Mi día a día

Hace unos días cuando bajaba con mi madre y mi hermana de la casa de los pastores del pueblo, que esta a unos 500 metros a las afueras del pueblo de felicitar a Yamila la hija mayor que cumplía 15 años, esta tiene dos hermanos Mohamed y Wafa, toda la familia nos recibieron muy contentos y con dulces típicos hechos por ellos; me di cuenta de que hace muchos años que comparto mi vida con personas de religión musulmana; esta familia que os comento esta muy sola y le cuesta integrarse por la distancia tanto física como de culturas que existe y otros motivos como por ejemplo que Aisa, la madre, no domina el idioma, aunque cada vez que baja al pueblo siempre pasa por casa de mis padres y departe un ratito con mi madre al amor de la estufa.

Mohamed, que es el más abierto, es el encargado de bajar a por las cosas que necesita su familia (huevos, medicamentos, cortarle el pelo...). Con lo cual se ha creado una relación muy estrecha de cariño entre todos nosotros.

A parte de esto, desde hace 20 años trabajo en un centro en el que todos los chicos son marroquíes adolescentes que han venido de aquella manera, con mucho esfuerzo y ganas de aprender un oficio aunque algunos han trabajado desde muy pequeños.

Vienen con ganas de conseguir trabajo aunque ahora están descorazonados por la falta de futuro, por lo que algunos lo intentan marchándose al norte de Europa. La verdad es que admiro como se desenvuelven adaptándose al medio y en definitiva buscando su sitio en el mundo. Algunos de ellos son "chavales de la calle", que lo tienen todo perdido, con temas de disolvente, robos y muy violentos; tal vez no han conocido otra vida. Poco a poco con cariño y perseverancia vamos teniendo una relación de cierta confianza con alguno de ellos, o simplemente una sonrisa, una mirada cálida o un preguntar "¿Cómo estás?".

Ese es mi día a día, intentando seguir los pasos del hermano Carlos y Jesús.

Visi. Madrid

 

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