RETIRO-CONVIVENCIA

FRATERNIDAD SECULAR CARLOS DE FOUCAULD

REQUIJADA (SEGOVIA) - AGOSTO 2007

 

Día 1. MIENTRAS VAN DE CAMINO… (Mt 10, 7)

La imagen del camino.

. Me viene a la memoria aquella canción de “Caminante no hay camino… se hace camino al andar “. Cada vez caminamos menos (viajamos mucho, pero eso es distinto), y tal vez por ello nos cuesta “vernos y entendernos en camino”. El camino nos evoca un principio y una llegada, un espacio y un tiempo, un trayecto, una historia vivida y recordada, con alegrías, y dolores, con sombras y claridades, con fortalezas y debilidades.. El camino lo tenemos que recorrer cada uno de manera personal, y si tenemos suerte acompañados. El evangelio está lleno de evocaciones al camino. La vida y la vida de fe se entienden desde:

. el reconocer en Jesús la Verdad, el Camino y la Vida,

. y sobre todo de recorrer el camino de la vida con Jesús, aprendiendo a ir por sus caminos juntos, como fraternidad.

Contemplar el “hoy” de nuestra vida. Jn 20 19-23

1. Con los pies en la tierra.

2. Con el corazón abierto.

>> Para la oración personal

1. CON LOS PIES EN LA TIERRA.

Al comienzo de estos días queremos abrir los ojos, la mirada…sobre nuestro hoy particular. Enfocar bien el corazón, que es el que mejor ve. (ojos que no ven corazón que no siente) El “aquí “ y “ahora” de nuestra vida es muy importante. Estamos en camino, en nuestro momento vital (mitad de la vida, en la edad adulta…), en un momento histórico también concreto (que nos agudiza en muchos momentos eso de que somos peregrinos en tierra extraña), en una realidad fraterna y eclesial específica ( ).

Es nuestra tierra. En ella tenemos puestos los pies. La gente de mi barrio dice que “ sólo disfruta de la vida el que tiene los pies en la tierra”. Que disfrutar de la vida es síntoma de sabiduría, de encarar bien las cosas. De no dejar pasar las oportunidades y aprovecharlas cuando aparecen. Porque sólo el que pisa la realidad puede saber todo lo que puede dar de sí. Por aquí creo que va el reto de saber vivir el presente que Dios nos regala como tiempo de gracia y oportunidad.

Necesitamos no perder el sentido de la realidad, del tiempo presente, de sus oportunidades y limitaciones. No nos basta que los acontecimientos ocurran, no queremos ser turistas que atraviesan la vida, o personas ocupadas que se pierden la vida, sino caminantes que vibran y disfrutan de la vida. Eso es lo que creo que Dios quiere para nosotros.

Nuestra tentación es no encarar el hoy con confianza, con urgencia (como la que tienen las chicas nigerianas). Nuestra tentación es dejar de pisar la tierra que somos: idealizando, mitificando, posponiendo para otro momento, cerrando los ojos…

Decía Pascal, que “la vida se parece al juego de la pelota: es siempre la misma, la diferencia está en el modo de moverla”. Es hora de descubrir otro modo de mover la vida. Los sentidos se tienen que afinar para oír al bosque que crece, porque “hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece”.

Para vivir con los pies en la tierra estamos invitados a encarar la realidad, la nuestra y la de la historia que vivimos. Y esto , sobre todo, en la edad adulta pasa por SER VERACES, aprendiendo a vivir CON LIBERTAD INTERIOR.

Maestro sabemos que eres veraz…no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios “ (Mc 12, 14)

Necesitamos situarnos ante la propia verdad. No darla por supuesta. Y ello pasa como en aquellos primeros discípulos por reconocer en nuestro hoy nuestros miedos y nuestras puertas cerradas (Jn 20, 19)

Venimos con la experiencia de que en la vida, en el camino de fe, cada momento tiene sus miedos, sus cerrazones, que nos paralizan, esclaviza… son esas sombras, heridas, crisis, fracasos… que no nos dejan tener la casa abierta a la novedad de Dios y que nos ciegan (unas veces por temor a perder la seguridad, la imagen, el control, las expectativas, los proyectos propios… otras por miedo a la soledad, a la lentitud de los cambios, a las rupturas, a la enfermedad..). ¿Cuáles son hoy nuestros miedos?.

La fe como camino recorrido con Jesús nos lleva al desarraigo y al cara a cara con nuestra debilidad y nuestra humanidad (que tantas veces no nos gusta reconocer ni que nos la reconozcan, sobre todo en su lado más oscuro). Necesitamos aprender a atravesar cada momento de nuestra vida, dejando que Dios nos acompañe y nos siga humanizando la fe. Como dicen las mamás del barrio: "Si en algo se nota Dios es en que nos entiende"

Si en algo se nota la fe es tal vez en que podemos ver de otra manera la vida, la historia… en que puede haber otra lectura y otro sentido de los acontecimientos, del propio camino personal y comunitario.

Y superar el mito actual de la libertad (como el todo vale en función de mis derechos) . Jesús nos adentra en otra mirada de la vida: frente a la libertad como espontaneidad, cabe la libertad como liberación, como construcción de un nuevo modo de vida, donde lo que está en juego es la búsqueda de la madurez del amor y la construcción de la justicia. (“El que busca encuentra” Mt 7, 8 y “Buscad el reino y su justicia” Mt 6, 33)

Ser veraces con nuestro hoy es superar la sinceridad (si soy sincero conmigo mismo, estoy en la verdad, en mi verdad. Y eso es la panacea de la liberación personal). Buscar la sinceridad puede ser en el fondo no querer transformarse, aferrarse a uno mismo, amarse de manera egoísta, encerrarse en el propio individualismo… .

Crecemos en la medida que nos atrevernos a mirarnos y entendernos en una “verdad mayor”: el amor que Dios nos tiene y su sueño para nosotros. Ef 1, 3-6. (vemos con los ojos que miramos. “Vio Dios cuanto había hecho y todo estaba muy bien” Gén 1, 31). Y crecemos en cuanto rehacemos continuamente la percepción de nosotros mismos y de la historia desde este cara a cara con nosotros mismos y con el sueño de Dios y seguimos proyectando nuestra vida en la única dirección del Reino, atendiendo a lo que Dios me pide cada día La veracidad es la actitud honrada de mi corazón para salir de mi mismo y atreverme a situarme con humildad y audacia en la realidad de lo que soy y puedo ser, asumiendo la complejidad de la existencia. Sólo es veraz el pobre. La veracidad implica: liberación de miedos, de riquezas, de intereses y valores que cultivan más la apariencia que mi real verdad y de la historia.

Algunos pasos para ser veraces:

- Conocimiento objetivo de sí. No vivir de impresiones, de oídas, de sensaciones, de modas, de “me parece”. Para conocerse es bueno asumir el contraste con otros, reflexionar sobre la propia experiencia (sobre todo las mejores y mayores lecciones se sacan de los propios fracasos…) y practicar el diálogo y la comunicación de la propia vida (comunicar es abrir la propia vida para recibirla). Acostumbrarnos a equilibrar la cabeza y el corazón, lo objetivo y lo subjetivo. Evitar el autoengaño.

- Aprender a formular lo que vivimos: hablar sobriamente y con franqueza. Para eso que la Palabra de Dios se pose en el corazón. Evitar los filtros entre corazón y Palabra de Dios.

- Asumir que el conflicto y la conversión son dos cosas normales e ineludibles (vivimos en un clima donde nadie quiere complicaciones…). El conflicto aparece a la hora de encarar en mi propia debilidad la verdad, así como de encarar en la historia la injusticia con verdad). Aprender a vivir y acostumbrarnos a vivir sin querer “encajarlo todo”, “anulando toda contradicción”, “ser impecables”… sin ingenuidades ni fatalismos… es un buen camino para ser portadores de verdad con nuestra vida.

- Entrar en experiencias nuevas y profundas para verificar lo que soy. “Ponme a prueba Señor y conoceré mis sentimientos”. Sin experiencias verificadoras corremos el riesgo de vivir de tópicos, de rutinas, de experiencias de otros tiempos, de autojustificaciones… Hemos de verificar si tengo Padre verdadero, si estos son mis hermanos, si estamos “casados” con mi esposo o esposa, o con el Señor, si estoy caminando en la dirección del Reino…. ¿Cómo es hoy mi tierra?, ¿cómo venimos?, ¿qué estamos buscando?, ¿cómo me descubro?

2. CON EL CORAZÓN ABIERTO.

Pero queremos contemplar el hoy de nuestra vida con el corazón abierto.

2.1. ABIERTO a la llamada que el Señor nos sigue haciendo: “Venid conmigo y os haré llegar a ser pescadores de hombres. Y al instante dejando las redes le siguieron” (Mc 1, 15). “ Venid a mi todos los que estáis fatigados y sobrecargados y yo os daré descanso (Mt 11, 28), “Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco” (Mc 6, 31).

Lo que no se renueva muere. O al menos deja de ser fuente de vida. Algo parecido ocurre en el camino de la fe. Con el paso de los años o renovamos las experiencias fundantes o empezamos a vivir de rentas (añoranzas) o de espejismos (idealismos).

La llamada que un día nos hizo el Señor sólo nos sirve, si hoy seguimos construyendo nuestra vida desde esa relación fundamental con Cristo. Somos en relación y diálogo con Él. Seguir construyendo la vida en esa experiencia de relatividad y referencia al Señor es el gran reto de cada momento. Y con el paso de los años no tenemos que dar por supuesto que es así (porque nos cuesta que nos digan, nos aferramos a nuestra certezas, construimos desde nosotros mismos…)

La comprensión de nuestra realidad sólo adquiere su sentido profundo en la medida que nos seguimos descubriendo como seguidores de Jesús, necesitados de seguir aprendiendo a ser discípulos. Llamados a estar y vivir con Él, a participar de su misión y a encontrar en Él el descanso y la renovación.

Necesitamos dejarnos sorprender de nuevo por su llamada en el hoy de nuestra vida: “Venid conmigo todo está preparado” (Mt 22, 1-10).

Ello requiere ESCUCHA y ACOGIDA cotidiana:

. para reconocerle de nuevo (Jn 21, 1-14) “no sabían que era Jesús” y aprender a ver sus señales (Jn 6, 30). Metidos en nuestros negocios, campos y afanes.. no resulta fácil.

. para aprender a descubrirle en el hoy de nuestra historia (Lc 5, 1-11; Jn 21, 1-14). Porque el Señor siempre nos sigue llamando desde el centro de nuestra preocupaciones, allí donde tenemos puesto nuestro corazón cada día, allí donde habitan nuestros fracasos y torpezas, decepciones y alegrías… allí donde la historia grita en la pobreza, en la injusticia…. No lo reconoceremos en otro lugar. Y lo hace con discreción, poniéndose en nuestra orilla, casi pidiéndonos que le dejemos entrar de nuevo “Muchachos ¿no tenéis pescado?”. El Señor nos vuelve a llamar invitándonos a que apostemos de nuevo, a que tiremos de nuevo la red, a que naveguemos mar adentro (a permanecer). Nos llama a dejar “redes y vínculos” que nos atrapan y nos inmovilizan sin apenas darnos cuenta (proyectos, relaciones, profesión, hábitos…). Al Señor lo reconocemos en esas llamadas a dejar atrás expectativas que nos hacen vivir encerrados, y a que sigamos viviendo como peregrinos en búsqueda permanente (de sentido, de justicia, de verdad…). Como dice Pablo: “Yo no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante”. La apertura al futuro es un componente decisivo del seguimiento de Jesús. Cuando renunciamos a esa apertura, renunciamos a la novedad del Señor.

