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Hacerse pequeño para hacerse hermano

Carlos vive la pobreza y la humildad como Jesús en Nazaret y como uno de tantos.

Pintura de Bernadette LopezPintura de Bernadette Lopez

Carlos buscó, como Jesús, el último lugar, dejó honores, vanidad, dinero, placeres para hacerse pequeño y compartir la vida con los diferentes, con los musulmanes más abandonados de Argelia. Se humilló y descendió, como Jesús.

Fue a vivir con ellos y como ellos, los vio como hijos de Dios, a quienes Dios quería, se acercó a ellos como hermano. Quiso ayudarles, pero Dios le hizo sentir esta hermandad al ser ellos quienes le ayudaron y le salvaron varias veces cuando estuvo en peligro: durante su viaje por Marruecos y cuando estuvo gravemente enfermo. Ahí les sintió más hermanos.

 

Caminar juntos, de verdad... sabiendo no sólo dar sino también recibir

"Nos gusta dar; no nos gusta nada dejar entrever nuestras necesidades; no aceptamos tan fácilmente recibir. Lo que deseamos hacer a los otros (mostrar que somos su hermano viniendo en su ayuda, acogiéndolo, valorizándolo, haciéndonos su prójimo), no les permitimos que lo hagan con nosotros. ¡Caminar juntos, de verdad, sin ocultar nuestros límites y nuestras necesidades, con nuestras pequeñeces y nuestras grandezas, quizás sea darles la posibilidad de considerarnos sus hermanos dándonos, simplemente, lo que nos falta!"

Marc Hayet, La Mística de Nazaret

 

Saber recibir del otroSaber recibir del otro

Un lugar que carece de poder, preñado de una fuerza inaudita

Los relatos de los evangelios están atravesados por la certeza de que lo pequeño alberga fecundidad y fuerza transformadora; de ell dan buena cuenta las imágenes del grano de trigo y el puñado de levadura, la exhortación a hacerse como niños o la advertencia de que conviene esperar al momento de la siega para separar el trigo de la cizañoa. Lo que Jesús desecubre en Nazaret no es que el mundo hay que dejarlo com está, sino que el reino crece desde abajo. Este lugar sociológico llamado "abajo", precisamente porque carece de poder, está preñado de una fuerza inaudita; es la fuerza del Espíritu de Dios, que impulsa a liberar a los cautivos y a dar la vista a los ciegos dejando que ellos mismos, abiertos a la acción de Dios, sean protagonistas de sus procesos.

El contenido liberador de la vida pública de Jesús se va fraguando pues, en el anonimato de Nazaret. Por el mero hecho de que Jesús ha asumido la insignificancia de los pobre, el misterio de su vida oculta posee la virtualidad de alentar el caminar diario de aquellos que no cuentan para nadie. Pero, además, el mensaje de Jesús es una llamada permanente a descubrir las posibilidades de cambio que permanecen vivas en cada persona y en cada colectivo, a pesar de todos los expolios que puedan haber padecido con anterioridad.(...)

Margarita Saldaña Mostajo "Rutina habitada - VIda oculta de Jesús y cotidianidad creyente"

 

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