INVIERNO SOCIAL Y ECLESIAL

PARA PREPARAR EL ENCUENTRO ANUAL DE LA FRATERNIDAD SECULAR NACIONAL

 

1.- INVIERNO SOCIAL Y ECLESIAL:

Atravesamos un invierno eclesial y social del que la Fraternidad no es ajena. En este Encuentro Nacional de Abril, las distintas fraternidades locales, buscamos juntos nuestro ser y estar en una etapa mundial y nacional de “crisis”, que nos afecta a todos de una manera o de otra.

Un espacio para dialogar, compartir experiencias y autocriticarnos; respondernos cómo vivir el estilo nazareno de Jesús en las intuiciones del Hno. Carlos, hoy Más que una charla dada por alguien preparado, optamos por sacar de nosotros mismos lo mejor que tenemos: la experiencia de la vida diaria y contrastarla con el Evangelio.

 

2.- INTRODUCCIÓN

Prepararemos este Encuentro con un análisis de la realidad que vivimos hoy.

Como método se propone:

a) este cuestionario que en cada fraternidad se reflexionará;

b) las respuestas se aportarán el día del Encuentro Nacional (que podrán exponerse con una escenificación o mural explicativo, como en otros años)

c) Se propondrá, también, un tema a debate sobre lo que tratamos.

En Cercedilla, MªJosé Torres nos advirtió: “ No dejemos que entre nosotros se nos meta el consumismo espiritual. No engullamos ponencia tras ponencia. Saboreémosla una y otra vez”.

De aquí que para este Encuentro vamos a partir de la 2ª ponencia de Carlos Palacio en la Asamblea Interfamiliar última, porque recoge lo que necesitamos reflexionar. Los entrecomillados son del él ( ver Jesús Caritas nº 161. Año 2009)

 

3.- CUESTIONARIO

A) Invierno social-cultural , un ‘mundo sin Dios’ :

En gran parte el mundo actual, la sociedad actual, nuestra cultura posmoderna, se presentan como un ‘mundo sin Dios’. El hombre moderno se ha hecho el centro de su ser, de su vida, y en cierto sentido puede prescindir en todo de esa referencia a Dios. Cada vez sentimos más, en el modo de vivir de la gente, la “ausencia de Dios”.

Las nuevas generaciones como que pasan de todo eso. Y eso se refleja en la pérdida de valores, la falta de sentido de la vida, en ese vacío en que las personas no saben lo que buscan. Como se refleja también en la búsqueda anárquica de ‘lo espiritual’ en todas las formas posibles, las más exóticas, muchas veces.

Pero en esa búsqueda hay una sed de algo que muestra que el ser humano no se puede abandonar sin una referencia a la Trascendencia. Esa búsqueda muchas veces se contenta con pequeñas trascendencias, podríamos decir, que de alguna manera nos hacen salir de nosotros mismos, pero que no se atreven a llegar a la experiencia de la verdadera Trascendencia. Pequeñas transcendencias que pueden ser mi grupito de amigos, mi club, mi región, mi fraternidad… Esto nos hace mirar un poquito más allá de nosotros, pero no nos saca de nosotros. ”

Nos preguntamos:

En la gente que te rodea ¿ves esta “ausencia de Dios”, en su forma de vivir y comportarse? (en tus compañeros de trabajo, familia, vecinos, fraternidad ...) Explícalo con un ejemplo. Y... en ti mismo?

B) Invierno en la Iglesia Institución, “un Dios sin mundo”:

“En este sentido, muchas veces, en la misma Iglesia, la manera de situarse delante de esta realidad cultural, la que nos toca vivir, está más habitada por lo que Juan XXIII llamaba los “profetas de la desgracia”, que no sabían ver los signos de esperanza, sino que lo ven todo mal. Así se impide que se pueda responder a esa situación de manera creativa, con algo que responda de hecho a la necesidad de esa situación.

Digo eso porque a este que hemos llamado muy genéricamente, un “mundo sin Dios” se le quiere responder muchas veces con un “Dios sin mundo”:

• con propuestas espirituales que no responden a esa situación. Creo que en el ámbito de la propuesta de la fe actualmente, de la experiencia cristiana y de una espiritualidad capaz de dar sentido a lo que se vive hoy, hay una ausencia notable de propuestas eclesiales que sean atractivas”.