.para aprender a crecer en la libertad con que nos trata y la apuesta que sigue haciendo por nosotros (Jn 1, 35-51). Nos sigue llamando sin imponernos nada. Nos respeta y nos vuelve a preguntar “¿qué buscáis?”. Nos llama dejando de nuevo que tomemos el protagonismo, sin juzgarnos ni exigirnos… haciendo que afloren nuestras necesidades más profundas, las que nos dan sentido. Como Natanael lo reconocemos porque conoce nuestra vida, y nos sigue llamando desde lo mejor de cada uno, recordando nuestra verdad más oculta, volviendo a mover y ensanchar nuestro corazón y nuestra fe “Ahí tenéis a un israelita de verdad en quien no hay engaño”.

. para acoger su invitación permanente a crecer (Jn 21, 12). Su llamada está siempre vinculada a crecer desde dentro, a buscar el alimento que necesitamos (venid y comed) y que nos ayuda a construir fraternidad y vivir en el camino con los pobres. “Yo soy el pan de la vida” (Jn 6, 334-40)

. para acoger su promesa y su desafío (Mc 10, 28-31). La promesa del Señor nos entronca con la experiencia de la fraternidad y de la cruz. Nos hace vivir en la realidad con sus conflictos y sus gozos. Nos hace conscientes del mundo que somos y nos llama a encararlo con esperanza, en el horizonte de la vida eterna, integrando los éxitos y los fracasos, la alegría y el gozo. Nos llama a escuchar no desde nuestras fuerzas, como desde la esperanza que el Señor pone en nosotros, porque confía en lo nuevo que puede aflorar en nuestra vida. No tanto desde los cambios espectaculares y los frutos evidentes, que se ven de manera inmediata, como en la gracia de Dios que actúa siempre. Su promesa es entrar en el amor del Padre en una fecundidad y gozos nuevos (Jn 14, 15): “El que me ame será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré en él. El que crea en mí hará él también, las obras que yo hago y hará mayores aún. Que mi gozo esté en vosotros y sea colmado” Su desafío es seguir hablándonos desde la historia, abiertos a los signos de los tiempos, y en búsqueda de justicia “He bajado para librarle de la mano de los egipcios y subirle a una tierra nueva” (Ex 3, 7-12). Jesús nos llama para comprometer nuestra vida en su misión, en el desafío de seguirle cada día “sin conformarnos a este mundo” (Rm 12, 2). Abiertos cada día al Espíritu. Y desde ahí resituar nuestras prioridades, entregas, fatigas…

Hoy nos toca seguir escuchando la pregunta de Jesús: “¿Y vosotros, quién decís que soy yo?” (Mc 8, 27- 29). En cómo nos respondemos esta pregunta nos jugamos la verdad de nuestro hoy y seguramente las respuestas que buscamos en nuestra vida. Realmente ¿quién es Cristo hoy en mi vida?. ¿Sigo buscando el rostro de Dios, el que “movido por amor” nos dio la vida para ser imagen suya, nos dio a Jesús para indicarnos el camino del amor y para llamarnos hijos y hermanos (Ef 1, 3-6; Is 54,10)?

Nuestro reto es penetrar cada día más en el misterio de ese amor (frente a tantas realidades que nos alejan del mismo: el egoísmo, la insensibilidad, la rutina, el acomodo…) y seguir encontrando en Cristo al Dios de la vida, y seguir encontrándonos a nosotros mismos en ÉL sin dicotomías, (nuestro pasado, presente y futuro). Nos tendremos que seguir preguntando qué vivencia seguimos teniendo de su gratuidad, de ser convocados y salvados por Él… en definitiva cómo vamos experimentando que vivir con Cristo es lo más valioso que hoy tenemos ( es una gracia.)

Por eso como aquellos primeros discípulos (Jn 20, 19):

. queremos situarnos al comienzo de estos días reconociendo el camino vivido (al atardecer de aquel día), pero sin olvidar que vivimos “en el día primero de la semana”, que caminamos con el Señor, que somos seguidores de Jesús, que queremos seguir iluminando nuestra vida en el hoy del Resucitado. Qué importante recuperar lo vivido, lo deseado, lo conseguido y lo malogrado, acogerlo, entenderlo en profundidad… en el horizonte de la Pascua de Cristo, a la luz de la fe en Cristo muerto y resucitado. En ese horizonte vamos a seguir encontrando la verdad de lo que vivimos, su sentido profundo. Y aunque muchas veces no nos parezca evidente, aprender a sentir que hoy es tiempo de gracia y de salvación. Que Dios está en todo lo que vivimos y somos, a su manera (2 Cor 6, 2)

. lo hacemos “reunidos en fraternidad”. Venimos junto a nuestros hermanos y hermanas en la fe. Aquellos que nos ha regalado el Señor, aquellos con los que nos seguimos jugando la vida, haciendo una historia común. ¡Qué importante volver a reconocer que sin ellos no sería posible nuestro hoy¡ No estamos solos, su fe nos ha acompañado en este tiempo…y aunque en momento se ofusquen, pierdan la paz, tampoco vean… siguen creyendo en la promesa de vida del Señor y siguen creyendo en el sentido profético de la fraternidad. Queremos mirar de nuevo a nuestros hermanos/as como lugar de la presencia de Dios y oportunidad donde Dios nos sigue hablando y llamando a la confianza, al amor, al servicio. La fraternidad es fuente de renovación y lugar donde el seguimiento se hace historia de salvación compartida.

2.2. ABIERTOS AL ESPÍRITU

En definitiva vivir con el corazón abierto al sueño y a la novedad de Dios es vivir en el Espíritu. (Rm 8, 14-17): todos los que se dejan llevar por el Espíritu son hijos de Dios.

Si una certeza voy teniendo conforme pasan los años es que el sentido de cada día me lo juego en el encuentro orante con el Señor. En ese “estar con Él”, en ese “mirarnos” cara a cara, en ese entrar en “conversación familiar” con el que me Ama. En el día a día el reto es la fidelidad al encuentro, ese ponerme en soledad y mirarle dentro de mí, de la historia, de los acontecimientos… (con los ruidos, la falta de tiempo, las urgencias…)

Si no le doy mi tiempo al Señor es difícil que Él pueda hacer algo conmigo. El encuentro personal con Dios depende casi exclusivamente de Él (el 99%). Supone un cambio de clavija y de posición en la vida. Ponerse en clave de recibir, de escuchar y de dialogar. Dejar que Dios sea Dios. Soportar esa diferencia, ese misterio. Soportar ser amados sin ser dignos. Y estar, intentar no manipularlo. Tal vez la oración no sea sino lo que nos ocurre cuando nos ponemos delante de Él. Nosotros buscamos utilidad, pero la mayor parte de la oración es sequedad, silencio, preguntas sin respuesta… Tal vez su utilidad sea crecer en libertad ¿qué quieres de mi? Su eficacia intuir lo que es y lo que no es de Dios. Sin nunca tener la certeza definitiva. Y creo que esto es asunto de muchos años. No es fácil dejar que el protagonista sea Dios. Como mucho ir ganando en no poner muchos impedimentos. Aprender a “perder el tiempo” para dejar hacer a Dios e ir unificando nuestra vida. Es como entrar en lo profundo de mano de alguien que nos quiere, y que nos llama a crecer en la fe, en la esperanza y en al amor.

Cada vez que abandono la oración cierro las puertas a Dios El camino de la oración pasa por conocer al Señor y entrar en la oración de Jesús, y así ir conociéndose uno mismo en la verdad. No se ama lo que no se conoce. Requiere perseverancia y escucha de la Palabra. Espacio para la contemplación. En la medida que me voy encontrando con Jesús en integridad (de la cabeza al corazón) voy descubriendo que la cuestión central de la oración es amar mucho. (“la mejor oración es aquella en la que hay más amor”). Y sólo sostenido en el Amor mayor de Dios puedo ir entrando y permaneciendo en esos tiempos donde la oración parece que no sirve para nada, es silencio, oscuridad, sequedad, grito, protesta, … Son momentos para ir pasando a un encuentro más verdadero, más gratuito y desinteresado, más amoroso. Para ir venciendo nuestras pretensiones y lógicas, psicologías, miedos… e ir poco a poco sintiendo mejor las propias necesidades y las de los hermanos.

Orar con Jesús es entrar en la experiencia de:

- un encuentro personal y habitual con el Padre (“ Abbá, Padre”. Mc 14, 32, Mc 1, 12. 35; 3, 13; 6, 46;; 9, 2-8 )

- de búsqueda de su voluntad (“No sea lo que yo quiera sino lo que quieras tú” Mc 14, 36)

- de confianza absoluta ( “Todo es posible para el que cree” Mc 9, 28, “Todo cuanto pidáis en la oración creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis” Mc 11, 12-25)

- de entrega y abandono hasta el final (“Llegó la hora. Mirad que el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores” Mc 14, 41)

- de encuentro con el misterio ( “gritó con fuerte voz: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? Mc 14, 34)

- de petición en función del Reino ( “Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” Mt, 10, 38, “Ábrete” Mc 7, 34)

- de agradecimiento ( “Yo te bendigo Padre, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños” Mt 11, 25)

- de búsqueda de la fraternidad (“cuando os pongáis de pie para orar perdonad si tenéis algo contra alguno…” Mc 11, 25)

- que le lanza a tomar decisiones cruciales en su vida (Vayamos a otra parte Mc 1, 35…)

 

Día 1. Para la oración personal.

. Busca un lugar tranquilo. En soledad ábrete al silencio.

1. Contempla tu vida, tu momento personal…

. recorre los caminos de Jesús por Galilea, Judea, Tiro…Jerusalén. (Mc 1, 9-12; Mc 4, 35; Mc 5, 1; Mc 6, 1-6; Mc 7, 24.31; Mc 10, 1; Mc 10, 17; Mc 10, 32-34; Mc 11, 12. 15; Mc 14, 3; Mc 16, 12…) medita ¿por qué caminos ando? ¿cómo se muestra el Señor?

. piensa en tu tierra, en tu sed, en tus gritos. Jn 7, 37-39; Jn 4, 1-42; Mc 7, 34; Mc 15, 34. ¿cómo te descubres y sientes? ¿qué buscas, qué necesitas?...

. escucha las llamadas que hoy el Señor te hace de nuevo. Mc 9,7; Mc 1, 17; Mt 11, 28-30, Mc 6, 31; Jn 21, 1-14; Jn 1, 35-44; Jn 15, 16 Acógelas y deja que resuenen

. Pide su Espíritu.

. Sal 139 (138)

. a la luz de Mc 8, 27-32, intenta responder a la pregunta que hoy Jesús te hace:  “ Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?”

2. Recoge :

. Una pregunta central que el Señor te ha hecho

. Haz memoria de cómo Jesús te ha buscado y acompañado en este tiempo. Piensa también en tu fraternidad. Escríbelo.

. Algún aspecto que necesito cuidar en mi vida cotidiana.

. Expresa tu agradecimiento al Señor

. Contempla tu vida, tu tierra, tu momento personal… Relee las notas. A la luz de Jn 7, 37-39; Jn 20, 1-19. En este cursillo que comienza ¿qué es lo que buscas?, ¿qué deseas?, ¿Cuáles son tus miedos, tus certezas?

. Ponlo todo delante del Señor sin juicios ni censuras…

. Coge un poco de tierra… Da gracias por el regalo de la vida, de la fe…

. Escribe en unas cartulinas tus búsquedas, gritos, miedos y los colocas en la tierra…. Somos una tierra llena de necesidades. Da gracias al Señor por su acogida incondicional. Porque en todo nos ama.

. Puedes leer el Sal 63. “Señor abre mi vida a tu novedad”

. Contempla cómo Dios nos busca en este momento de tu vida, con sus palabras con sus gestos…

. Jn 20, 19-29

. Jn 15, 16.

