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Extractos de los escritos del hermano Carlos

GRITAR EL EVANGELIO CON LA VIDA - Textos más amplios

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Manuscrito del Evangelio traducido al idioma de los Tuaregs por Carlos de FoucauldManuscrito del Evangelio traducido al idioma de los Tuaregs por Carlos de Foucauld

 

En esta meditación sobre la visita de María embarazada a su prima Isabel, Carlos de Foucauld pone en boca de Jesús la misión de presencia silenciosa entre los demás...

“Apenas encarnado, yo inspiro a mi madre que me lleve a la casa donde va a nacer Juan, a fin de santificarla antes de su nacimiento (…) Incluso antes de nacer trabajo en esta obra, en la santificación de los hombres, y animo a mi madre a trabajar en ella conmigo. No es solamente a ella a quien animo a trabajar, a santificar a los demás (…), es a todas la almas a quienes me doy.(…) Les digo: “ Santificad las almas, llevándome entre ellas en silencio.” (…) Trabajad como mi madre, sin palabras, en silencio, id a establecer vuestros piadosos retiros en medio de aquellos que me ignoran; llevadme entre ellos y, estableciendo un altar, un tabernáculo, llevadles el Evangelio, no predicándolo de boca, sino con el ejemplo, no anunciándolo, pero sí viviéndolo. Santificad al mundo, llevadme al mundo, almas piadosas, almas escondidas y silenciosas, como María me llevó a Juan.”

(Retiro en Efrén, marzo 1898)

 

En cualquier género de vocación, nuestra vida debe gritar el Evangelio:

“Toda nuestra vida, por muda que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, debe ser una predicación del Evangelio por el ejemplo: toda nuestra existencia, todo nuestro ser, debe gritar el Evangelio, sobre los tejados, toda nuestra persona debe respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida debe gritar que nosotros somos de Jesús, debe presentar la imagen de la vida evangélica; todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, un perfume de Jesús, algo que grita a Jesús, que hace ver a Jesús, que brilla como una imagen de Jesús”.

(Meditación de los Evangelios, Nazaret, 1898)

 

Todo cristiano debe ser un apóstol

“Todo cristiano debe ser apóstol: no es un consejo, es un mandamiento, el mandamiento de la caridad. Ser apóstol, ¿por qué medios? Por los que sean mejores, teniendo en cuenta a quien nos dirigimos; con todos los que están en contacto con nosotros, sin excepción, por la bondad, el cariño, el afecto fraterno, el ejemplo de la virtud, la humildad y la mansedumbre siempre atractivas y tan cristianas; con algunos, sin decirles nunca una palabra de Dios ni de la religión, teniendo paciencia como la tiene Dios, siendo buenos como Dios es bueno, amando, tiernos y rezando; con otros, hablando de Dios en la medida en que lo pueden aceptar. Sobre todo, ver en todo ser humano un hermano”

(Carta a Luis Massignon, 1 agosto 1916)

 

El ejemplo es la única “lectura” de evangelio que pueden hacer las personas alejadas de Jesús

“Por su ejemplo los hermanos y hermanas deben ser una predicación viva. Cada uno de ellos debe ser un modelo de vida evangélica. Viéndolos se debe ver lo que es la vida cristiana, lo que es la religión cristiana, lo que es el Evangelio, lo que es Jesús. Deben ser un evangelio viviente para las personas alejadas de Jesús, y especialmente los infieles, deben conocer sin libros y sin palabras, el Evangelio al ver su vida. … El ejemplo es la única actividad exterior por la que pueden actuar sobre las almas totalmente rebeldes a Jesús…, sobre éstos no hay más acción que el ejemplo; pero esta acción es tanto más fuerte cuanto que no suscita ninguna desconfianza, pues queda descartada toda apariencia de engaño o de seducción”.

(Directorio, 1913, Art. XXVIII)

 

Carlos espera provocar con su ejemplo, la pregunta de cuál será su religión:

“Mi apostolado debe ser el apostolado de la bondad. Viéndome, deben decirse: "Ya que este hombre es tan bueno, su religión debe ser buena. Y si me preguntan por qué soy manso y bueno, debo decir: porque soy el servidor de alguien que es más bueno que yo. Si supieran qué bueno es mi maestro Jesús... Yo querría ser bastante bueno para que se diga: Si así es el servidor, ¿cómo debe ser el Maestro? Esforzarme por dejar un buen recuerdo en el ánimo de todos los que se acerquen a mí”

(Diario 1909)

 

Pero evangelizamos en la medida que dejamos a Jesús vivir en nosotros:

“Jesús nos dice: “Id, anunciad el Evangelio a toda criatura”. También nosotros “lo podemos todo en aquel que nos conforta”. Él ha vencido al mundo… como Él siempre triunfaremos en realidad, en la medida de nuestra fidelidad a la gracia, en la medida en que le dejemos vivir en nosotros y actuar en nosotros y por medio de nosotros…. Volvamos al Evangelio. Si no vivimos el Evangelio, Jesús no vive en nosotros. Volvamos a la pobreza, a la sencillez cristiana… El peligro está en nosotros y no en ellos que no pueden proporcionarnos más que victorias. El daño sólo podemos recibirlo de nosotros mismos. Volver al Evangelio es el remedio”.

