida.  Un día, este  sacerdote nos invitó a un Retiro de la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld. Como desconocíamos la existencia de este movimiento seglar, nos llenamos de alegría. Acudimos al Retiro y nos impactó muy favorablemente su acogida. Jamás podríamos olvidar aquel encuentro,  sobre todo Encarnita. Ese era nuestro lugar. Desde aquel instante, la Fraternidad fue para nosotros, como hemos dicho muchas veces, “ la salsa de nuestra vida “, pues esta espiritualidad motivaba todas nuestras acciones y deseos, en el seguimiento de Jesús, por entonces, otro libro del P. Voillaume; “ Dónde está vuestra fe ?”, reforzó nuestra decisión.

A través de la vida fraterna, fuimos descubriendo otros muchos valores, que fueron marcando nuestra vida de oración, de pareja, de familia; nuestra relación con los demás, sobre todo con los más pequeños y marginados.

La forma de  entender la pobreza, de compartirla con los pobres, era algo totalmente nuevo. No había resignación, había aceptación. Era necesario acercarse al pobre, no para compadecerle  sino para compartir con él, sus ansias de justicia, sus luchas por conseguir un mundo donde todos fuéramos  iguales.

Fuimos descubriendo nuevas formas de relacionarnos con Dios y los hermanos: la oración contemplativa, en medio del mundo y en la soledad del desierto. Hay que pasar por el desierto, para conocer lo absoluto de Dios y la pobreza de nuestra realidad. También aprendí que el desierto puede estar en nuestra realidad de cada día, aún en medio de las grandes ciudades. El Hermano Carlos, el  P. Voillaume, nos hablan de ir al desierto, también que, aunque es necesario, de vez en cuando pasar por el desierto real y físico, sin embargo, también podemos entrar en el desierto, desasiéndonos de todo apoyo, de todo lo que nos da seguridad, para descubrir que sólo Dios basta.

Para entender nuestra relación con los hermanos, nos plantea el Hermano Carlos, la búsqueda del último lugar. Jesús, nos dice el Hermano Carlos, “ cogió el último lugar y nadie podrá arrebatárselo”. Yo, he aprendido que el último lugar no es aquel que yo escojo, sino aquel en el que me colocan los demás, y que yo acepto libremente. Debo considerar al hermano como superior, (lo que me impedirá juzgarle), aceptando sus fallos, como acepto los míos, como fruto de nuestras limitaciones humanas.

La Eucaristía, era el centro de mi vida cristiana, a través de mi vida de fraternidad, he ido dándole el sentido profundo de amor, de misterio y de encarnación que debe de tener en nuestra vida. No puedo adorar a Jesús en el misterio de la Eucaristía y olvidarme de Jesús en el misterio del hermano, pobre, marginado, despreciado, maltratado. La Fraternidad me ha ayudado a unir las dos presencias. El P. Voillaume, a través de su libró, me llevó al conocimiento de la Fraternidad, y ésta me mantiene en constante búsqueda, como nos dice el P. Voillaume: “ ¡ ojalá el espíritu del Hermano Carlos, no nos deje vivir tranquilos.”!

                                        CC. S.    (Fraternidad de Valencia)

 

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