. Recuerda la historia de su búsqueda en tu vida, de tantas maneras escondidas, sorprendentes… que sólo tú conoces. Si te apetece la escribes. Puedes leer Sal 139 (138): “ Jesús, sigue buscándome con amor”

. Escucha qué nuevas llamadas te hace hoy el Señor para crecer en el amor

. Jn 21, 1-14

. Jn 1, 35-51

. Mc 10, 28-31

. Jn 14, 15

Acógelas en tu interior, deja que resuenen…

. A la luz de Mc 8, 27-30. Contempla a Jesús en el camino de tu vida…escucha sus palabras…  “¿Quién decís que soy yo?”

. Escribe una pequeña oración de agradecimiento.

“Gracias Señor porque me llamas para la vida y el amor

Gracias Señor porque quieres seguir ocupando mi corazón

Gracias Señor porque quieres que mis búsquedas sean las tuyas.”

 

Día 2. PROCLAMEN QUE EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA

1. ¿Es posible proclamar el Reino de Dios?

2. ¿Nos atrevemos a entrar en el Misterio de la vida, de la fe, de Dios?

3. ¿Cómo descubrir al Dios de la Vida en la Pascua de Cristo?

4. La experiencia de pecado y la misericordia de Dios: todo es posible para Dios (Mc 10, 27)

>> Para la oración personal

1. ¿Es posible proclamar el Reino de Dios?

Dice Pepe, un amigo de la parroquia, que ¡esto del Reino del Dios no hay quien lo entienda, pero que bueno que sea así!. Con su sencillez recoge todo lo que pueda compartir hoy con ustedes.

Cuando escuchamos la llamada de Jesús a que proclamemos el Reino de Dios con nuestra vida, estamos entrando en el Misterio de su presencia y en la lógica de su Amor. Lo primero que honestamente nos tendríamos que preguntar es si es posible y en qué dinámica tenemos que entrar para ello.

El Reino de Dios es la carta de presentación de la vida pública de Jesús. Su marca de presentación e identidad, que le vincula con la prisión de Juan Bautista y con el anuncio de su misión profética (Lc 4, 17 ss). Jesús vive con urgencia el sueño de Dios y pone toda su vida en función de que se cumpla.. El Reino lo recibimos y aprendemos en Jesús.

Jesús es la Palabra de Dios hecha carne porque vivió íntegramente unido al Padre y a su proyecto:

Jn 8, 25-30: “ ¿Quien eres tú?..Yo Soy, y no hago nada por mi propia cuenta, sino lo que el Padre me ha enseñado. Yo hago siempre lo que le agrada a Él”

Jn 14, 11: “Creedme yo estoy en el Padre y el Padre está en mí”

El Reino en Jesús es intimidad y convergencia de vida con el Padre. No tenía otra voluntad que hacer la voluntad del Padre. En Él el Reino de Dios se cumple, y se hace señorío en la historia y en la vida de los que le acogen. Jesús revela el señorío de Dios dejando que no haya otro proyecto en su vida. Vive en plena disponibilidad al Reino. En Jesús el Reino nos llama a seguir integrando nuestra vida en lo fundamental.

“Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura “ (Mt 6, 25-34). Un signo de la presencia del Reino es que no andamos preocupados por nosotros mismos sino buscando la justicia del Reino.

No podemos apropiarnos del Reino, sino entrar en Él y acogerlo con su novedad y su radicalidad. Tenemos que pedirlo cada día “Venga a nosotros tu Reino” cultivando sensibilidad y disposición por las cosas de Dios.

Necesitamos cultivar el encuentro profundo con Jesús, para entrar en su mirada, en sus sentimientos, en sus caminos…para descubrirlo vuelto al Padre, y así volver nuestra vida hacia su voluntad. Tal vez ese sea un reto mayor en la edad adulta. No dar por sabido el Reino, y seguir buscándolo. Será la única certeza de nuestra vida no se instala en la ley, la rutina o la sinagoga. Porque sólo podemos anunciar y dar testimonio de lo que hemos visto y oído, le dice Jesús a Nicodemo (Jn 3, 11), “lo que contemplaron y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida” 1 Jn 1-3.

“El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca.. Conviértanse y crean en la Buena Noticia” (Mc 1, 15). Acoger esta llamada es entrar en el camino de la conversión. No es posible el Reino sin nacer de nuevo (como el viejo Nicodemo). El Reino de Dios tiene la vocación de cambiarnos la vida, ayudándonos a vivir de otra manera, a su manera. El Reino se manifiesta en liberación: los ciegos ven, los cojos andan, los oprimidos alcanzan libertad…

Con la llegada de Jesús llega la salvación a nuestra vida: “El hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” ¿estamos dispuestos a dejarle entrar? ¿a asumir este nuevo orden que provoca escándalo y murmuraciones, reproches y críticas, persecución y muerte? Como Zaqueo (Lc 19, 1-10) que experimenta los frutos de la conversión: compartir con los pobres y recuperar con generosidad a los hermanos defraudados.

Con la llegada del Reino todo cambia de sentido: El que ríe es un desdichado (Lc 6, 25), y el que llora un bienaventurado ( Mt 5, 4). El fariseo impecable sale de orar con su pecado y el publicano pecador de profesión perdonado (Lc 19, 14). Los limpios se descubren pecadores y la mujer adúltera recobra la dignidad ( Jn 8, 1-11). El que acumula es un insensato (lc 12, 16-21) y el da todo a los pobres para seguir a Jesús ha entendido la vida (Mc 10, 21).

Nos vamos convirtiendo en la medida que vamos acogiendo el Reino como Buena Noticia, procuramos hacer experiencia y permanecemos en Él.

. ¿Cuál es la dificultad para entrar en el Reino de Dios? No son nuestras debilidades sino la autoafirmación y nuestra manera de ver y esperar a Dios. Cuidaros de la levadura de los fariseos y Herodes ( Mc 8, 14-15) porque nos alejan del Reino (*)

El joven rico (Mc 10, 17-26). ¡qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!. El Reino lo vamos descubriendo en la medida que nos hemos encontrado con Jesús y nos dejamos seducir y enamorar por su propuesta, hasta el punto de seguirle, y relativizar todo lo demás, en función de estar con Él. (El es nuestro tesoro). Nos cuestiona nuestras “riquezas” e intereses y nos pone en relación con los pobres (cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres). Nos lanza a una vida que va más allá del cumplimiento de la ley y que se abre al riesgo de compartir sin reservas, de servir y dar la vida. Y todo ello gratuitamente. Una vida expuesta, que nos saca de la lógica de esta cultura dominante. Y que nos adentra en la aventura de vivir configurados con Cristo (asumiendo su vida y su muerte)

. y sin embargo a otros se les ha dado (Mc 4, 11. Los que le seguían a una con los Doce) Y paradójicamente a otros se les ha dado entrar en este misterio sin tener que hacer nada. Bienaventurados los pobres y los perseguidos porque de ello es el Reino de Dios (Mt 5, 3.10). El reino es de los que son como estos (los niños) (Mt 5, 3) Como si no fuera fruto de nuestro esfuerzo. Sino más bien del amor de Dios que se quiere revelar en los últimos de la sociedad de manera especial. Es el misterio de la identificación de Dios con los pobres, y la invitación a contemplarle y descubrirle en ellos. (fuera de los pobres no hay salvación). Y ello tampoco nos encaja en nuestra mentalidad del esfuerzo y la competencia, del prestigio El Reino nos invita a salir de nuestras casillas, a romper con nuestras lógicas del beneficio, y el mérito. El Reino es un regalo, un don, que no controlamos.

. y los hay que sin saberlo no están lejos. (Mc 12, 28-34. El escriba sensato, o la mujer del perfume Mc 14, 9). El Reino rompe con todas las barreras y se hace presenta en la vida de aquellos que entienden el amor al prójimo por encima de cualquier sacrificio o ley, o la entrega generosa por amor más allá de los riesgo que ello suponga. El Reino de Dios nos pone en comunión desde el amor más allá de cualquier condición que nos separe. Y ello nos desbarata, porque nos cuestiona la verdad de nuestras intenciones y la gratuidad de lo que vivimos. El Reino tiene que ver con lo profundo del corazón.

El Reino de Dios nos invita a entrar en el Misterio, esa dimensión poco transitada, donde hay más preguntas que respuestas, donde abunda el silencio y las palabras resuenan diferentes, donde se da la paradoja, y donde la vida se juega en su verdad última. El Reino de Dios nos llama más que a buscar respuestas a vivir en las preguntas Con unos lenguajes y unas lógicas distintas (que nos sorprenden y nos dan miedo)

2. ¿Nos atrevemos a entrar en el Misterio de la vida, de la fe, de Dios?

Jesús nos revela el Reino en parábolas para “publicar lo que estaba oculto desde la creación del mundo” (Mt 13, 35), “El reino de Dios viene sin dejarse sentir, porque ya está entre vosotros” (Lc 17, 20-21). Jesús quiere adentrarnos en la densidad de la realidad, en el sentido profundo de los acontecimientos, porque en la creación y en la historia late la presencia de Dios. Viene a decirnos que la realidad humana es medio sacramental, que el Reino no es otra cosa distinta, sino la realidad vivida con la mentalidad de Dios. El mundo vivido en Dios.

Por eso es un misterio oculto que tenemos que aprender a desvelar y acoger en la realidad., aprendiendo a mirar desde dentro, desde el corazón. El designio de Dios está al alcance de todos. El Padre trabaja en nuestra historia. Pero necesitamos profundizar en lo real y vislumbrar el sentido desde la sensibilidad y valores del reino. Necesitamos cultivar una mirada contemplativa, una mística de “ojos abiertos”.

¿qué realidades nos abren a ese Misterio?

. la vida de las personas y su dignidad: si algo pone en evidencia la lógica del Reino es que la vida nos la jugamos en relación a la vida y la dignidad de las personas, de todas, y de manera especial de las más débiles, excluidas y despojadas. El reino se manifiesta en la terquedad por lo perdido, por los pecadores (Lc 15). En cómo nos situamos ante ellas, en cómo nos implicamos y nos complicamos con la vida amenazada de nuestros hermanos. Todos los relatos de las curaciones, todos los milagros, todos los enfrentamientos con los escribas, fariseos, sacerdotes... nos remiten a la pregunta de Jesús: “¿es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida en vez de destruirla?” (Mc 3, 4). Cuando hacemos de ello criterio de nuestra praxis el Reino nos crea conflictos, porque pone en evidencia la injusticia, las desigualdades, el mal en el que vivimos y a su vez nos sitúa al margen.. El Reino de Dios es incómodo en el mundo en el que vivimos.

. las paradojas y contradicciones: la vida , la historia, está llena de paradojas y contradicciones que no sabemos encajar, ni asumir, y ante las que reaccionamos de manera distinta intentando evitarlas, camuflarlas, o negarlas. Como dice Jesús el trigo y la cizaña crecen juntas (Mt 13, 24-30), y tenemos que aprender a convivir con ella en nuestra vida, sabiendo que existe. En cuantas ocasiones no queremos reconocer la cizaña que llevamos dentro. O nos construimos una realidad que evita reconocer las tensiones, los conflictos, la injusticia existente… El Reino nos llama a romper con esos idealismos y a entrar en una visión más entera de lo que somos en realidad.

