Pequeño testimonio

Hablando con un amigo boliviano que vive en Málaga, me comentaba cómo la semana pasada los compañeros de la obra en la que trabaja maldecían a Dios y le hacían culpable de todos los males (del ladrillo que no encajaba bien, la mezcla que se cae, un golpe en la mano…).

Él los miraba admirado, pues no está acostumbrado a oír semejantes exclamaciones en su País. Sus compañeros al observar su actitud, que en su pasividad era de reproche, recrudecieron sus palabras y llegaron a decirle:

- "¿Es que tú crees en esas mentiras? ¡Por eso vuestro país está tan atrasado¡"

Muy sereno les contestó:

- "Yo tengo experiencia en mi vida de la presencia de Dios y cómo me ha ido sanando, salvando. Y si mi País está empobrecido, no por creer en Dios, sino porque unos cuantos se han apoderado de sus riquezas, dejando en la necesidad a la mayoría de la población".

Recordé aquellas palabras de Jesús el Nazareno:

- "Bienaventurado el que no se avergüence de Mí ante esta generación descreída y malvada".(Mc. 8).

 

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