NUESTRO HERMANO JESÚS ARIAS

 

Hemos enterrado su cuerpo en Almaciles, su población natal, el primer pueblo de Granada saliendo del Noroeste murciano, donde vio la luz hace 79 años. Este año celebraba sus Bodas de Oro como sacerdote.

La eucaristía, presidida por el obispo Juan Antonio REIG, acompañado por muchos sacerdotes, su familia, gente de las parroquias a las cuales sirvió, su pueblo de Almaciles, personas sencillas, las hermanitas de los Ancianos Desamparados de Caravaca, en cuya residencia ha sido la alegría de todos en esta última época de su vida aquí, nos ha unido celebrando la resurrección y la vida.

Jesús ha vivido pobre y ha muerto pobre. Sonriendo y sintiendo hermano suyo a toda persona que se acercara a él. Un semblante que todos tenemos guardado en el corazón y que aprendimos de él: Jesús transmitía siempre paz, nunca angustia; siempre sosiego, nunca estrés. En su fraternidad hemos tenido el privilegio de quererlo y dejarnos querer por él, de saborear la riqueza de su corazón generoso, de su estilo austero para vivir, de su debilidad por quienes más necesitaban de ayuda, de su familiaridad y de su buen humor constante. Famoso es su santoral que relata, entre otros, santos virtuales tales como San Turrón, patrón de los golosos, San Deces, patrón de los tonticos, etc. En estos momentos los estará saludando personalmente… Escuchar y sonreír con el humor de Jesús era parte de nuestros encuentros de fraternidad. Siempre nos tenía algo preparado, hasta “milagros” en vida, como cuando logró pasar con su viejo Opel Corsa por debajo de la cadena del camino que da acceso a la casa de oración en el monte sin que, hasta ahora, nadie nos expliquemos cómo. Y allí apareció Jesús con su coche estando la cadena echada. Misterios sin resolver…

Jesús no tuvo el brillo de los grandes oradores: él fue un verdadero pastor, que ocupó un lugar entre los últimos, que se conmovió con el dolor y el sufrimiento y se saturó de familia allí donde sirvió como ministro del Señor. Como Carlos de FOUCAULD, evangelizó siendo amigo de la gente, parte de tantas familias a quienes amaba y por quienes era amado, amigo de los pequeños y pequeño entre los amigos. Su corazón que, desde hace dos años, sólo funcionaba en un 10%, tuvo capacidad de bombear y transmitir al 100% la paz, la alegría, la serenidad y la sencillez, fruto de un estilo de Nazaret y de un espíritu orante y contemplativo.

Por eso nos alegramos hoy también con él, porque él es feliz y supo hacernos felices a todos. En el cielo hoy, seguro que hay fiesta.

 

                                               Aurelio SANZ, fraternidad de Murcia

Perín, Cartagena, 7 de abril de 2008