El grano de trigo que si no cae y muere no da fruto (Jn 12, 24), el Reino nos habla de morir para vivir, de no ocultar el riesgo que supone apostar por el amor hasta el final. Como la levadura que fermenta todo y lo cambia todo. “Hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos” (Mc 10, 31) Todas la Bienaventuranzas nos hablan de esta experiencia paradójica del Reino (Mt 5)

. la debilidad: si algo pone en evidencia el Reino de Dios es que en nuestra debilidad se quiere manifestar la fuerza de Dios. Ese es su camino. Lo pequeño de una semilla, lo incipiente de un brote tierno, la consistencia de un arbusto, la vida de un niño, una mujer amenazada…nuestros fracasos, nuestra enfermedad, nuestra limitación, nuestro pecado, nuestros demonios…no son impedimento para su gracia y su amor. (Mc 4, 26; Mt 13…). En ese mirar la vida abierta al misterio de nuestra fragilidad el Reino entra en contradicción con nuestra mentalidad de protección y seguridad a costa de todo, del poder del poderoso, de la fuerza del éxito…”Lo que hicisteis con uno de estos hermanos míos tan pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40)

. lo escondido : la vida esta recorrida por multitud de realidades que no son evidentes a nuestros ojos, el crecimiento de una persona, la entrega que no se hace pública, el gesto de compartir en lo íntimos, la fe verdadera… pero el Padre ve en lo escondido, y la semilla crece sin saber cómo. (Mc 4, 26). En lo escondido se descubren las perlas preciosas y los tesoros que nos hacen apostar radicalmente por el sentido en nuestra vida y dejar todo lo demás. Y es en lo escondido donde se anida nuestras tentaciones ¿por qué pensáis así en vuestros corazones? (Mc 2, 6-8). El mismo Jesús es muy celoso de que nos se propague lo que hace, porque el Reino no tiene nada que ver con las apariencias, con el triunfalismo…

. lo gratuito: la vida está recorrida por gestos gratuitos de servicio, de entrega… inmerecidos, desproporcionados… como la moneda de la viuda que comparte hasta lo que necesita para vivir…o la invitación al banquete a los pobres, lisiados, ciegos…a los que no pueden pagar ni devolver lo que se les da. (Mc 12, 41…), o el lavatorio de los pies (Jn 13). La gratuidad es provocadora en este mundo de intereses y beneficios.

. la paciencia: cuando somos capaces de esperar al otro, de no romper la relación por nuestra impaciencias, cuando dejamos tiempo para que se recuperen las heridas, para crear procesos de crecimiento de solidaridad con los vecinos… el Reino de Dios se manifiesta. Va muy unido con la resistencia ante las contrariedades, las injusticias… Es como la higuera que no da frutos y nos damos tiempo a ver si crece (Lc 13, 6-9). La paciencia es escandalosa en este mundo de lo inmediato y rápido.

¿Cómo aprender a discernir y entrar en el Misterio del Reino?

3. ¿Cómo descubrir al Dios de la Vida en la Pascua de Cristo?

. la sabiduría del Reino sólo se entiende en la lógica del amor

Nuestra manera de entrar en el Misterio del Reino es Cristo, su Pascua. En Cristo encontramos la novedad y la respuesta de una vida recorrida por el Misterio de Dios, por su presencia amorosa. Cristo es la nueva lógica, el nuevo lenguaje. El es el “consumador de la fe”. En medio de las perplejidades de nuestra historia, de nuestro momento vital, del cambio de época en que vivimos, de nuestras orientaciones, contradicciones y pecado… unidos a su Pascua podemos descubrir la sabiduría del Reino brotando en medio de todo ello y mirar con novedad y confianza la presencia de la Vida de Dios en medio de las cruces y sinsentidos.

Contemplando a Jesús descubrimos que el Misterio del reino sólo lo descubrimos entrando en el camino y en la lógica del Amor extremo, que pasa por la Cruz, para resucitar dando vida. Que muestra amor recorriendo la injusticia y la capacidad de mal que existe en la humanidad, sufriéndola en la propia carne por buscar la justicia y mostrar que otro mundo y otra lógica es posible, ante el silencio de Dios y la perplejidad del mismo Jesús:

“¿Cómo está escrito del hijo del Hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? “ Mc 9, 12. ¿Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado? Mc 15, 34. Estamos ante un “misterio” que nos desbarata todo: ¿por qué muerte para alcanzar la vida? ¿qué sentido tiene un amor maniatado y crucificado? ¿de qué victoria estamos hablando? ( I Jn 3, 14-16, 1 Cor 15, 54-55). Jesús en la Cruz nos convoca a entrar en el misterio de:

. un amor que permanece (no huye) allí donde se manifiesta el odio

. una vida que se entrega (no se resiste) allí donde aparece la muerte

. una libertad humana (que tiene en sus manos la capacidad de elegir) y la libertad de Dios (que no se impone)

Y que nos hace intuir que la verdad de la Vida se resuelve precisamente en estos dilemas que parecen no tener respuesta, y que desde Jesús se resuelven asumiendo las realidad en su totalidad (de oscuridad y luz, de contradicción, de lucha) sin intentar demostrar ni imponer nada, sino viviendo en coherencia de amor extremo a todos.

Jesús responde a la Cruz poniéndose en las manos del Padre, lo cual pasa por ponerse en manos de los otros, incluso de los que le condenan… Tal vez el misterio del Reino sólo se entiende contemplando a Jesús en ese dejar que los otros vayan configurando su vida (Jn 21, 18) incluso hasta que te crucifiquen o te atraviesen el corazón con la lanza. Y en el misterio de un Dios que no es privilegio, ni seguridad de nada.

Con el paso de los años uno descubre que es más sencillo “renunciar a” que “vivir con... en manos de…”. Cuando renunciamos, aunque nos suponga sacrificio, seguimos controlando. La renuncia no genera encuentro con el otro. En cambio cuando me afirmo por amor en caminar con el otro, a pesar de nuestras torpezas, diferencias, heridas… cuando dejo que mi vida se haga con el otro, ello genera encuentro, posibilidad, futuro. Supone abrir mis manos para que el otro haga con ellas, supone abrir mi corazón para que se atraviese de las necesidades del otro, de sus límites, urgencias, pecados…

“Quien ama a su hermano ha pasado de la muerte a la vida” dirá 1 Jn 3, 14. Por ello sólo con una fe pascual podemos atrevernos a proclamar el Reino de Dios (Heb 11, 1-3). Una fe que crece en la entrega confiada y esperanzada, y que se abre a atisbar la vida nueva en medio de la debilidad, lo imperfecto y fracasado, lo pequeño… Una fe que no nos evita la espera, el silencio, la falta de resultados, el sufrimiento… y que nos une a una multitud de testigos que entregaron su vida apoyados en la promesa de Dios, sin más prueba que su misma fe ( Heb 11, 32-40). Es una fe más desnuda, más probada, más humilde y agradecida. La Pascua de Cristo nos adentra en el camino de la conversión y nos ayuda a purificar nuestra propia fe.

4. La experiencia de pecado y la misericordia de Dios: todo es posible para Dios (Mc 10, 27)

A la luz de la Pascua, en la lógica del Reino de Dios necesitamos preguntarnos por nuestra experiencia de pecado ¿cómo lo vivimos? ¿con qué conciencia?. Uno de los rasgos de nuestra cultura es la incapacidad para sentir el pecado el propio y el estructural.

El pecado lo experimentamos en la fragilidad de nuestro sí al Señor, al seguimiento…al descubrir nuestra incoherencias, al no acoger la debilidad en nuestra vida, en el camino de la fe, al experimentar el desamor, la tentación… y también al consentir con el mal estructural que anida en nuestra sociedad. Y que nos aleja del Reino de Dios y de la Buena Noticia.

Nuestra reacción suele ser la culpabilización, el farisaísmo -como falta- , o los muchos mecanismos que tenemos para ocultarlo o evitarlo . Ya que no es una foto que nos guste mostrar.

Sin embargo la vivencia del pecado a la luz del Reino y de la Pascua nos remite a la experiencia de la gracia y la misericordia de Dios “Te basta mi gracia, mi fuerza actúa mejor donde hay debilidad” ( 2 Cor 12, 5-10). El protagonista es el dueño del campo que nos quiere y acoge nuestra cizaña o el Padre que nos sigue esperando.

La experiencia de reconciliación se abre desde el momento en que aceptamos ser perdonados de manera gratuita. A nosotros nos toca aprender a convivir con el mal, sin pactar con Él, e intentándolo vencer a fuerza de bien. Aprendiendo a perdonar y a rehacer las relaciones, a construir en la dirección del Reino.

Cuando somos capaces de bajar a nuestros sótanos, y reconocer todo lo que brota (ira, angustia, odio, rencor, tristeza, angustia…y nos aleja del reino y su justicia), aprendiendo a dialogar con ello sin sublimaciones, ni intelectualismos…estamos dejando que Dios pueda actuar en nosotros. La humildad es mirar de frente las propias sombras, arriesgarme con valentía a reconocerlas, y desde ese lugar profundo hacer posible encuentro con Dios

Contemplar el pecado no es nombrar las faltas, sino sentir la mirada amorosa de Dios y su aceptación incondicional. Poner palabra al pecado es matar el orgullo, y celebrar el sacramento de la reconciliación es recuperarme del desgaste, de las piedras que cargamos…descubrir que podemos empezar de nuevo, y aprender a dejarme querer (que tanto nos cuesta). En el fondo nos recuerda Jesús ¡Tu fe te ha salvado! Vete en paz. ( Mc 5, 34)

Nuestra debilidad y pobreza no nos alejan de Dios, sino que se convierten en espacios de reconciliación donde salimos fortalecidos y sanados para el reino.

“Dios ha escogido lo que el mundo tiene por débil, parea avergonzar a los fuertes” (1 Cor 1, 26-31) “Bendito seas Padre que has revelado estas cosas a los pequeños y sencillos”

 

Día 2. Para la oración personal

. Busca un lugar tranquilo. En soledad ábrete al silencio.

1. Contempla tu vida, tu momento personal…

. acompaña a Jesús adentrándose en la historia ( Lc 4, 16-22, Mc 6, 30-44; Mc 7, 1-16; Mc 8, 22-26; Mc 12, 13-17; Mc 12, 41-44; Lc 19, 1-10; Mt 5;Mt 13; Jn 8, 25-30) medita ¿con qué pasión vivo la realidad? ¿cómo me adentro en la experiencia del Reino y en sus signos?

. piensa en las tentaciones y realidades que te alejan del Reino (Lc 6, 20-49, , Lc 4, 1-13, Mt 23,1-39; Jn 12,24-25; 2 Cor 12, 5-10; 1Cor 1, 17-31 )

. puedes leer: La fe en Cristo, Darse por entero, La debilidad. ¿qué te descubre el Señor de ti mismo?¿y de tu fraternidad? ¿cómo lo vives?

. escucha las llamadas que hoy el Señor te hace. ( Lc 12, 22-37; Mc 1, 15; Lc 17, 20-21; Lc 13, 6-9; Jn 3, 5; Jn 10, 1-15; Jn 13, 6-17 ; Heb 11. ) Acógelas y deja que resuenen. Pide el Espíritu.

. Sal 40 (39) , 103(102)

. a luz de Jn 13 y Mc 4, 35-41 intenta responder a las preguntas que Jesús te hace: “ ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?” “ ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?

2. Recoge:

. Una pregunta central que el Señor te ha hecho

. Haz memoria de lo que en este tiempo has vivido como Buena Noticia y te impulsa a la conversión. Piensa también en tu fraternidad. Escríbelo.

. Algún aspecto que necesito cuidar en mi vida cotidiana.

. Expresa tu agradecimiento al Señor. El corazón y el horizonte de nuestra vida se abren en la Pascua de Cristo. La Pascua discierne nuestra fe. Nos dice si es pasión del Reino de Dios o pura adhesión interesada. Por eso siempre es oportuno decirnos la advertencia paulina “no desvirtuéis la cruz de Cristo”. Porque hay muchas maneras que se nos camuflan de buscar la salvación sin cargar con la cruz y ahorrándonos o ignorando la pasión.

