TIEMPO DE ESPERA

Presentación:

¿ES POSIBLE LA ESPERANZA HOY? ¿QUÉ ESPERAMOS?

Jesús de Nazaret anunciaba: “El reino de Dios está entre vosotros “. No como un deseo, sino como una realidad en marcha. Invitaba a entrar en él.

Pero, ¿qué significa para nosotros? Adviento significa “esperar”, ¿quién espera?, el que necesita un cambio. Las élites no quieren un cambio, se encuentran bien como están, lo que les interesa es que las cosas sigan como van. Los necesitados de cambio son los que lo están pasando mal, y estos son los amados de Dios, para los que vino Jesús de modo especial, los invitados a su banquete de bodas.

La realidad que nos rodea, en la familia, vecinos, compañeros de trabajo es deshumanizante: paro, desahucios, recortes en sanidad, educación, en asistencia a la dependencia…

Las noticias de prensa, radio, televisión, son demoledoras y nos repiten “ no hay alternativa”, “este es el único camino”, “si no hacemos estos recortes la cosa será peor”, nos meten miedo, nos quieren inmovilizar para dejarnos sin nada.

“En el año 2011, el índice de pobreza y exclusión para España ha subido 1,5 puntos porcentuales y alcanza al 27 % del total de la población. Esto supone un aumento de 751.071 personas que, sumadas a las anteriores, totalizan 12.741.434 personas en riesgo de pobreza y exclusión en España”.

Cuando veíamos que estas cosas sucedían en África, la India, Sur América, no nos dábamos cuenta que a ellos les pasaba para que nosotros, los de occidente, viviéramos con todas las comodidades.

No teníamos conciencia que para disfrutar de móviles de alta generación, o tecnología punta, gasolina y coches, era necesario extraer estos productos de minas o yacimientos donde trabajaban no sólo con sueldos de hambre, sino también niños.

Para que las acciones de los bancos dieran beneficios sustanciosos a sus accionistas, se implicaban en la venta de armas, de drogas… y luego nos motivaban para que adoptásemos o apadrinásemos en aquellos países, a niños cuyas necesidades ellos provocaban; que contribuyéramos a quitar el hambre, que su insolidaridad creaba.

Pero ahora nos llega a nosotros, empezamos a sufrir esta situación que más de la mitad de los habitantes de este planeta lo viven como cosa natural. Y estamos angustiados, desesperados.

Empezamos a tomar conciencia: “esto no es una crisis, es un atraco”; las grandes finanzas son las causantes, y son los bancos los que reciben toda la ayuda del Banco Central Europeo; dinero del pueblo pero que se quedan con ella sin crear puestos de trabajo.

Los medios de comunicación social están controlados por ese poder financiero. Cierran periódicos, echan a locutores, detienen periodistas (ahora van tras Jordi Évole del programa “Salvados”), y no sólo en lo civil, en lo eclesiástico igual, eliminan a teólogos de fama internacional porque no se someten a ser los voceros suyos, sino porque estos quieren ser fieles a su conciencia y al Evangelio de Jesús de Nazaret. Los tertulianos en TV o radio, no debaten, sólo reafirman lo que les mandan decir. Quieren conseguir que nos creamos que nada se puede hacer, someternos como ovejas que llevan al matadero.

Por otro lado la realidad del día a día nos grita lo contrario. Manifestaciones de protesta contra los recortes de todas clases, para los trabajadores y los menos favorecidos de esta sociedad, porque para los económicamente situados se están forrando.

En la calle manifestaciones en defensa de la Salud Pública : médicos, enfermos, auxiliares enfermería, celadores, limpiadoras; otros en la calle en defensa de Educación Pública padres de alumnos, alumnos; los estudiantes de Universidad dando clases en las plazas de Madrid; también protestan los magistrados, jueces y abogados; los desahuciados de casas por las hipotecas de los bancos que están consiguiendo que haya “casas sin gente y gente sin casa”; los engañados (robados) con las acciones preferentes; los funcionarios, los bomberos, policías… Pero, siguen exigiendo cada vez más a los que menos tienen.

“El 1% de la humanidad (Stigliz), somete al 99%.de la población. Su revolución no necesita armas, le basta con mantener la hegemonía neoliberal en los medios de comunicación, y mantener fuera del imaginario popular cualquier proyecto de sociedad alternativa. Un gran sector de la sociedad asiste pasivo a la actual revolución del capital internacional, resignándose a una supuesta crisis inocente e inevitable.“

 

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