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CARABANCHEL: ¿Es actual hablar de la conversión hoy?

Conversión es cambio, cambio radical que los cristianos lo entendemos hacia Dios. Vivimos en un mundo donde los ídolos de muerte exigen víctimas, el sistema neoliberal muestra sus consecuencias inhumanas y crueles, el poder se busca a toda costa, caiga quien caiga, el dinero es lo que manda, los que no lo tienen son excluidos, vilipendiados, exterminados, la imagen es lo que se valora, no importa la honradez, la verdad, la persona.

Domina la tiranía de los mercados, los obreros están perdiendo los derechos conseguidos con sangre, sudor y lágrimas, nos hacen vivir como esclavos, los sueldos no dan para vivir. Los pobres no cuentan y son explotados. Desfalcos, grupos de poderosos manejando el mundo y las finanzas, empobreciendo a millones de personas, creando crisis, enriqueciéndose a costa de empobrecer a otros.  Matrimonios rotos, sin amor, sin respeto, con violencia, familias estafadas, desahuciadas, exiliadas por el hambre y las guerras, masacradas, manipuladas, desechas, machacadas. Niños obligados a prostituirse, a trabajar 20 horas diarias por sueldos miserables al igual que muchos adultos, a ser soldados y matar. Jóvenes sin futuro, sin trabajo, sin estudios, sin valores, sin alegría de vivir, explotados, engañados, manipulados y embrutecidos, etc…

Cristianos que colaboramos con este sistema, iglesia que sigue al mundo y lo adora, pues somos mundo y caemos en la tentación.

¿No necesita todo esto un cambio, un cambio radical, una conversión? El Reino de Dios es como la levadura en la masa, es como un grano de mostaza.

Jesús también tuvo que vivir en un mundo de abusos, de lucha de clases, de dominación, de falsedad de la propia religión, de poder y de violencia, empobrecido, perseguido, crucificado. En esa realidad supo ver, como Job al verdadero Dios, a un Dios Padre que ama a sus hijos, al mundo, supo descubrir cuál era su voluntad salvadora sobre el mundo en una estrecha relación y confianza hacia Él y anunciar que el Reino de Dios, opuesto al reino del mal, es posible. Decía: “convertíos y creed en la buena noticia”. Anunciaba el Reino de Dios no con palabras sino con palabras y hechos: “Los ciegos ven, los cojos andan, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia”.

¿Cómo lo vivo en mi ambiente?

Hoy, una chica joven, unos 16 años, tras preguntarle por el metro, me ha acompañado amablemente y dado conversación. Unos padres de Entrevías, barrio de Madrid, cuidan de los nietos y de los hijos en paro. Unas personas anónimas ayudan a sostener pisos en Madrid, de gente que sale de la cárcel, sin papeles, sin trabajo, sin dinero, sin patria, sin familia, sin futuro, pero que apuesta por la vida. Algunos que han salido de la cárcel se ayudan, se amparan, trabajan. Sigue habiendo gente que brinda su tiempo y su dinero gratuitamente en asociaciones, en parroquias, en mundos de dolor, en países en conflicto o que viven en la miseria económica, es algo loable, pero más lo es todavía aquellos que como los movimientos de la acción católica se preguntan por las causas para plantearse qué se puede ir haciendo, pues es muy fácil darse golpes de pecho y luego seguir con la rutina, dejar que las cosas sigan como están y sentirnos cristianos, seguidores de Jesús de Nazaret.

Yo creo que Él nos invita a descubrir el tesoro de la vida cristiana que quizás exige vender todo para comprar el campo donde está escondido. Creo que nos invita a contemplar con Él el amor de un Dios Padre que quiere a sus hijos, que quiere su salvación, su felicidad y que nos ha llamado a seguirle, a dejarnos guiar por el Espíritu para hacer todo nuevo y ser hombres nuevos llevando una vida nueva según el Espíritu, hecha de pequeños detalles, en el día a día, con la gente de todos los días, en la rutina de cada día, pero dejando crecer los brotes del Reino y viviendo las actitudes de Jesús en especial las bienaventuranzas.

Ángel Igualada. Madrid

 

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