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LA ÚLTIMA

Pero… ¡Qué mira el Hno. Carlos!

A mi siempre me ha impresionado y atraído, la mirada profunda de Carlos de Foucauld; pero ¡qué mira el Hno. Carlos!

De nuevo este año, al celebrar el aniversario de la muerte del Hno. Carlos a primeros de Diciembre, nos reunimos, como es costumbre, los miembros de la Familia con amigos, y se nos proyectó un CD sobre su vida y muerte.

La primera imagen era, el Hno. Carlos con esa mirada suya que expresa ver algo que le tiene “cogido”, y que trasmite a todo el que le contempla. A mí siempre me ha impresionado y atraído su mirada. Pero ¡qué mira el Hno. Carlos! ¡Cuántas veces me he hecho esta pregunta! Como dice René Voillaume:” Nos hallamos como sorprendidos de haber sido llevados tan lejos por un hombre que no nos había enseñado ninguna doctrina espiritual nueva, ni nos legó obra especial que cumplir, fuera del amor a la Eucaristía y tomar el Evangelio en serio en nuestras vidas cotidianas “

Continuaron proyectándose, fotos de su vida: su vacío de juventud, su conversión, su marcha al convento de la Virgen de las Nieves, su salida de este y su viaje a Israel. Ya en Nazaret, andando por sus calles vio a un muchacho y se quedó mirándole… Aquí comienza a iluminarse su mirada.

Intuyó cómo la “Palabra” se había hecho “Carne”, se había encarnado en un nazareno de tantos. Descubre el misterio de Nazaret Contempla el abajamiento de Dios y quiere seguir sus huellas. Toda su vida se vio marcada por esta mirada. El quiere ocultarse como Jesús. Que llevó una existencia de condición oscura. Quiere vivir en intimidad con Jesús: “ Deseo enterrarme en Nuestro Señor”, dirá más tarde.

Y el mismo día de su muerte escribió a su prima: “Nuestro anonadamiento es el más poderoso medio que tenemos para unirnos con Jesús y hacer bien a las almas”. La muerte del Hno. Carlos fue como su vida; “el enterramiento” silencioso del grano de trigo que cae en tierra.

Es curioso constatar que vivió a partir de su conversión hasta su muerte, 30 años de vida oculta, igual período de tiempo que se piensa de Jesús en Nazaret. Enterrado el grano de trigo comienza “ la hora” de Dios.

Este es el gran secreto que creo ir descubriendo en esa mirada profunda que tanto me ha impresionado siempre. Su vida continuará, se irá al desierto, vivirá con los Tuaregs, será el hermano universal. Pero todo, envuelto en esa mirada que supo descubrir en aquel muchacho nazareno:” a todo un Dios anonadado, hecho carne entre los últimos”.

“Profeta, sí, pero profeta Nazareno; Mesías, sí, pero Mesías Nazareno”.

M P 1 Diciembre 2007

 

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