CUARESMA

CONVERTIRSE ES VIVIR UNA VIDA DE CALIDAD

De nuevo llega la Cuaresma. Una etapa que dura 40 días desde el miércoles de ceniza hasta el domingo de Resurrección, donde la Iglesia nos invita a los cristianos a convertirnos, a revisar nuestra vida para que se parezca más a la Jesús.

Este escrito de Diamantino (*), sigue vigente, y nos puede ayudar en esta búsqueda en la que ya estamos en camino, pero que no acabará hasta que llegue el Señor. La llamó:

 

CUARESMA DE LA ALEGRÍA

La Pascua (es una palabra hebrea que significa el “paso del Señor entre nosotros”), es el triunfo de la vida sobre la muerte. La Cuaresma no es sólo preparación sino que es anticipo de la celebración de la vida. El primer anuncio de la Cuaresma es de alegría. Cuaresma no tiene que ser sinónimo de mortificaciones y complejo de culpa.

Vivir en la negatividad, es hasta blasfemia. En lugar de mortificaciones.... vivificaciones. En lugar de privarme de comer algo, invitar a alguien a comer. En lugar de ahorrar para no gastar, poner a disposición de otro que lo necesite, para así compartir.

En lugar de penitencias... CONVERSIÓN.

En vez de imponerme la penitencia de no criticar a nadie, proponerme el descubrir las cosas positivas de los demás. En vez de proponerme el sacrificio de aguantar en silencio cuando hacen crítica de alguna aptitud mía, hacer el propósito de escuchar las razones del otro poniéndome en su caso.

En vez de imponerme el sacrificio de no perder el tiempo viendo un programa de televisión, sacar tiempo para compartir en la casa de algún vecino un rato agradable.

En lugar de complejo de culpa, sentimiento de poseer la gracia de Dios. Cambiar la actitud negativa de que tengo tantos defectos, tantas limitaciones y de que valgo tan poco.... por la actitud positiva de que soy una persona se suerte porque Dios se ha empeñado en mí, porque conozco la Esperanza Evangélica, porque cuento con amigos/as realmente excelentes, porque cuento con un grupo que difícilmente se encuentra, etc... En cierto modo soy una persona privilegiada/o y por ello tengo que dar gracias a Dios, a los otros. Estar contento/a, optimista.

Sintiendo mucho más la gracia que la culpa.  En esta Cuaresma tenemos que hacer la traducción en positivo de la mortificación, del ayuno, del sufrimiento. Porque el Dios de la Vida, que sacó a su Hijo de la muerte, nos llama a todos a VIVIR. Cada victoria sobre nuestro egoísmo es ya una parte de Pascua.

En lugar de obsesionarme por la manía de mortificar mi hablar, mi pensar, mi actuar... procurar trabajar por ser más libre, más espontáneo. La libertad es más positiva que la mortificación.

En lugar de proponer ayunos, limosnas... incitar a la solidaridad. Ya lo dice el Señor:”... el ayuno que yo quiero, que a mí me gusta, es visitar al huérfano y a la viuda y abrir tu carne al necesitado”. La solidaridad es la forma concreta, hoy día de practicar la caridad. No busquemos sufrimientos artificiales para ser virtuosos, sino que compartamos solidariamente el sufrir de los demás, para así ir superando todo sufrimiento.

CUARESMA DE VIDA

Si la Pascua es el triunfo de la Vida sobre la muerte, la Cuaresma es un anticipó de ese triunfo. Y la mejor manera de mostrar ese anticipo del triunfo de la Vida Plena, es ya, ir llevando aquí una vida de calidad. La Conversión no es otra cosa que esforzarnos por vivir una vida de calidad en un momento de vidas tan superficiales, rutinarias, consumistas.

Vivir una vida de calidad en esta sociedad, no es cosa fácil: es conflictivo. Incluso tenemos que pagar el precio de ser bichos raros, marginados.

Nosotros, como creyentes, hemos de asumir la cruz de la conflictividad, de la marginación, siguiendo sin temor el camino que ya recorrió Jesús. En el sentido de vivir la cruz de la Cuaresma, pero no una cruz que mata, sino que vivifica.

En este sentido hemos de tener las cosas muy claras: no dejaremos de ser fieles por temor a “quemarnos”. En la conflictividad que asumimos, hemos de ser sencillos pero no ingenuos; prudentes, pero no escurridizos.

Hemos de discernir, como Jesús, los signos de los tiempos y del lugar para actuar consecuentemente. Y en los momentos precisos, no guardaremos la vida, sino que daremos la cara.

CONVERTIRNOS AL AMOR Y A LA SOLIDARIDAD, ESA TIENE QUE SER NUESTRA CUARESMA

La vida y la felicidad y la realización de toda persona honesta están en el amar, en el compartir, en el vivir con y para los demás. Con esto, no sólo imitamos a Dios que se solidarizó primero con nosotros y se hizo pobre, marginado, perseguido, ejecutado; sino que hacemos presente a Dios en nuestra vida porque EL ES AMOR.

Vivir en solidaridad es calidad de vida, porque el otro es para ti, no un rival, sino complemento, estímulo, fuente en tu propia personalidad.

El que no ama está muerto. Y es el egoísmo el que va matando en ti el amor, que es la auténtica vida. Es lo que llamamos crucificar el egoísmo y el individualismo, en sentido positivo, cultivando la solidaridad.

EN LA CUARESMA TENEMOS QUE RENACER COMO MUJERES Y HOMBRES NUEVOS

Nuestra fe, nuestra religiosidad, ha de estar avalada por el testimonio de una vida austera y desprendida. Buscando siempre la coherencia y la transparencia entre lo que pensamos y lo que vivimos. Es muy conveniente en este sentido que nos ayudemos de los demás, que busquemos la corrección fraterna para huir de las desviaciones individuales, personalista, obsesivas.... Hemos de conjugar generosamente la acción y la contemplación; la oración y la lucha por la justicia; la militancia y la acogida; el coraje y la ternura.

Orar es abrirse al SER, dejarse invadir por la presencia del SER. De este modo orar es :

- Contemplar : el Ser bueno, bello, verdadero.

- Agradecer : todo lo creado

- Amar: porque ahí radica la Felicidad

Orar es dejarse interpelar por la PALABRA DE DIOS, que se ha hecho vida en Cristo Jesús. Orar es entrar en la profundidad de todo. Porque ahí, en lo profundo encontramos a Dios. Lo mismo da que cantemos los Salmos, que contemplemos el árbol, que meditemos un libro o que estemos cocinando.... Dios está ahí cuando sabemos llegar al fondo de las cosas.

La Cuaresma es un tiempo muy propicio para ser profundos en la vida. Debemos evitar la dispersión, la superficialidad, las prisas, el activismo de tan escasos resultados... Porque con frecuencia, siempre nos falta tiempo. Sólo tenemos prisa.

El orar nos parece con frecuencia una complicación más y una solemne pérdida de tiempo. Es cuestión de pacificarse. Hay que disfrutar del tiempo, de los trabajos, de las cosas. Es cuestión de relativizar y buscar prioridades aceptando limitaciones. Es cuestión de organizarse.

La Cuaresma. Así tomado, te puede ayudar a comprender que sólo una cosa es necesaria : DIOS.

(*) Nota: Diamantino, sacerdote diocesano de Sevilla, vivió como trabajador temporero del campo compartiendo su vida, preocupaciones y gozos con los campesinos. Hace unos años el cáncer acabó con su vida, pero nos dejó su ejemplo, y partió para estar con el Padre común.

 

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