También sería bueno al comienzo de esta semana que nos hiciéramos un chequeo de cómo vivimos la fe en Cristo en este momento de nuestra vida. Qué rasgos predominan:

Algunas pistas:

- Una fe “emocional”: asentada en el ídolo de nuestra cultura, que es el bienestar emocional valora que la persona feliz y madura es la que se siente emocionalmente bien: contenta consigo misma, sabe dar cauce a sus sentimientos y los sabe expresar y convivir con ellos. A su vez una decisión está bien tomada si nos sentimos bien. Y que por tanto la fe nos ha de llevar necesariamente al bienestar emocional. Y sino sucede esto “algo va mal”. La fe emocional cree en Dios en cuanto lo siente y lo apresa subjetivamente. No sabe que hacer con el sufrimiento, más que huir o negarlo. Si se deja de sentir afectivamente el consuelo, o atraviesa momentos de sequedad o angustia, la verdad de Dios entra en crisis. Esta perspectiva emocional de la fe genera un autocentramiento enorme en la propia subjetividad. Queda reducida a los sentimientos que me suscita y no acierta a vivir con el perdón de Dios, el amor gratuito, los sacramentos, la búsqueda de la voluntad del Padre…

- La Pascua de Cristo nos recuerda que la fe no se asienta ni exclusiva ni principalmente en los estados emocionales, ni en su capacidad de transformación emocional. La Pascua mete realismo escatológico en la vida e invita a creer que la verdad más profunda del hombre se esclarece cuando se sale de sí mismo para entrar a vivir con los sentimientos y la pasión por la vida de Cristo.

- Una fe “ética”: Que hace predominar la experiencia de solidaridad y la praxis del amor al prójimo. Inconscientemente deja que cobre relevancia el hacer frente al encuentro personal con el Señor y la propia configuración con su persona. En el fondo tiene mucho peso la imagen propia y el éxito. Esta manera de vivir la fe le cuesta asumir la dimensión de misterio del encuentro con Dios, y no acierta a asumir el elemento de fracaso, pasividad y de agradecimiento. Busca la propia salvación a través de lo que hace por amar. No se deja lavar los pies por el Señor (Jn 13, 8).

- Una fe como “autorrealización”. Parte del convencimiento de que el sentido de la vida es alcanzar la felicidad. Y el logro de la persona es la autorrealización. A través de una libertad sin vinculación. Se cree que “nuestro destino está en nuestras manos”. La fe es una manera de alcanzar felicidad y así nos autorealizamos. Cuando esto no ocurre “algo va mal”. De nuevo el centro lo ocupa el propio sujeto que define sus objetivos y sus logros. Y a su vez no asume los fracasos, ni a los fracasados, ni a las victimas de esta sociedad. La fe cristiana promete la plenitud de la vida, pero no la articula como autorrealización. Sino como descentramiento del propio yo, y respuesta a la llamada de otro. La Pascua nos dice que la salvación viene de la ruptura de sí mismo “cuando la vida se pierde y se da, entonces se gana”

- Una fe “elegida”: Parte de la creencia de que “lo que uno elige tenemos que respetarlo”, y ello hace que nadie pueda entrar en mi vida, y a la vez tampoco me arriesgo a hacerlo en la de los otros. Cada uno es “soberano” de elegir lo que crea más conveniente. Ello lleva a vivir la fe como una elección de lo que me va y de lo que no me va, adaptando el Evangelio a mi conveniencia. La Pascua supone dejar a Dios ser Dios. No usurpar su lugar. Quien se deja elegir por Dios y llevar por él, aún asustado y perplejo, encuentra nuevos caminos, relaciones, horizontes…

 

Día 3. NO TOMEN NADA PARA EL CAMINO…

No tomen nada por el camino

>> Para la oración personal

Al comienzo de este día escuchamos las palabras de Jesús: “ No tomen nada para el camino, fuera del bastón y calzados con sandalias, ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja, y no vistan dos túnicas” (Mc 6, 7) Mt 10, 9-10 y Lc 9, 1-3, aún lo presentan de manera más radical. “No se procuren oro, ni plata, ni calderilla en sus fajas, ni alforjas para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias ni bastón.”

En este camino de la libertad:

. Dios quiere “despojarnos” de todo lo innecesario, con lo que nos vamos cargando, para estar libres para amar y servir, para proclamar el Reino. Y así poder acoger en la vida de manera permanente los distintos desplazamientos y salidas que la búsqueda de su voluntad nos provoca. Tendremos que ir viendo cómo nos vamos desprendiendo de todas nuestras seguridades y realmente nos abandonamos a confiar en Él.

. Nos hace entrar en el “desierto de la vida y de la historia” para dejar que Él sea el verdadero protagonista, para que vayamos teniendo experiencia de Dios. Y así descubrirle acompañándonos siempre, recreándonos. Para ello necesitamos el encuentro orante, el silencio, el desierto.

 

Día 3. Para la oración personal…

. Ponte en camino… Sal 63 (62)….Pide el Espíritu.

. Contempla tu vida, tu momento personal… tu experiencia de Dios.

. Acompaña a Jesús mostrando misericordia en los caminos… (Mc 1, 32-33, 40-45 ; Mc 5, 1-20)

. contempla a Moisés. (Ex 1, 8-14 ; 2, 11-14) ¿cómo vivo hoy el grito de la opresión? ¿a qué me llama y qué me enseña?

. acompaña a Jesús en oración (Mc 1, 35; Mc 14, 32…) medita cómo vives tu experiencia de encuentro con Dios - Puede leer el texto sobre la oración.

. Si lo deseas párate en el camino y entra en oración.

. acompaña a Jesús en el monte ( Mc 9, 2-8) contempla a Moisés (Ex 2, 15 – 7, 1-13 ; . Ex 13, 17 – 20, 1-21, Ex 40, 36-38)

. medita los momentos en que has vivido con claridad la presencia de Dios en este último tiempo y cómo se ha manifestado, en ti y en la fraternidad Sal 105 (104)

. acompaña a Jesús en las dificultades (Mc 3, 1-6; Mc 11,15-18; Mc 14 - 15) contempla a Moisés y al pueblo en las pruebas (Ex 17, 1-15; Ex 32, Nm 14, …Lm 3) medita los momentos de fracaso e impotencia que has vivido en este último tiempo, y cómo se ha manifestado Dios, en ti y en la fraternidad. Sal 137 (136), Sal 102 (101)

. acompaña a Jesús en la Cruz (Mc 15, 16-39) contempla a Moisés al final de su vida ( Dt 34, 1-4) medita los momentos de abandono confiado en el Señor, y cómo se ha manifestado Dios, en ti y en tu fraternidad. Puedes leer el texto sobre las disminuciones.

. A la luz de estos días… prepara la Reconciliación. Busca algún signo para la celebración. Reza el Padrenuestro.

 

Día 4. VAYAN DE DOS EN DOS…

1. En estos tiempos que vivimos…

2. La fraternidad es un DON

3. La fraternidad muestra sus POTENCIALIDADES en su fragilidad.

4. Aprendemos a construirla unidos a JESÚS.

5. Vamos a soñar…

>> Para la oración personal

Jesús viene a romper el dicho de “mejor sólo que mal acompañado”, “mejor acompañado aunque nos tengamos que poder de acuerdo”

1. En estos tiempos que vivimos…

Vivimos tiempos (en este mundo europeo) donde se da una fuerte desafección por todo aquello que rompa nuestro individualismo y nuestro bienestar. Lo comunitario no está de moda. Vivimos no sólo un tiempo de cambios sino lo que algunos llaman un “cambio de época”. Se da una cierta incertidumbre en estos tiempos de tránsito. Se afirma una sociedad más secularizada, laicista, plural e interreligiosa, hedonista y a la vez más insensibilizada y sin memoria hacia las víctimas de este sistema económico, que sigue provocando sufrimiento, muerte, exclusión, pobrezas…. No es época de grandes adhesiones ni pertenencias fuertes.

Donde la participación es escasa y los sistemas democráticos europeos no parecen responder a las demandas actuales. Donde las vocaciones religiosas son cada vez menores y las estructurales eclesiales tradicionales hace ya años que están en decadencia…Se dan también signos nuevos de participación, movimientos antiglobalización, realidades interculturales e interreligiosas…

La fraternidad cristiana sigue estando llamada a ser profecía del Reino. Ahora, y como siempre. Igual en esta época de exilio y éxodo, tenemos que volver a descubrir qué podemos aportar al mundo en el que vivimos. Cuando no hay rey, ni templo, ni tierra propia, es tiempo y espacio privilegiado para el Espíritu y la profecía del Amor.

2. La fraternidad es un DON.

El pueblo de Israel es liberado para ser y vivir como una nueva familia. Nos liberamos juntos. El Padre envía a su Hijo para ser un Cuerpo: “Por eso al entrar en el mundo dice sacrificios y holocaustos no quisiste pero me formaste un cuerpo… He aquí que vengo para hacer tu voluntad” (Heb 10, 5-7). (1 Cor 12, 12…).

Jesús nos ha llamado y nos ha encomendado anunciar el Reino con un corazón liberado, pobre y humilde… pero para ir de dos en dos, como comunidad samaritana por los caminos de la historia. Jesús nos convoca para seguirle con otros, que escuchándole “se fueron tras Él” (Mc 1, 20)., que dejando atrás otra vida, otras relaciones… encuentran el gozo del Resucitado en la fraternidad de hermanos (Allí le veréis Mc 16, 6-7).

Necesitamos volver a renovar la certeza de que la fraternidad es un don, un regalo, que no es fruto sólo de nuestro empeño, sino acontecimiento del Espíritu (Rm 5, 1-5, Rm 8, 14…). La fraternidad no es un a priori “lógico” de la fe, sino el fruto de la presencia del Resucitado y de la pasión por el Reino en el corazón y la vida de los hermanos y hermanas. En la fraternidad aprendemos a ser hermanos. De una manera dinámica y progresiva fruto también de nuestra opción y decisión cotidiana. (y esto es un “nuevo estado” que no podemos dar por evidente)

La fraternidad de Jesús se mantiene viva en la medida que:

. alimentamos el señorío de Jesús en la vida de cada hermano (“primogénito de muchos hermanos” Rm 8, 29)

. alimentamos la pasión por el Reino como urgencia del corazón de cada uno

. alimentamos y agradecemos unas nuevas relaciones de interdependencia y corresponsabilidad que me hacen sentir este nuevo Cuerpo en Cristo (1 Cor 12)

. organizamos nuestra vida en estas nuevas claves para poder compartir con otros el don recibido.

La fraternidad se mantiene viva en cuanto vive para el Reino (descentrada) y crece en el cuidado mutuo (nuevas relaciones) y está abierta a llevar a otros lo que recibimos gratis (ampliar la tienda).

Acoger y hacer nuestro este “nuevo cuerpo” es el gran reto del creyente. Sobre todo cuando el cuerpo ya no es muy vistoso, ni joven, débil… Sólo con un corazón renovado podemos amar a la fraternidad. Cada hermano es tierra sagrada, donde aprender a compartir, amar y servir. Nuestra tarea permanente es aprender a entrañar y enraizar a cada hermano desde Jesús y en Jesús, y a descubrir “en el ejemplo de los demás nuevos motivos para amar y hacer el bien” (Heb 10, 24)

Necesitamos prepararnos para ser “constructores” de comunidad y no sólo “consumidores” y ello supone una apuesta real de unos para los otros (1 Tes 1, 5): confórtense unos a otros.

3. La fraternidad muestra sus POTENCIALIDADES en su fragilidad.

Estamos llamados a vivir con gozo el Cuerpo que se nos ha regalado, el que tenemos y no otro ideal. Para ello es importante aprender a reconocer sus potencialidades. Sólo así podemos aprender a disfrutar de lo que somos. Y estas no dependen de nuestras capacidades, fortalezas, logros… (“fíjense bien los que han sido llamados, no hay muchos sabios, ni muchos poderosos, ni muchos de la nobleza. Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo, lo débil del mundo, lo plebeyo y lo despreciable del mundo, lo que no es…” 1 Cor 1, 26-30).