• La iglesia institución no está motivada y fundamentada en el Evangelio, ni su objetivo es darlo a conocer, sino el mantenimiento del orden, del poder, de las prebendas y la perpetuación. Por eso no contagia. Al contrario. Pero da seguridad y esto da tranquilidad a quien no busca y se niega a ser adulto y tener su propio credo (puede darse entre miembros de la fraternidad).

• Hablamos de respeto cuando no es más que falsos respetos, por miedo a enfrentamientos, a que se vayan, a que se sientan mal. Hablamos de tolerancia donde no hay solidaridad, sino simple complicidad. Hemos perdido la capacidad crítica.

¿En qué creo realmente? ¿mi Dios es el Dios de Jesús?¿Vivo cumpliendo o inventando? ¿soy colaborador de Dios en la creación del mundo?¿El Evangelio es mi enseñaza?

• “La respuesta, de la iglesia institución, muchas veces es endurecer los aspectos doctrinales, pero esto no responde a los problemas de la gente, y por supuesto no alimenta una experiencia. Hoy predomina lo doctrinal sobre lo experiencial en la manera de proponer la fe cristiana. Entonces se insiste en los ritos, los ritualismos que muchas veces no llegan a la vida, no tocan la vida. Hay que ir a Misa porque hay que ir a Misa, y entonces la gente deja de ir a Misa…O hay que bautizar porque hay que bautizar, y la mayoría de las familias jóvenes no bautizan ya. Pero eso no se resuelve afirmando intransigentemente la ley, sino viendo cómo se ayuda a esa gente a descubrir y a hacer una experiencia que después podrá formularse en doctrina. ”

• Tiende a minimizar la gravedad de la situación y a consolarse constatando cierto repunte en su facción más tradicional y en los países del tercer mundo. Según parece estas nuevas iglesias atravesarán dentro de poco o tarde por las mismas crisis de la cristiandad de la vieja Europa.

• La Modernidad es irreversible y por haberlo olvidado es por lo que la Iglesia se encuentra hoy en semejante crisis. El Vaticano II intentó recuperar cuatro siglos de retraso, pero se tiene la impresión que la Iglesia está cerrando lentamente las puertas que se abrieron entonces, y tentada de volverse hacia Trento y Vaticano I, más que hacia Vaticano III. Recordemos la declaración de Juan Pablo II tantas veces repetida: “No hay alternativa al Vaticano II”.

• Refugiarse en las prácticas espirituales tradicionales, que se repiten mecánicamente pero que poco ayudan. En ese sentido, yo creo, sin querer hacer juicios contundentes, que los llamados “movimientos eclesiales” son movimientos de masa, atraen a mucha gente, pero a gente ya tocada por la fe. La gran mayoría de la gente que no cree, no va atrás de esos movimientos que buscan lo sensacional, el espectáculo, lo puramente emotivo. Tocan la emoción de las personas. Pero, claro, cuando se acaba la emoción se queda uno sin nada. No se le da sustancia, consistencia a las cosas. En el fondo, hay como un miedo de confrontarse con esa vida, y por eso muchas veces esas ‘espiritualidades’ yo diría que son espiritualidades de huída. Huyen de la realidad, se esconden. Es lo que yo decía: a un ‘mundo sin Dios’ se le ofrece ‘un Dios sin mundo’. Como si dijesen: yo tengo un Dios pero no tiene nada que ver con lo que pasa, con lo que se vive, con los problemas reales de la gente, etc.”

Nos preguntamos:

¿Se da esta espiritualidad de ese “Dios sin mundo”, en las parroquias, fraternidad, movimientos, comunidades que conoces? Explícalo con un ejemplo.

C.- “Dios en el corazón del mundo”: La propuesta espiritual del Hermano Carlos

“Frente a eso, ¿cómo calificaría yo la espiritualidad del Hermano Carlos?: Con esta frase sencilla: “Dios en el corazón del mundo”.