(Carta al P. Caron, 30 junio 1909)

 

Evangelizamos por todo lo que somos y por la bondad.

“Es la evangelización no por la palabra, sino por la presencia del Santísimo Sacramento, la ofrenda del divino sacrificio, la oración, la penitencia, la práctica de las virtudes evangélicas, la caridad, una caridad fraternal y universal, compartiendo hasta el último bocado de pan con cualquier pobre, con cualquier huésped, con cualquier desconocido que se presente, y recibiendo a cualquier ser humano como a un hermano bienamado”.

(Carta a Henry de Castries, 23 de junio 1901)

 

 

Acojamos con la ternura de una madre, infinitamente delicados, en las más minuciosas atenciones:

“Seamos infinitamente delicados en nuestra caridad: no nos limitemos a los grandes servicios, tengamos esa delicadeza que llega a los detalles y sabe con pequeñas cosas poner bálsamo en los corazones “Dadle de comer" dice Jesús. Con los que están cerca de nosotros, entremos incluso en pequeños detalles de salud, de consuelo, de oraciones, de necesidades: consolemos, aliviemos con las más minuciosas atenciones: para los que Dios pone cerca de nosotros, tengamos la ternura y delicadeza de las pequeñas atenciones que tendrían entre sí unos hermanos cariñosos, y la ternura de las madres para con sus hijos para consolar cuanto sea posible a los que nos rodean y ser para ellos un agente de consuelo y un bálsamo, como lo fue siempre Nuestro Señor para todos los que se le acercaron”.

(Meditación de los Evangelios, Nazaret 1898)

 

Evangelizar valorando al otro y a su cultura.

“No se puede hacer nada mejor para la salvación de las almas (que es nuestra vida aquí abajo, como fue la vida de Jesús Salvador) que llevar a tantas almas como sea posible la semilla de la divina doctrina -no predicando, sino conversando- y, sobre todo, ir a preparar, empezar la evangelización de los Tuareg, estableciéndome entre ellos, aprendiendo su lengua, (…) poniéndome en relación lo más amistosamente posible con ellos”.

(Carta a Mr. Guérin, 29 julio 1903)

 

 En los misioneros seglares Carlos ve un extraordinario testimonio cristiano:

“Una de las cosas más útiles para la conversión de los infieles de las colonias es el establecimiento en ellas de numerosas familias, cristianas de verdad, que tengan la voluntad de hacer, sin dejar su trabajo cotidiano, el oficio de misioneros seglares, como Priscila y Aquila, fabricando tiendas, trabajaban con San Pablo en la conversión de los paganos. ¡Qué bendición para las colonias que los Priscila y Aquila vayan a establecerse allí! Muchos se instalan para obtener un progreso material. ¿No habrá quienes lo hagan para el bien espiritual de las almas, para la conversión de sus hermanos, con la certeza de encontrar su propia santificación en una obra tan santa y compartir la corona de Priscila y Aquila?”.

(Directorio 1913, Art. XXXVIII)

 

Carlos está consciente de que el estilo de Nazaret, vivido por los laicos, puede ser de gran fecundidad misionera.

“He puesto sobre el papel… un proyecto de asociación católica, con el triple objetivo de reconducir a los cristianos a una vida acorde con el evangelio presentándoles como modelo a Aquel que es el modelo único; de acrecentar en ellos el amor a la sagrada Eucaristía, que es el bien infinito y nuestro todo; y de provocar en ellos (…) el cumplimiento del estricto deber que tiene todo país cristiano de dar educación cristiana a sus colonias. (…) Procurando que se establezcan entre ellos (…) algunos buenos cristianos de toda condición: como cultivadores, colonos, comerciantes, artesanos, etc., destinados a ser un apoyo precioso para los misioneros, atrayendo con su ejemplo, su bondad, su contacto, a los infieles a la fe. (…) Esta asociación (…), cristianos buenos, viviendo en el mundo, una especie de misioneros seglares (…)

Pueden hacer por ellos más que los sacerdotes, religiosos y religiosas. Pueden entrar en relación, mejor que ellos, ligarse con ellos en amistad, mezclarse con ellos, tomar contacto, ganar su confianza, su afecto, su amistad familiar; de modo que los misioneros encuentren terreno preparado, almas bien dispuestas, que acudan a ellos por propia iniciativa, o a las que puedan acercarse sin obstáculos…”.

(Carta al P. Caron, 11 marzo 1909)

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