Escandalosamente nuestra fortaleza es nuestra debilidad. ¿Cuáles son las potencialidades de la fraternidad?

- con este cuerpo proclamamos en el mundo que el Reino no es sólo utopía, sino que aquí y ahora es posible encarnar el proyecto de Dios para la humanidad (Lc 22, 28-30: para proclamar que el Padre ha dispuesto un Reino para que comamos y bebamos en su mesa”) . Como un pequeño fermento, pero vivo. En este mundo que vivimos la fraternidad sigue siendo signo revolucionario del amor: poder vivir y caminar juntos siendo diferentes y plurales. Si podemos ser y vivir como hermanos y hermanas, el cuerpo es motivo de esperanza para un mundo marcado por las desigualdades, la exclusión, la división, la injusticia, las dependencias, el machismo, los privilegios…

- nos ayuda a vivir con memoria. Este cuerpo tiene rostros, historia, voz, palabra… (canas, barriguilla, cicatrices, arrugas, vigor).. nos ayuda a no olvidar la historia de salvación de Dios con nosotros, y sobre todo a no olvidar a las victimas, a las partes más débiles y despojadas…cada vez que narramos nuestra vida, nuestra historia de fe, nuestra vida entregada, nuestras luchas estamos mostrando una gran potencialidad en este cuerpo: la de mostrar a este mundo tan desmemoriado que la salvación acontece entre nosotros, y que aún no ha llegado a plenitud. Que damos valor a lo que se nos regala, que agradecemos la fidelidad de cada uno…qué importante dar gracias por la fraternidad.

- La potencialidad de dar vida, de sostenerla, de protegerla, de alentarla…el cuerpo es para el servicio común. Cada una de las partes es fecunda al servicio de los demás (el corazón bombea sangre para el bien de todos…), todas son necesarias, por pequeñas que sean (el ojo, el dedo…). El cuerpo fraternos tiene la potencialidad de lanzarnos a la vida, (cuando engorda, se entumece…) de sacarnos de nosotros mismos, de salir del sistema que nos ahoga… qué importante bendecir a la fraternidad.: decir cosas buenas de ella, quererla bien (sin excluir a nadie, aunque no con todos me iría a una isla desierta,) expresarle nuestro afecto, querer el bien de la fraternidad (sentirme responsable del otro), gozar y disfrutar (alegrarse) , decir bien a Dios de cada hermano (ponerlo cada día ante el Señor, aprender a mirarle como le mira Él

- La potencialidad de ser mediación del amor de de Dios, sacramento de su presencia. Nos saca de la fe individualista y nos hace ser presencia viva. Amamos corporalmente. ¡qué importante la foto!. La riqueza del cuerpo depende del vigor de sus partes y de la calidad de sus relaciones. No ama la mano, la boca… por separado. Ama y sirve la fraternidad de hermanos y hermanas en el amor y el testimonio de cada uno.

4. Aprendemos a CONSTRUIRLA unidos a JESÚS

Volver una y otra vez a la experiencia fundante es fuente de renovación y de apertura para afrontar los nuevos retos que las fraternidades van descubriendo.

Apunto algunos aspectos que me sugiere este momento:

- la experiencia de la llamada primera fundamenta el camino fraterno en los primeros discípulos. A ella vuelven cuando vienen los momentos de incertidumbre Mc 10, 28 (Nosotros que lo hemos dejado todo y te hemos seguido…). Hacer historia compartida del camino que vivimos nos ayuda a entendernos en cada momento.

- Las relaciones de Jesús con sus discípulos se construyen desde el conflicto. Necesitamos desidealizar nuestras relaciones y asumir que el conflicto se da, fruto de las mismas exigencias del seguimiento y de su asunción conforme pasan los años (y nos hacemos más pellejos). Cuando recorremos el evangelio descubrimos una tensión creciente, y muchas discrepancias de criterios, de modos de entender la realidad. Incluso de distancia con Jesús. “¿aún no entendéis? ¿por qué tenéis tanto miedo?” Los enfrentamiento, incluso fuertes, también aparecen (con Pedro Mc 8, 33. ¡Quítate de mi vista!. Se puso a reprenderle. ¿Hasta cuando habré de soportaros? Mc 9, 19. Jesús parece encajar con furia la falta de fe de los discípulos. “Jesús se enfadó con ellos” (cuando se acercan los niños) Mc 10, 14. No sabéis lo que pedís (10, 37). “Ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle” (9, 32). “Estaban atemorizados” (9, 5). También entre ellos se dan envidias “Al oír esto los otros 10 empezaron a indignarse” (10, 41).  Resucitado Jesús les “echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón” (16, 14).

- Pero también descubrimos que Jesús sigue confiando en ellos hasta el final, y más allá de la respuesta de los discípulos. Les encomienda la misión, les da poder para perdonar y curar, les enseña, celebra la Pascua con ellos, les envía… La confianza fraterna crece más allá de las psicologías o los desacuerdos. Se fundamenta en la radical condición de ser hijos del mismo Padre y hermanos en el seguimiento a Jesús (Ustedes son todos hermanos. Mt 23, 8-12). Jesús no reniega de ellos por sus debilidades, errores, traiciones… por encima está en cada uno la entrega de la propia vida por el Reino. Las relaciones se siguen tejiendo con paciencia y humildad. No se rompen. El valor de estar, de contar con la debilidad y pecado del otro, son referencia permanente en la fraternidad.

- La fraternidad está siempre saliendo de sí misma, desplazándose… en función del anuncio del Reino y la proclamación de la Buena Noticia. Las misión es la Roca firme en la que fraternidad se va rehaciendo, en función de ella. (no tenían tiempo ni para comer) . La apertura a los distintos, otras regiones, pueblos…la pobreza, la itinerancia…

- Jesús siempre está poniendo en el centro a los pequeños, perdidos, excluidos…y desde ellos resitúa las pretensiones de poder, de prestigio, de maneras de servir… de los discípulos. Los últimos puestos, hacerse esclavo de todos, detenerse ante la demanda del enfermo…la apertura a los distintos, otras regiones, pueblos…los conflictos con las autoridades, las persecuciones…El servicio se hace también eje nuclear de la fraternidad y modo de ser adulto.

- Jesús dedica mucho tiempo a explicar lo que están viviendo. Qué importante compartir lo que vivimos, encontrar juntos el sentido profundo. Y dar valor a los signos que nos unifican y nos hacen converger (la mesa, la bendición, el lavatorio…). El lenguaje sencillo, popular y profundo.

- La centralidad de la experiencia orante, como eje de la radicalidad y profundidad para vivir contemplando en la historia los signos del reino, y las decisiones oportunas en cada momento

- La vinculación con un movimiento amplio de seguidores alrededor del núcleo fraterno de referencia. Da horizonte a la fraternidad y hace crecer la presencia y el servicio. Es la tensión convocante por vincular a otros.

5. Vamos a soñar

Es importante que soñemos. ¿cómo soñamos nuestra fraternidad?....

. fraternidades plurales, familiares, con vidas en común diversas compartidas con jóvenes y pobres,  asentadas en los márgenes de esta sociedad, vinculadas al anuncio del Reino, más que a gestión de proyectos, itinerantes en búsqueda de los jóvenes, creando redes de relaciones fraternas amplias, referenciadas a la Palabra y la Eucaristía, que den protagonismo y participación, siendo espacios de ternura y solidaridad, fraternidades de memoria y narración especialmente hermanadas con las víctimas de este sistema, abiertas al diálogo interreligioso y al encuentro ecuménico.

 

Día 4. Para la oración personal…

. Busca un lugar tranquilo. En soledad ábrete al silencio.

1. Contempla tu vida, tu momento personal…

. Acompaña a Jesús en su relación con los discípulos (Mc 3, 31-35; Mc 4, 10-34; Mc 8, 31-33; Mc 9, 14-29; Mc 9, 33-37; Mc 10, 14; Mc 10, 28-32; Mc 10, 35-45; Mc 14, 17-31; Mc 16, 14-20; Jn 6,16-66) medita ¿cómo soy constructor de fraternidad? ¿cómo expreso mi amor a los hermanos?

. Piensa qué síntomas de enfermedad reconozco en mí y en la fraternidad que pueden dañar al cuerpo. Piensa qué necesitamos alimentar juntos, cuales son nuestros retos en este momento. Piensa tu sueño de fraternidad. (1 Cor 12- 14) ¿qué descubres en ti de nuevo?, ¿a qué te invita?

. Escucha las llamadas que el Señor te hace ( Mc 10, 41-45; Mt 18; Mc 11, 20-25; Mc 12, 28-34; Mc 13, 9. 33-37; Jn 14; Rm 12, 3-21; Rm 13, 8-14, 2 Cor 1, 3-11, Heb 3, 7-19; 1Tes 5, 11-22 ) Puedes leer: Actitudes para construir la fraternidad. Acógelas y deja que resuenen. Pide el Espíritu. Sal 133 (132)

. A la luz de Mc 3, 31-35, intenta responder a la pregunta de Jesús. “ ¿quién es mi madre y mis hermanos?

2. Recoge:

. una pregunta central que el Señor hoy te ha hecho.

. haz memoria de tu historia en la fraternidad y lo que te ha aportado en estos años. Escríbelo.

. algún aspecto que necesito cuidar en mi vida cotidiana

. expresa tu agradecimiento al Señor.

Mientras van de camino proclamen que el Reino de Dios está cerca no tomen nada para el camino vayan de dos en dos den gratis lo que recibieron gratis estén alegres. (Mt 10, 7-10)

"Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo el toldo bajo el cual vives, alarga las cuerdas, clava bien las estacas" (Is 54,2)

"Volver al mismo surco pero hundiendo la reja del arado más adentro, hasta la tierra viva de donde brota el Reino" (Pedro Casaldáliga)

 

Día 5. DEN GRATIS LO QUE RECIBIERON GRATIS…

1. Vivir al servicio del Reino

2. Siendo fraternidades portadoras de bendición

>> Para la oración personal

1. Vivir al servicio del Reino.

Dicen las mujeres del barrio que “los que te quieren mucho te piden locuras”. Pues creo que Dios nos quiere mucho: “Curen enfermos, resuciten muertos, purifiquen leprosos, expulsen demonios. Gratis lo recibieron, denlo gratis”(Mt 10, 8) “Hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos, impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc 16, 15-18)… “Como el Padre me envió, también yo les envío. Reciban el Espíritu Santo y a quienes perdonen pecados les quedarán perdonados” (Jn 20, 21-23)

¡Bonita invitación nos hace el Señor! Cuando la escuchamos profundamente, seriamente, honestamente… lo que nos sale es salir corriendo, y decir que esto es cosa de locos o de algún iluminado. ¿Quiénes somos nosotros para acoger tan grande despropósito? ¿cómo podemos vivir en este encargo?

Pues esta la invitación para el día de hoy: el Señor nos llama a estar con Él para enviarnos como “obreros de su sueño” en el mundo, “para hacer locuras”. “Les haré llegar a ser pescadores de hombres” (Mc 1, 17).

No es algo evidente, ni lógico… es el camino para toda la vida. Es un proceso en el que tenemos que consentir y dejar que nos configure, complique y enseñoree la vida, hasta la entrega de la propia vida:

Atrevernos a vivir al servicio del Reino de Dios.