La experiencia de Dios, se hace metidos en plena realidad de la vida con todos sus problemas. Ahí es donde se tiene que encontrar a Dios, y ahí es donde Dios tiene que iluminar la existencia. Creo que eso es una de las características de la vida, del modo de ser del Hermano Carlos y de lo que es el espíritu de esa experiencia, de donde vendría la espiritualidad. Es una espiritualidad de la Encarnación. Por eso es tan central en tal experiencia descubrir a Dios como el Dios de Jesús. Y al descubrir ese Dios de Jesús, la vida como que se ilumina de otra forma; los problemas reciben otro sentido.

Claro que Jesús está en ese mundo, sufriendo lo que hace sufrir a todo ser humano. No porque le agrade sino por opción, por amor, porque quiere abrir esta realidad a la experiencia del amor cercano de Dios.

Eso es lo que nos puede abrir a la experiencia de que la simple ‘presencia’, ese ‘estar’, aparentemente inútil, no es tan inútil, porque nos va dando el sentido de que otro mundo es posible ( anexo I)

• “Hay que volver al Evangelio”. ¿La fraternidad está apoyada en él?, si no lo está , no tiene frescura. Sin embargo el Evangelio sigue siendo algo fresco. Tenemos que recordar aquello de Jesús: sois la sal y la luz... Por no estar apoyados en el Evangelio puede que sí confesemos y demos culto a un Dios sin mundo.

Nos preguntamos:

- Explica algunas actitudes, aspectos o características de tu vida actual por la que consideras que tu seguimiento a Jesús es una espiritualidad de Dios en el corazón del mundo

- Y referida a tu fraternidad local, como grupo, cómo se manifiesta.

- ¿Tienes contacto con otros grupos de iglesia o no creyentes que buscan una respuesta?

- ¿Estás como Iglesia en el mundo de los pobres?

 

ANEXO I:

Como complemento, e intentando concretar al cada día, nos puede valer de reflexión nuestro momento actual y descubrir qué actitudes manifestamos como Fraternidad ante la crisis actual: cansancio, ya está bien de crisis, pues yo veo que..., que lo arreglen los políticos y los bancos que son quienes la han generado, paternalismo, compromiso con la justicia, austeridad para compartir... Se trataría de ver cuál es nuestra ética "fraterna.

Tiempos de crisis

La crisis como el momento de la dificultad, es un espacio en el que brillan especialmente las actitudes, ideas y gestos de las personas, individualmente y en colectivo.

¿Aportamos algo especial desde la Fraternidad a la crisis y sus consecuencias?

Vivimos inmersos en el mundo convulso donde la explotación y la injusticia provocan explotación, exclusión, sufrimiento y muerte.

A nivel planetario. Y esto nos reclama a nosotros de manera insoportable. ¿Vivimos realmente inmersos en la crisis?

Nosotros, habitantes de la parte rica del mundo donde esto es más llevadero, menos trágico y en el que la desigualdad habita en nuestras cabezas y corazones como una cosa lógica, debemos plantearnos si nuestro ser cristiano y fraternal nos aporta (o nos debe aportar) un “algo más”, un impulso distinto y una práctica distante de la bestia que se ensaña y engorda devorando a los más pobres.

El amor y los pobres

Nuestro ser cristiano no es tal sin estas dos palabras esenciales. Son nuestros mandamientos, sin los que no se entiende el seguimiento de Cristo ni la fe en el Dios de Jesús. Sin ellos arañándonos permanentemente el alma y los cinco sentidos, nuestra fe no vale nada.

Necesitamos hablar de esto. Cada uno según nuestras fuerzas y virtudes hacemos lo que podemos (o así lo creemos) cuando la crisis, el pobre torturado por la injusticia, nos asalta pidiendo a gritos nuestra ayuda… a veces nos faltan fuerzas y otras, espíritu.

¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? Necesitamos saber si nuestra lucha interna entre lo que somos y lo que queremos ser es tal lucha o no. Si es creciente y amorosa o rutina llevadera. Si nuestra propia aleación interna de Caín y Abel, está cambiando a favor del que muere y en contra del que mata. De manera creciente e imparable.

 

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