Reflexión

Mi experiencia sobre maneras de celebrar la Eucaristía.

El otro día estuve reflexionando sobre este tema, porque vengo asistiendo a formas muy diversas de eucaristías, y quisiera compartir con vosotros esta experiencia:

En primer lugar están las eucaristías de parroquia, según un ritual muy establecido, en el que el celebrante, si no quiere, tiene poco que aportar y que aprecian algunas personas mayores, muy mayores, en iglesias cada día más vacías, porque los grupos "de derechas" de las parroquias de alrededor atraen mucho más a un tipo de adultos que todavía van a misa. No me extiendo porque creo que sabéis a qué me refiero.

En segundo lugar pongo las eucaristías vividas con la fraternidad secular, preparadas, participadas, compartidas, celebradas; poco o nada litúrgicas (si por litúrgicas se entiende “sujetas a ritos, normas, cánones”), más cerca de la vida, de los planteamientos humanos de la vida de cada día y con un gran espíritu de grupo, invitando al compromiso y a nuevas relaciones, a que mi vida no siga igual después de la celebración, a descubrir el paso de Dios por la vida y, por eso, lo celebramos, donde el sacerdote ejerce su rol y respeta el de los demás, porque participan en el mismo pueblo de Dios; también sus aportaciones enriquecen; con él aprendemos a respetar y valorar el trabajo de los que prepararon las eucaristías.

En tercer lugar están las eucaristías "laicas", a las que asisto periódicamente desde hace casi nueve años; son éstas las que me llevaron a esta reflexión: celebramos reuniones basadas en aportaciones de testimonios de otros grupos de creyentes y también personales sobre algunos de los aspectos del vivir y compartir la vida, con el tema de fondo de una mayor justicia, con aportaciones de los asistentes, unos 30 ó 40; al final de la reunión, llega la eucaristía, que viene preparada por escrito; los asistentes la leemos, nos damos la paz, (es aquel momento que se organiza un pequeño follón a causa de los abrazos y las alegrías), comulgamos, entonamos el canto final y terminamos.

Mi reflexión va en la línea de tomar conciencia de lo pobres que resultan estas últimas eucaristías y de lo poco que aportan a este movimiento de laicidad, por la poca comunicación vital, por la falta de entrega o compromiso, por hacerse después de una reunión y estar todos deseando acabar ya que no ha tenido ni su tiempo, su clima. Y quiero decir que me gustaría que fueran de otra forma (más vitales, más del cada día, más comprometidas), pero... en general, todos ponemos muchas resistencias.

Mª. Rosa Elias. Barcelona

 

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