En la tradición de la historia de salvación del pueblo de Israel la presencia de Dios siempre remite a cómo Dios quiere “reinar en el mundo”, remite a una presencia orientada, dirigida y volcada a buscar el bien del hombre, a su curación, a su sanación, a su liberación. Es una tarea que busca la salvación de todo un pueblo, frente a tantos dioses y poderes concretos que esclavizan, oprimen, provocan sufrimiento y generan injusticia y muerte.. Y lo hace con un amor de predilección por los débiles, los abatidos, los despojados… para que pueda volver a su hogar, para que tenga vida. (Jer 16, 14-16; Ez 47, 9-12). Esa es su justicia.

En Jesús esa pasión se hace praxis compasiva y misericordiosa, constructora de fraternidad inclusiva y de desenmascaramiento y enfrentamiento con todo aquello que se construye sobre el sometimiento, el sufrimiento y a costa de la vida de otros seres humanos A la luz de esta llamada, estamos invitamos a seguir descubriendo hoy cómo la fraternidad es para que el Reino de Dios siga creciendo en el mundo y se convierta en espacio de vida para otros. La fraternidad no es para realizar mi proyecto personal, sino para ser fecunda en la misión. Para vivir en clave de paternidad-maternidad y no en clave funcional.

La fraternidad se constituye en ese éxodo y salida permanente a compartir el don recibido con otros, incluyendo a los predilectos de Dios, y siendo así profecía del amor de Dios. La fraternidad está llamada a vivir en dinámica pascual, a vivir vaciándose de si misma, muriendo a sí misma para crecer y caminar con los otros, para servir con generosidad. “Den gratis lo que recibieron gratis”, y no se fijen tanto en lo que logran, alcanza o consiguen…si son muchos o pocos. La eficacia de Dios suele ir siempre por otros lugares.

Nos toca en este momento de nuestra vida volver a preguntarnos ¿qué supone vivir como testigos del Reino, acoger y hacer nuestro su encargo, con nuestra debilidad y pobreza, sin grandes medios? (ya viejos, canosos, con hijos, con años de recorrido, con nuestras heridas, decepciones…).

Creo que el camino es el de seguir abiertos a su Espíritu. El Señor nos concede su Espíritu (Mc 10, 19) para que nos sostengamos en Él. Sólo podemos entrar en la dinámica de los “siervos”, cuando vivimos:

. sin ingenuidades, como siervos “inútiles” que dejamos que Dios se manifieste a través de nuestra debilidad. Conscientes de nuestra limitaciones, de nuestros miedos y flaquezas, de nuestras cegueras, conservadurismos…(2 Cor 11,30)

. sin seguridades, conscientes de las consecuencias que supone en este mundo vivir como “ovejas en medio de lobos”: que no nos reciban, que nos odien, que nos persigan, que nos tengamos que ir, que maten el cuerpo… (Mt 10, 11-39)

. enamorados y apasionados, con locura, de todo lo que Dios nos regala y nos sigue llamando a vivir y construir, hasta el último día de nuestra vida. (incluso colgados de la Cruz, como Jesús . Lc 23, 39-43). Sólo podemos vivir como testigos, si seguimos alimentando la confianza radical en Él, si nos abandonamos en sus manos, (“…pues vosotros valéis más que muchos pajarillos…Mt 10).

. con la urgencia de la historia: configurando cada día desde las necesidades concretas de las personas, esa “necesidad inaplazable” de alentar la vida y la utopía del Reino. Viviendo desde la experiencia y no de nuestras ideas.

El testigo es un enamorado de lo recibido y prometido por Dios que vive el tiempo con urgencia de salvación y busca compartirla y construirla con los demás. Es la urgencia de María (Lc 1, 39-45), es la urgencia de Pablo (Rm 15, 14-33) y de todos los testigos. (Felipe, Pedro, Esteban…)

Que vive con fe, esperanza y amor en el Reino: tenemos que ir siendo capaces de “desideologizarlo” (fuerte palabreja). No es tanto “hacer” por el Reino (que también), cuando vivir con la fe en el Dios del Reino.

“Ya no salvamos a nadie”, bastante tenemos a veces con nosotros mismos. Lo que salva es el amor de Dios puesto en el otro, y la mirada de fe en cada uno. Ahí vamos aprendiendo a tener esperanza y a encontrarla.

La confianza no tanto en lo que hacemos o logramos cuanto nuestras relaciones y su calidad y toda nuestra vida que quiere mostrar a Dios y sus predilecciones. Dejando que el otro gaste y consuma nuestra vida, en disponibilidad, “metiéndonos” en la dinámica del amor apasionado de Dios, de “ocultamiento”, de “abajamiento”.

El testigo del Reino es el que se adentra en ese “caminar con Dios” practicando la justicia, amando con ternura y caminando con humildad (Miq 6, 8)

El testimonio nace de la contemplación del amor de Dios. (1 Cor 1, 17; 2, 3-5; 2 Cor 2, 14; 12, 7-10; Gál 4, 13…) ¿ A qué se nos llama en este tiempo en el que vivimos?

2. A ser FRATERNIDADES portadoras de BENDICIÓN:

. no olvidando que vivimos en un mundo “gravemente enfermo”. 

“No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo también vosotros a la luz; y lo que oís al oído proclamadlo desde los tejados” Mt 10, 26-27.

Seguir siendo fraternidades que hagan memoria profética (de denuncia y anuncio) de que vivimos en un mundo gravemente enfermo. Nos toca seguir mirando la vida en su hondura (como Jesús) y no apartar la mirada y el corazón ante el dolor, la pobreza y la injusticia de este mundo. “Se movió a compasión, al verles como oveja sin pastor”. Necesitamos seguir compartiendo experiencias y visiones que nos sigan empujando a amar con justicia y actuar con ternura a los que hoy están traspasados en medio de nosotros. Sacar a la luz, poner nombre, desvelar, denunciar…

Un mundo que sigue fuertemente dividido (lo que algunos llaman la “civilización de la pobreza” y “la civilización de la riqueza”, como esos dos modos antagónicos y enfrentados, de manera asimétrica, de concebir la vida y la historia, de entender la experiencia de Dios. ). Una civilización que se construye a costa del sufrimiento de muchos pueblos, que provoca muertes, y que asienta el desarrollo y la felicidad de unos pocos en el desprecio de la vida de otros (de forma lacerante en África, América… en nuestros barrios…). Una civilización que “no civiliza”, y que sigue generando leprosos, demonios, enfermos, dolencias, muertes… despojo, exclusión… inmigración… Y construyendo la identidad y la pertenencia desde los ídolos y la idolatría (de la riqueza, del poder, de la seguridad, del bien vivir a costa de lo que sea, de creer en cualquier Dios, todos valen, y de ocultar y dejar indefensas a las víctimas. ¿Si Dios se olvida de nosotros, quien queda? (J. Sobrino, p. 47)

. recuperando el centro que nos une

Vivimos en un mundo marcado por la velocidad, los intereses, la eficacia de las cosas… y pronto perdemos el sentido de la orientación ¿dónde estamos? ¿dónde nos colocamos?.

Recuperar el centro es volver a reconocer con agradecimiento que Dios está en el centro de todo y de todos. El Dios que se hace carne en Jesús es el que se oculta y se abaja en la humanidad. Y nos sigue hablando desde el centro de cada persona.

“Y el brazo de Yahvé ¿a quién se reveló? Creció como un retoño delante de él. No tenía apariencia ni presencia (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro despreciable, y no le tuvimos en cuenta.” (Is 55, 1-3)

Hasta el punto de que se identifica de manera única y escandalosa con los pequeños: “ cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40) Flp 2, 6- 8 “Y dichoso el que no se escandalice de mí” (Mt 11, 6)

Estamos unidos vitalmente con los demás, en cuanto criaturas queridas de Dios, como el hilo de un collar. Desde ese centro que es el Dios de Jesús todo lo que viven los demás (lo que piensan, lo que sueñan, lo que siente, lo que hacen…) es lugar de encuentro. Y de manera especial la vida de los pequeños, los pobres, los abatidos…son lugar privilegiado para detenernos y compartir la vida. Estamos llamados a caminar juntos. En la vida de los otros me va la mía también.

. descubriendo que tenemos algo que aprender juntos:

Se nos llama a seguir entrando en el camino de Jesús de relación y reciprocidad, a romper las relaciones de poder, incluso del dar y ayudar..

Jesús entra en ese camino nuevo de trascender la realidad y encontrarse con el Padre, abajándose y caminando con los pequeños. Dejando que ellos le sigan mostrando las maneras y la lógica de Dios (como dicen algunos la trascendencia es con-descendencia, abajamiento con los pobres y descubrimiento de Dios en ellos y con ellos).

Jesús aprende en el camino de la vida en la relación con los pobres. Son sus grandes Maestros de humanidad, solidaridad y oración.

¿qué le enseñan los pobres a Jesús?

. A mostrarse tal cual es. A ver nuestra condición creyente. Le confirman en su identidad más profunda. Mc 1, 13. Hombre poseído. “Sé quien eres. El Santo de Dios”

. a sacar las mejores capacidades sanadoras y a tratar al otro con libertad. Mc 1, 40. Leproso. “Si quieres puedes limpiarme”

. a respetar la distancia radical del otro y a la vez a descubrir que en cada persona está la capacidad de liberación, está la fe. Y la capacidad de encontrar la solución que necesita. Le enseñan a dar protagonismo a cada uno y ayudar sin atormentar. Mc 5, 1: Endemoniado de Gerasa. “¿Qué tengo yo contigo. Te conjuro que no me atormentes. Envíanos a los puercos”

. a vivir con urgencia por acudir ante el sufrimiento del otro. A ver los gestos para llevar vida y salvar. Mc 5, 27; Jairo, jefe sinagoga. “ Ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva”

. a no hacer nada, a dejarse tocar, a parar para que se de la relación Mc 5, 27, mujer con flujos: “Si logro tocar sus vestidos me salvaré”

. a romper barreras religiosas y a abrirse a lo que no está previsto, a romper la dureza del corazón ante la necesidad del otro. A escuchar sus verdades e intenciones más profundas de boca de una mujer extranjera. Aprende a que la verdad se tiene que decir sin ofender, con humildad. Mc 7, 24. “ Si Señor que también los perritos comen bajo la mesa las migajas de los niños”

. a ser creativo, práctico, audaz… para buscar y encontrar soluciones ante el sufrimiento del hermano (solidaridad). A interceder con fuerza. Mc 2, 3; 7.31,8, 22. El paralítico, tartamudo sordo, ciego Betsaida. “Le viene a traer, le ruegan, le presentan y suplican…”

. a ser humildes para reconocer las necesidades y nuestra falta de fe Mc 9, 17. Endemoniado epiléptico.” Ayúdanos, compadécete…creo ayuda mi poca fe”

. a pedir sin orgullo, movido por necesidad Mc 10, 46. Ciego de Jericó. “¡Hijo de David, ten compasión de mi!”

. a comprometer la propia vida por los amigos. A dejar que hable el corazón, aunque sea sin palabras, a hacer lo que se puede, lo que está en nuestras manos.. Mc 14, 3-9. La mujer del perfume. “Ha hecho una obra buena en mí” Jesús tiene en los pobres sus grandes Maestros de humanidad, solidaridad y oración. Sólo desde esta experiencia profunda se puede entender su oración: “Yo te bendigo Padre porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños” ( Lc 10, 21-22) Tenemos mucho que dar, pero de igual manera tenemos mucho que recibir y que aprender juntos. Creo que como fraternidades tenemos que seguir aprendiendo que en el intercambio de dones está la vida nueva.

