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Extractos de los escritos del hermano Carlos

EUCARISTÍA

 “Corazón Sagrado de Jesús, gracias por el don eterno de la Sagrada Eucaristía.”

 

Altar y dibujo del hermano Carlos en la capilla de Beni AbbésAltar y dibujo del hermano Carlos en la capilla de Beni Abbés

 

Del P. Huvelin leemos “La Eucaristía es el misterio del don de Dios, donde tenemos que aprender nosotros a dar… La Eucaristía nos enseña el don de nosotros mismos … “ Estas afirmaciones del P. Huvelin, son claves para comprender el lazo que existe, para Carlos de Foucauld, entre la Eucaristía y Nazaret.

 En 1907, Carlos se queda solo y ya no puede celebrar la Eucaristía, ni tampoco conservar el Santo Sacramento durante varios meses. Es entonces cuando va más allá en su descubrimiento del significado de la Eucaristía: la Eucaristía no tiene un fin en sí misma, sino que debe llevarlo a salir al encuentro de los más pequeños de sus hermanos, quienes son también, “su Cuerpo”.

 La Eucaristía no sólo es un culto, se vuelve para él un estilo de vida aprendido y vivido cerca de Jesús que se hizo Eucaristía. Carlos se convierte en una vida entregada a Dios y a los hombres, a semejanza de Jesús.

 

Su gran tesoro, es el Sagrario, la adoración eucarística a la que dedica muchas horas:

“Estoy en la misma paz, paz que se acentúa, que encuentro por la gracia de Dios, delante del Sagrario”.(Carta a la Señora Bondy, 16 septiembre 1891)

 

“Vos estáis ahí, mi Señor Jesús, en la Sagrada Eucaristía... a un metro de mí, en el Sagrario” 

(Retiro Nazaret 1897)

 

Para Carlos de Foucauld, la adoración eucarística es vital al ser humano:

 “Adorar la Sagrada Hostia debería ser el fondo de la vida de todo ser humano.” (Carta a Suzanne Perret, 15 diciembre 1904)

 

Vivir la eucaristía nos compromete con los demás, con los más pobres.

 "...este banquete divino del que me convertí en ministro, era necesario presentarlo no a los hermanos, a los parientes, a los vecinos ricos, sino a los cojos, a los ciegos, a los pobres. A las almas más abandonadas les hacen falta más sacerdotes." (Carta al P. Caron, Beni-Abbés, 8 abril 1905)

 

El Cuerpo del Señor, es también "los más pequeños": Carlos descubre de nuevo una intuición de los primeros tiempos de la Iglesia.

"Creo que no hay ninguna palabra del Evangelio que me haya impresionado tanto y que haya transformado tanto mi vida como ésta: "Todo lo que hacéis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis". Si pensamos que estas palabras son de la Verdad increada, de la boca que dijo "Este es mi cuerpo... ésta es mi sangre... ", con qué fuerza seremos llevados a amar a Jesús en estos "pequeños", estos pecadores, estos pobres, aportando todos los medios materiales para aliviar sus miserias temporales”. (Carta a Louis Massignon, 1 agosto 1916)

 

Acoger a un hermano, sea quien sea, es acoger al mismo Jesús, a su cuerpo mismo:

“Mt 10,4: ‘Quien a vosotros acoge, a Mí me acoge’. Acoger al prójimo es acoger a un miembro de Jesús, una parte del cuerpo de Jesús, una parte de Jesús: todo lo que hacemos o decimos al prójimo es Jesús quien lo oye y recibe: es a Él a quien se lo decimos o hacemos...” (Meditación de los Evangelios, Nazaret 1898)

 

En la adoración Eucarística Carlos de Foucauld entiende que él puede y debe ser eucaristía, don de sí mismo para cuantos le rodean:

“Es inclinándonos hacia nuestro prójimo como nos podemos elevar hacia Dios”. (Carta al P. Caron, Beni-Abbés, 8 abril 1905)

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