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Ecos de una reunión con el Postulador

El 19 de enero pasado tuvo lugar en París una reunión respecto a la próxima beatifica­ción de Carlos de Foucauld, organizada por Mons. Maurice Bouvier, postulador de la causa del hermano Carlos. Estaban presentes, en particular Claude Rault, nuevo obispo del Sahara, los diversos representantes de la familia (casi todos los grupos existentes en Europa habían enviado a alguien), representantes de los obispos de París, Viviers y Estrasburgo, el abad de Notre Dame des Neiges, varios miembros de las amistades Carlos de Foucauld y varios miembros de la propia familia del hermano Carlos. La segunda parte de la jornada estuvo consagrada a las preparaciones materiales que nos han sido sometidas o pedidas. En una pri­mera parte, tuvo lugar un intercambio sobre “el mensaje o la buena noticia que, por medio de esta beatificación, Carlos de Foucauld aportará no solamente a las Iglesias de Argelia y de Francia concernidas por el acontecimiento, sino también, más ampliamente a las mujeres y hombres de este tiempo”

Esta reflexión se hizo alrededor de tres ejes:

-         La vuelta al Evangelio en imitación de Jesús de Nazaret;

-         Una intensa devoción a la Eucaristía, presencia siempre actual de Jesús entre nosotros;

-         La preocupación por anunciar a los más alejados la felicidad que da la Buena Noticia de salvación

Comunicamos sin orden alguno algo de lo que yo he retenido de este intercambio:

·        Carlos de Foucauld ha sido un hombre en camino a fin de llegar a ser hermano. Él quiso ser hermano de Jesús y hermano de los hombres, “hermano universal”. Pero él se hizo más “universal” tratando de llegar a ser particular, inculturándose, relacionándose con un grupo de hombres y mujeres.

·        Carlos de Foucauld vivió una proximidad con Dios y con los otros: el rostro de Dios se ve a través del de los hombres y de las mujeres. De igual forma, el encuentro con Él se expe­riencia en el de los hombres y las mujeres. Ahí está todo el misterio de la Encarnación, el misterio de la vida de Jesús en Nazaret. Dios en Jesús de Nazaret nos muestra un rostro “amable”, que podemos tocar y amar. Carlos ha querido imitar a Jesús de Nazaret: ¿Qué quiere decir para cada uno de nosotros “imitar a Jesús?

·        Carlos encontró a Jesús de Nazaret en la totalidad de Su vida, desde Belén hasta la Cruz. Él vivió sus debilidades y sus fracasos en unión con Jesús sobre la Cruz: fuerza y vida no a través de la eficacia, sino a través de un rostro de debilidad.

·        Carlos de Foucauld ha sido un caminante y un buscador, él evolucionó en su vida, caminó sin crisparse sobre un proyecto o una idea.

·        El lugar del Islam en su conversión y en su vida.

·        Carlos de Foucauld tuvo después de su conversión una devoción particular a la Eucaristía. Dios se da a nosotros en la humildad de los signos: el pan... Carlos comprendió pronto sus implicaciones. Hay que revalorizar la dimensión eucarística de su vida: su amor por la Eucaristía y su fe en la presencia real, casi físicamente resplandeciente que le llevaron poco a poco a una vida más eucarística. Él se hizo eucaristía por sus hermanos. Él encon­tró al Dios de la Eucaristía en sus hermanos.

·        Él fue realmente misionero, pero de otra manera. Él quiso ser un evangelio vivo. Cada uno al vivir “Nazaret” está en misión. Esta concepción de la evangelización en Carlos tiene que interrogar nuestra manera de evangelizar hoy. Carlos de Foucauld habla de ser misio­nero, pero va a vivir en medio de un pueblo en el que no puede predicar: para él se trata de otra manera de ser misionero, que es lo opuesto al concepto de eficacia del mundo actual.

·        El amor de Carlos de Foucauld, por Dios y por los demás, es un poco una locura y no se declina en términos de eficacia visible y de lógica.

·        Se olvida que él ha sido un sabio que hizo un trabajo notable de comprensión de la lengua y de la cultura tuareg: respeto y amor de la cultura de los otros, humildad en su trabajo in­telectual en la continuidad y la constancia.

·        Carlos ha sido un buscador de la verdad, y esto él es de nuestra época: honestidad de su gestión intelectual.

·        Carlos, como todos nosotros, era un hombre limitado, imperfecto, con sus ambigüedades y sus dificultades; a través de las limitaciones de su persona y en el mundo que era el suyo, él trató de vivir el Evangelio. La santidad no es la perfección. Sus límites son un desafío para nosotros: ¿cómo ir más lejos en nuestro tiempo, en las cosas en las que él no pudo ir más lejos (a nivel de la violencia, de su actitud colonialista...)?

·        Carlos ha sido alguien de Iglesia. Su fidelidad a la Iglesia pasó por la comunidad de la iglesia de San Agustín en París, por su director espiritual, el Abate Huvelin, por su obispo, etc. Respecto a su relación con el abate Huvelin: importancia del “compañerismo”, del acompañamiento mutuo en nuestra marcha de Iglesia.

·        Carlos descubrió la presencia de Jesús en el “pobre”, el “pequeño”. Él quiso vivir un lazo vital y existencial con ellos, en un respeto profundo: el “Cómo” se convirtió en “Con” y también “Por”.

 

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