. llamando a la existencia:

Muchas son las necesidades que Jesús encuentra por los caminos pero una de las primeras, y que en este mundo que vivimos tanto necesitamos es la de confirmar en la existencia, y en la dignidad a cada persona. Y de manera especial a los pequeños, heridos, despojados… ¿cómo te llamas? ¿qué necesitas? ¿qué quieres que te haga?... el tratar con respeto a los demás, el dar la mano, el levantar, el sostener, el esperar al que va lento, el defender al acosado injustamente, el mostrar que es valioso para mí, el llamar por el nombre, devolver el rostro al que lo ha perdido… es lo que Jesús siembra en sus encuentros, con la mujer acusada, con el leproso, con la mujer enferma, con el endemoniado…

Tiene más fuerza una mirada a los ojos, una sonrisa, un apretón de manos, una llamada, un coger el teléfono a las 3 de la madrugada… que muchos de nuestros empeños y afanes. La proximidad, la amistad, la vida compartida son caminos privilegiados para seguir anunciando el Reino de Dios

La pregunta que tendremos que escuchar y en donde nos la jugamos es: “¿Vos me queréis ayudar o vos me queréis?”

. explorando los caminos del amor

Jesús siempre estuvo aprendiendo a amar, explorando, porque el amor es infinito, sobre todo cuando es de predilección como el suyo. Jesús se va adentrando en lenguajes y formas nuevas (la palabra, la curación, el gesto, la ternura, la mesa abierta, la espera de los últimos, el silencio, el grito, el abandono…). También nosotros estamos llamados a seguir explorando los caminos samaritanos por donde pasan (Lc 10, 29-37). Tenemos que ser creativos pero sin olvidar: “ No tengo oro ni plata, pero lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesús Nazareno, echa andar…”Hech 3, 1-11

Me da que estos caminos del amor pueden pasar hoy:

. practicar el arte de cocinar con otros (competente y amantes, diversos…)

. asegurarnos que nos oyen (no porque gritamos más, no porque nos crean, eso depende de Dios…sino porque hablamos sencillamente de las cosas de Dios, de su acción en nosotros, de su amor, de su fuerza liberadora…

. disparar en la misma dirección ( ya que vamos discerniendo juntos, apostando por lo mismo, permaneciendo…)

. vivir con los pobres, empobreciéndonos, para invitar a los jóvenes, y por ir con ellos a compartir y aprender de los pobres

. mantener la casa abierta

. recuperar la responsabilidad personal (lo que deje de hacer se queda eternamente sin hacer, todos tenemos algo que aportar)

. seguir invitando a la Mesa (donde la vida se recupera y se recibe)

. apostar por lo sencillo en la complejidad

. enfrentarnos y cargar con el Anti-Reino, asumiendo en nuestra vida el desgaste, cansancio, luchas que supone.

. compartir la vida y cuidarnos mutuamente.

 

Día 5. Para la oración personal…

. Busca un lugar tranquilo. En soledad ábrete al silencio.

1. Contempla tu vida, tu momento personal…

. Acompaña a Jesús en el encuentro con tantas personas (Lc 23, 39-43; Mt 9, 35-38, Mc 2, 15-17; Mc 5; Mc 7, 24-30; Lc 7, 1-17; Lc 7, 36-50 ) medita ¿cómo construyo la relación con los demás? ¿qué aprendo de ellos?

Piensa en este momento de tu vida y de la fraternidad ¿qué supone ser testigo del Reino y comunidad de bendición? ¿Por dónde crees que pasa? ¿qué tenemos que renovar? (Lc 12, 32-48; Lc 10, 25-37; Mt 10, 11-33; Rm 15, 14-33; 2Cor 2, 14- 17; 1Cor 2, 3-5; Flp 2, 6-8 )

. Puedes leer el texto

. Escucha las llamadas que el Señor te hace (Mt 10, 8; Jn 20, 21-23; Mt 25, 31-46; Mc 14, 3-9; Hech 3, 1-11, Jer 16, 14-16; Ez 47, 9-12; Miq 6, 8…) Acógelas y deja que resuenen. Pide el Espíritu. Sal 19 (18)

. A la luz de Lc 10, 29-37 intenta responder a la pregunta de Jesús. “¿quién fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?. Vete y haz tú lo mismo.”

2. Recoge:

. una pregunta central que el Señor hoy te ha hecho.

. haz memoria de la historia de entrega, servicio, lucha…por el Reino de la fraternidad

. Escribe una carta de aliento a tus hermanos y hermanas.

. algún aspecto que necesito cuidar en mi vida cotidiana

. expresa tu agradecimiento al Señor.

 

Día 6 ESTÉN SIEMPRE ALEGRES……….

La llamada a la alegría

>> Para la oración personal

La llamada a la alegría ( Mt 25, 14-29) (Flp 4,1-9)

(Dale alegría a la vida Macarena… recuerdan la canción verdad )

El Evangelio si es Buena Noticia es porque nos trae la alegría a la vida . La alegría es el signo de los seguidores de Jesús. ¿somos personas alegres? ¿Qué nos hace estar tristes?

El Señor cuando nos llama es para que “entremos en el gozo” (Entra en el gozo de tu Señor… Mt 25, 14…).

En castellano hay una acepción de la palabra gozo: “llamarada viva que produce la leña menuda y seca al arder”. ¿vivimos como leña que arde ¿ Tal vez por ahí va la alegría del creyente, vivir con pasión desgastando la vida en la entrega generosa de cada día.

¿De qué alegría y gozo nos habla el Señor? Como siempre no es algo evidente, ni se ajusta a los parámetros de la cultura y la sociedad actual…

La alegría en el Evangelio tiene que ver con responder y acudir a la cita que el Señor nos hace, es la dicha del que puede comer en el Reino de Dios (Lc 14, 15), porque el banquete está ya listo, se nos regala sin merecerlo ( Mt 22, 1-14).

Es la alegría que brota de haber encontrado el tesoro escondido (Mt 13, 14) que nos ha dado sentido definitivo a nuestra vida y nos ha resituado todo, hasta el punto de dejarlo todo, de venderlo todo… Es la alegría de la fe en Jesús, como la experiencia que nos unifica y proyecta en la vida.

Es la alegría de “ver” al Señor Resucitado (Lc 24, 41; Jn 20, 20), de poder tocar que las señales de la cruz, de la muerte, del sufrimiento… no tienen la última palabra en la vida y en la Humanidad, porque el Resucitado nos hace ver nueva vida, es posible “renacer” de nuestras heridas y muertes. Y “Dichosos los que no han visto y han creído”.

Es la alegría y el regocijo de los que viven las Bienaventuranzas. “Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos”). La alegría, de los que en su pobreza, en su llanto, en su mansedumbre, en su búsqueda de la justicia, en su trabajo por la paz, en las persecuciones e injurias… siguen descubriendo la compañía de Dios, y la fuerza de su Reino. (Mt 5, 12)

Es la alegría de hacer la voluntad de Dios (C. Foucauld), de cumplir nuestro destino con autenticidad. Es la alegría de darle parte y espacio real en nuestra vida a la Cruz y a la Vida. Sin renegar de nada. En las grandes y en las pequeñas cosas. (Mc 14, 36).

Es la alegría de dar los frutos que podemos, ni más ni menos. Los talentos son para dar vida, no para protegerlos, esconderlos o usarlos sólo para nosotros mismos. Es la alegría de saber que el Señor sólo nos pide lo que podemos dar, sin compararnos. (Mt 25, 14-30). Es la alegría de la viuda que echa todo lo que tiene, hasta lo que necesita. Con generosidad.

Es la alegría de dar gratis, de acoger en nuestra mesa a los que sabemos no nos pueden devolver lo que les ofrecemos. Sólo porque son hijos y hermanos queridos por Dios. Sin esperar nada a cambio. (Lc 14, 12-14)

Es la alegría de recuperar al hijo perdido. “Conviene alegrarse y celebrar una fiesta, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado” (Lc 15, 31-32). Es alegría que provoca la reconciliación. El sanar las heridas, el volver a la casa fraterna.

Por eso es bueno sondear nuestra vida, tomarle el pulso. Y la alegría tal vez sea la referencia más evangélica de cualquier discernimiento.

Dejarse sondear (Mt 26, 36-42) ¿Para qué? ¿por qué?

Dejarse podar (Jn 15, 1-7) y cuidar (Lc 13, 6-9) La poda en nuestra vida tiene relación: (amigo cuidado bonsáis. Me enseña que hay que podar ramas y raíces)

. con el deseo de vivir en fidelidad al Señor, de permanecer en Él.

Necesitamos podar todo lo que nos impide vivir con libertad, amar con generosidad, vivir con disponibilidad, construir fraternidad… todo lo que nos enmaraña, entretiene, nos hace vivir en el autoengaño, la huida, el acomodo, la justificación… son tantas realidades (tanto las ramas que se van secando o las verdes que nos dispersan o alejan de la dirección del Reino, más difíciles de cortar).

Aquí tenemos que ser conscientes y cuidadosos con “lo poco de cada día”, con la coherencia y autenticidad de las pequeñas decisiones, entregas… nos la jugamos en lo pequeño. Nos tenemos que preguntar ¿qué me hace crecer y qué me conviene? Y no siempre lo mejor es lo de Dios.

Y a su vez “abonar con confianza” sobre todo en los momentos de sequedad, de esterilidad, dejarse cuidar, ponernos en manos de otros…es signo de humildad (Lc 13, 6-9)

Y tampoco es cuestión de querer programar todo. Jesús no programaba, sino que vivía con el corazón apasionado en el Reino , en manos de Padre, y ello le orientaba para vivir en el cada día y en los grandes momentos (Estad vigilantes)

Estas podas, que siempre duelen un poco, más unas que otras, nos ayudan a ir entrando en el gozo de ese modo de vivir del que todo lo hace como si dependiera de él (sin ahorrarse nada), pero sabiendo con confianza y paz que todo depende de Dios. Y así poder escuchar: ¡ Bien siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré, entra en el gozo del Señor! (Mt 25, 23)

. dar frutos y ser fecundos

Las podas nos ayudan a “recentrar” la vida, a seguir unificando y clarificando en cada momento nuestro tema central donde se decide lo fundamental de mi vida, para seguir creciendo. Reta al corazón a liberarse de sus trampas: el perfeccionismo, las huidas, los acomodos, las lógicas del anti reino, los ídolos, los ideales, las autosuficiencias… “Os he dicho esto para que participéis en mi alegría” (Jn 15, 11)

 

Día 6. Para la oración personal…

. Busca un lugar tranquilo. En soledad ábrete al silencio.

1. Contempla tu vida, tu momento personal…al final de estos días.

. Acompaña a Jesús alegrándose en lo profundo (Mt 13, 44; Lc 24, 41; Jn 20, 20; Mt 5, 1-12; Mc 14, 36-41; Lc 14, 12-14; Lc 15, 31-32, Mt 28, 8) medita ¿dónde descubro la alegría en mi vida? ¿qué me hace entrar la tristeza? ¿qué te enseña Jesús?

. Piensa en este momento de tu vida y de la fraternidad qué podas y qué cuidados necesitan. Intenta centrar el tema central y prioritario donde se juegan el crecimiento y la renovación. Piensa qué les dirías a cada uno de tus hermanos y hermanas de fraternidad. ( Ef 5, 1-20; Flp 2, 1-5)

. Puedes leer el texto

. Escucha las llamadas que el Señor te hace (Jn 15, 1-17; Lc 13, 6-9, Mt 25, 21.23) Acógelas y deja que resuenen. Pide el Espíritu. Sab. 9 y Sal 126 (125)

. A la luz de Jn 21, 15-19 y Jn 20, 11-18 intenta responder a la pregunta de Jesús. “ ¿me amas?” “ ¿por qué lloras? ¿ a quién buscas? ”

2. Recoge:

. una pregunta central que el Señor hoy te ha hecho.

. haz memoria de lo que has vivido estos días. Escríbelo.

. algún aspecto que necesito cuidar en mi vida cotidiana

. expresa tu agradecimiento al Señor.

 

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